Sunú, defensa y memoria del maíz mexicano Sunú, defensa y memoria del maíz mexicano
4.5
Para Teresa Camou la Sierra Tarahumara fue la inspiración para realizar su ópera prima como documentalista. Durante 12 años deambuló por cada rincón de... Sunú, defensa y memoria del maíz mexicano

Para Teresa Camou la Sierra Tarahumara fue la inspiración para realizar su ópera prima como documentalista. Durante 12 años deambuló por cada rincón de esa abrupta geografía del estado de Chihuahua, con títeres de cartón y miles de sueños en la cabeza.

De sus días como juglar, surgió la idea del documental, ganador del primer premio en el 8vo. Festival Internacional de Cine y Medio Ambiente, Cinema Planeta, y parte de la programación actual del proyecto Ambulante Presenta, que abre una ventana a la exhibición de cine documental, a lo largo de la segunda mitad del año, y atiende al interés de una audiencia que demanda cine de no ficción en cartelera de forma permanente.

Es urgente decir en la ciudad lo que está pasando en el campo mexicano

Sunú es parte del paquete de películas, sin costo alguno, del referido proyecto, conformado por 23 largometrajes y cinco cortometrajes mexicanos, con el cual los organizadores buscan promover un espacio de participación con el público después de la función.

Sunú, defensa y memoria del maíz mexicano

La palabra que da título al documental de Teresa Camou, Sunú, significa maíz en lengua rarámuri, y es un singular viaje a la ruralidad profunda de México. Una mirada a un mundo amenazado, a los herederos de una tradición milenaria y de las semillas que han alimentado también a la cultura mexicana.

A los hombres del maíz intentan extinguirlos, pero ellos se aferran a la tierra y a sus simientes con la misma fuerza con que Teresa Camou expone en sus imágenes la importancia de la biodiversidad y la soberanía alimentaria, como armas de resistencia local contra las transnacionales y sus sistemas de control y dependencia para acosar al trabajador rural.

“El campesino mexicano es el más bondadoso del mundo. Te abre sus puertas y si sólo tiene dos tortillas, te las regala”

La realizadora estudió artes escénicas en la Universidad de Vermont, en Estados Unidos. Con los tarahumaras encontró el lugar ideal para hacer del teatro “un vehículo de transformación social”.

Por esos primeros años, su participación en la compañía Bread and Puppet Theatre, de Peter Schumann, le sirvió de referente para llevar a los jóvenes rarámuris “arte de muy buena calidad con contenido social”.

La inseguridad en la zona y la falta de incentivos económicos trastocaron con el tiempo su proyecto ambulante de títeres, aunque hoy confiesa que también quería hacer algo nuevo.

Sunú, defensa y memoria del maíz mexicano

“Llegó el momento de contar una historia que pudiera llegar a todo el mundo, sobre todo a los que están en la defensa de la tierra y del maíz. Eso me hizo hacer un cambio muy fuerte para decidirme hacer este documental”,  nos alega.

Para Teresa, la escuela de su madre, activista en la asociación civil Consultoría Técnica Comunitaria, en Chihuahua, ha sido esencial para su trabajo como artista. Primero como titiritera y ahora como documentalista.

“Ella ha defendido la tierra de los tarahumaras y la soberanía alimentaria por más de 25 años. Yo tengo esa herencia”, cuenta.

“El maíz no es sólo un alimento, es la comunidad, es la economía, es su espiritualidad”

También Teresa decidió estudiar arte visual para “hacer que la gente entendiera mejor y más positivamente una situación social. A veces salen artículos, que muchos no leen o no entienden, pero si haces una pieza musical, una película o un dibujo pueden entender mucho más. Y yo dije: necesito hacer algo para apoyar un momento tan vital”, refiere sobre sus motivaciones para filmar su película.

Sunú se presentó en los festivales del Nuevo Cine Latinoamericano, en La Habana, Cuba; en el de Documental de la Ciudad de México DOCS DF; en el de Guadalajara; en el Roots Film Festival Azores, Portugal; en el DUHOK Film Festival, en Irak, donde fue nominado como mejor documental foráneo. También se presentó en el Take One Action Film, en Edimburgo, y en Sheffield-Doc, de Inglaterra.

Sunú, defensa y memoria del maíz mexicano

A pesar de su actual trabajo como documentalista, Teresa se considera aún una titiritera. “Esa es mi profesión”, precisa.

Igual rememora los 12 años de su compañía de teatro indígena en la Sierra Tarahumara, con jóvenes desertores de las escuelas.

“Yo iba cada año y trabajaba con esos jóvenes por cuatro meses. Llegaba con pedazos de cartón, pinturas y los enseñaba a construir títeres, y con esos personajes contábamos historias”, recuerda.

“En los primeros años de este si­glo, el maíz ha sido la es­pecie con ma­yor producción en el mun­do y se ha con­vertido en la planta alimenticia más importante, no só­lo de México si­no del planeta”

Por más de una década, fue conociendo lo que pasaba en las comunidades. “Después de 12 años, me di cuenta que el tema que ellos siempre contaban era el del maíz, de lo orgullosos que ellos se sentían de ser agricultores, de conservar las semillas.

“El maíz no es sólo un alimento, es la comunidad, es la economía, es su espiritualidad, y bueno después de 12 años tuve que dejar esa labor, sobre todo por la violencia del narcotráfico en la Sierra Tarahumara”, refiere.

Según la leyenda, el dios Qretzaioóati, después de haber hecho a los primeras hombres con harina de piedra preciosa amasada con la sangre donada por todas los dioses, se transformó en hormiga para descubrir el maíz que estaba oculto en una cueva, y lo donó a las dioses y a las hombres”

De acuerdo con un estudio publicado en la revista de cultura científica de la Facultad de Ciencias de la UNAM,  “…, pocas especies son tan importantes para la humanidad co­mo el maíz. En­tre sus principales ali­men­tos destacan tres es­pe­cies ve­ge­ta­les, maíz, trigo y arroz, las cuales con­tri­bu­yen anual­mente con más de dos mil millones de to­ne­ladas de pro­duc­ción, una cantidad si­milar a la pro­duc­ción de las siguientes 20 especies alimentarias más importantes”.

Sunú, defensa y memoria del maíz mexicano

“En los primeros años de este si­glo, el maíz ha sido la es­pecie con ma­yor producción en el mun­do y se ha con­vertido en la planta alimenticia más importante, no só­lo de México si­no del planeta. Es­te he­cho no es gra­tui­to y deriva di­rec­ta­men­te del po­ten­cial genético com­­pren­dido en esta especie y de nuestra capacidad de ex­traer este potencial”, abunda la investigación.

“El maíz es obra humana y como tal su futuro está en nuestras manos. No es común que las plantas generen una liga emocional como lo hace el maíz, y en Mesoamérica este vínculo es intenso”, concluye el análisis “Maíz, riqueza de México”, de Hugo R. Perales R.

En el Gran libro de la cocina mexicana (http://gravepa.com/granaino/RECETAS/el-gran-libro-de-la-cocina-mexicana-dangeli.pdf), de Alicia Gironella De’Angeli y Jorge De’Angeli, se cuenta que desde “antes de la llegada de los españoles, alrededor del maíz giraba la vida de este pueblo. (…) Según la leyenda, el dios Qretzaioóati, después de haber hecho a los primeros hombres con harina de piedra preciosa amasada con la sangre donada por todos los dioses, se transformó en hormiga para descubrir el maíz que estaba oculto en una cueva, y lo donó a los dioses y a los hombres”.

El referido texto detalla que del maíz nada se pierde. Es el ingrediente estrella de cuánto antojito podamos imaginar: tacos, chilaquiles, sopes, enchiladas, atoles, pozoles, tlacoyos, huaraches, gorditas, tamales, sopas, salsas, quesadillas y un largo etc.

Aunque hoy la cocina mexicana está mezclada con la de otras culturas, todavía alrededor del maíz sigue girando la vida de los nacidos en esta tierra, estén donde estén.

Sunú, defensa y memoria del maíz mexicano

“El maíz y todo lo que engendra está en riesgo de perderse para siempre”

Para Teresa Camou, su documental -en el que participan pequeños, medianos y grandes productores de maíz en México-, “hilvana distintas historias sobre un mundo rural amenazado.  Viaja al corazón de un país donde los pueblos alientan su determinación a seguir siendo libres, a trabajar la tierra y cultivar sus semillas, a vivir su cultura y su espiritualidad en un mundo moderno que no los valora pero, a la vez, los necesita”.

Ella “revela cómo el maíz y todo lo que engendra está en riesgo de perderse para siempre y comparte un tapiz generoso de mensajes sencillos y sentidos para campesinos del mundo y la gente de ciudad que, si no actúa, pronto puede perder la posibilidad de elegir”, aclara.

“Ya no sabemos de dónde proviene nuestra comida. Ya no hay lazos con el productor. Todo está ahí en los supermercados”.

En una junta con sus actores indígenas preguntó una vez cómo se imaginaban dentro de cinco años. “Iba ser muy difícil regresar ahí, y me dijeron: ‘pues trabajando la tierra, sembrando maíz, con nuestros bueyes, con nuestra casa, con nuestra milpa’, y ahí encontré la idea para esta historia”.

A Teresa le resultó urgente decir en la ciudad lo que está pasando en el campo mexicano.“Ya no sabemos de dónde proviene nuestra comida. Ya no hay lazos con el productor. Todo está ahí en los supermercados”.

Sunú, defensa y memoria del maíz mexicano

“Eso me motivó. Cuando empecé a filmar, no sabía lo que iba a tener al final, pero descubrí la pasión de todos por el cultivo del maíz, desde el indígena hasta el industrial”.

Los campesinos se están muriendo con un conocimiento ancestral que nadie está heredando

“Aman la profesión de sembrar y quieren seguir sembrando, la lucha la están haciendo desde su milpa, desde su parcela. Año por año siembran la tierra con sus propias semillas. Para mí fue ver que el campo de México está vivo, pero definitivamente los consumidores tenemos que apoyarlo”.

Teresa considera también que no hay educación hacia la ecología y la agricultura en México, aunque existen buenos proyectos.

Los campesinos se están muriendo con un conocimiento ancestral que nadie está heredando. Esta película se hizo también como apoyo educativo, como una herramienta para la enseñanza nacional.

Entre los muchos recuerdos de la filmación de su documental, durante cinco años, destaca las temporadas que vivió junto a sus protagonistas en distintas regiones del país.

“Los mejores momentos fueron cuando te decían ‘gracias por venirnos a filmar, por tomarnos en cuenta’. El campo está muy solo. El campesino no viaja, trabaja día a día. Yo viví junto a ellos, dormí en sus pisos, me dieron de comer, sembré su tierra. El campesino mexicano es el más bondadoso del mundo. Te abre sus puertas y si sólo tiene dos tortillas, te las regala”.

 

Katia Monteagudo

Katia Monteagudo

Licenciada en Periodismo, de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Especializada en temas políticos, globales, económicos y sociales, y en el uso de técnicas narrativas, investigativas, manejo de las nuevas herramientas digitales para la búsqueda, procesamiento, publicación y distribución online de información, junto a la capacidad de articular comunidades a partir de estrategias comunicativas 2.0. Dominio de procesos de edición de medios impresos, digitales y en el fotoperiodismo.