Horizontum | FINANZAS Y CULTURA
Travesía de ocho siglos de la Ciudad de México en el Arte Travesía de ocho siglos de la Ciudad de México en el Arte
Todo pueblo o civilización deja constancia de su historia a través de diferentes manifestaciones materiales y espirituales, todas ellas conservando cierta memoria Travesía de ocho siglos de la Ciudad de México en el Arte

Todo pueblo o civilización deja constancia de su historia a través de diferentes manifestaciones materiales y espirituales, todas ellas conservando cierta memoria colectiva que brinda identidad a su sociedad. Así ha sido en toda cultura, en mayor medida respecto a las grandes culturas originarias, tal es el caso del mundo prehispánico, que abarcó gran parte de la geografía de América. El caso de México es el mayor fenómeno de esta naturaleza y siempre sorprende la cosmovisión y teogonía de sus culturas ancestrales.

La exposición temporal, “La Ciudad de México en el arte. Travesía de ocho siglos”, que estará hasta el 1 de abril en el Museo de la Ciudad de México está compuesta por seis salas y da testimonio, a través de esculturas, pinturas sacras, litografías, fotografías, caricaturas, vídeos, instalaciones, muestras arqueológicas, antropológicas y hemerográficas de la Historia de México. La exposición tiene una intención cronológica y empieza con la Sala 1, Arte prehispánico: siglos XIII-XV. Los Mexica, genio y grandeza indígena. El espectador entra a esta sala y lo primero que hallará es la “Lápida conmemorativa de Templo Mayor”, que data alrededor del año 1487. No solo es el encuentro frente al pasado, sino el hallazgo de la mitología mexica y el recorrido que fue necesario, mediante los diferentes acontecimientos prehispánicos, para la fundación del México-Tenochtitlán. Parte de esto corresponde al Códice Boturini cuyo contenido predice y testimonia el mito originario del águila y la serpiente sobre el nopal. Alrededor de la vitrina se muestran otros elementos materiales de la cultura que permiten comprender la ocupación de la Cuenca de México y su expansión entre guerras y asociaciones entre las civilizaciones existentes.

Después, con la Conquista, la Sala II. Arte virreinal, siglos XVI-XVIII, presenta a la Ciudad de México en su emporio de las artes, principalmente de índole religiosa, la importancia del catolicismo para la evangelización y el desarrollo del poder Monárquico en la Nueva España. Principalmente figuran obras pictóricas de autores desconocidos; dichas pinturas constituyen un sincretismo entre España y México-Tenochtitlán, los vasos comunicantes entre la lengua, la religión, la cultura y el cambio revulsivo de las tradiciones prehispánicas para el desarrollo del arte novohispano. Un ejemplo de esto sería la obra en forma de tríptico, “El pecado original. La Creación de Eva. La expulsión del paraíso”, del siglo XV de autor desconocido contrasta su influencia renacentista en un territorio en proceso de secularización y trasplantación de valores éticos, religiosos y espirituales. Ciertamente, parte de esta muestra, en su mayoría, al óleo representaba cierto control mental y el terror entre los habitantes de la época.

La Sala III, “Arte del siglo XIX” es el tránsito de una cultura ya híbrida cuyos rasgos culturales, tanto de España como de México-Tenochtitlán, se había solidificado, no obstante, es el momento histórico de la lucha por independizarse del dominio español. Esto provocó, el público puede darse cuenta de ello en los documentos expuestos, otra influencia europea, principalmente las ideas del liberalismo inglés y francés mismas que sugerían la importancia de la razón como sueño de soberanía. Esta sala contiene, en su mayoría, obra pictórica que refleja la vida diaria de la clase criolla aunque la mezcla de las distintas razas eran muchas. Por otra parte, la incorporación de la imprenta transformaría a la ciudad de México a causa de la proliferación de la prensa como dispositivo para difundir la sátira política, la propaganda ideológica, así como la caricatura la cual tendría su continuidad en el siguiente siglo, el XX siendo la figura más representativa el grabado de José Guadalupe Posada. En contraste, también es el desarrollo de un arte, por demás, de ruptura, y de quiebre con los valores morales de la burguesía. Un caso alrededor de este fenómeno sería la obra litográfica de Julios Ruelas cuya influencia de la estética maldita de Charles Baudelaire es notable. La exposición también opera para rescatar a artistas que posiblemente la historia sigue siendo injusta y que debieran ser valorados y rescatados para la resignificación estética de nuestro presente.

Dado lo anterior, en la “Sala IV. Arte de los siglos XX y XXI”, se manifiesta en mayor medida la tradición de la ruptura, término incorporado y acuñado por Octavio Paz, pero que la crítica francesa de las vanguardias históricas ya había inventado. Sobre este caso particular, la utopía como ideal de vida se abandona mediante cierta crisis existencial a favor de la modernización de otros valores como el progreso y la vida en la ciudad. En esta sala se exponen cuadros cuyo tema central es justo la ciudad de México y su evolución por medio de la electrificación, la ampliación de las vías automovilísticas, el cableado en las calles y la importancia del progreso en la vida diario. Junto a esto también surge un interés sólido por cierto ideal revolucionario en la prensa, inclusive el arte da testimonio de esto, pues el cuadro de Inda Sáenz, “Nuevo paisaje zapatista” que, por cierto es muy semejante a otra obra, abajo el mismo tópico, de Diego Rivera.

Finalmente, “  La sala de la Cartografía” en donde la ciudad de México es vista a través de los distintos escenarios en los cuales la sociedad misma se transforma en los niveles de axiológicos, culturales, políticos, sociales y de vida. En medio de este tránsito es importante señalar el ideal positivista de Orden y Progreso que le daría forma a la política mexicana influyente todavía hasta nuestros días.

El público puede visitar esta exposición y la varia oferta cultural en el Museo de la Ciudad de México ubicado en la calle José María Pino Suárez 30, Centro Histórico en un horario de martes a domingo, de 10 a 18 horas, con una entrada general de $30 y los miércoles entrada libre.

Te puede Interesar:

Fernando Salazar Torres

Fernando Salazar Torres

(Ciudad de México, 1983). Poeta, ensayista y gestor cultural. Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa (UAM-I), también obtuvo el grado de Maestría en Humanidades (UAM-I). Ha publicado el poemario Sueños de cadáver (El golem editores, 2010) y Visiones de otro reino (El golem editores, 2015). Su poesía y ensayos se han publicado en distintas gacetas y revistas literarias impresas y electrónicas. Coordina las mesas críticas sobre literatura mexicana, “Crítica y Pensamiento sobre poesía y narrativa en México”. Dirige un Taller Literario. Colabora en la revista literaria Letralia. Tierra de Letras con la sección “Voces actuales de México”.