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Roma, montaje y lenguaje arquitectónico, una experiencia urbana Roma, montaje y lenguaje arquitectónico, una experiencia urbana
“A mí, Roma me gusta mucho. Es como una selva tibia y tranquila donde uno puede esconderse”, confiesa en un arrebato Marcello Rubini Roma, montaje y lenguaje arquitectónico, una experiencia urbana

“A mí, Roma me gusta mucho. Es como una selva tibia y tranquila donde uno puede esconderse”, confiesa en un arrebato Marcello Rubini, el periodista interpretado por el primer actor Marcello Mastroiani, en la cinta La Dolce Vita, dirigida en 1960 por el genial director italiano, el multipremiado Federico Fellini.

Lo es. Una ciudad es una selva tibia, aunque también es un montaje urbano que permite recorridos y recovecos, diurnos o nocturnos, a través de sus rudas o sutiles espesuras. Fellini nos muestra, en su film, a un periodista noctívago y sus andanzas, mitad secretas, mitad alegre o aburridamente públicas, que tienen como escenario los monumentos, palacios, escalinatas y fuentes de Roma. La capital italiana es el pretexto, el paisaje y la escena. La influencia de La dolce vita en la manera de vivir la modernidad fue grande, hasta el punto de que en el año en que se filma la película, hombres de todo el mundo anhelaban el estilo de vida de Mastroiani, un urbano Don Juan, progre y neonómoda. Además, Paparazzo, el personaje amigo del protagonista, quedó inmortalizado en la reconocida expresión paparazzi, ahora universal, que cataloga  a los fotógrafos que andan a la caza de imágenes, de preferencia escandalosas, de las celebridades.

La dolce vita inicia con la imagen de un cristo transportado en helicóptero sobre distintos paisajes romanos. Es curioso porque, en El vientre del arquitecto (1987), años después el director Peter Greenaway logra un montaje similar, aunque más emplazado, reproduciendo el ritmo arquitectónico y la monumentalidad de los edificios de la misma ciudad. Es decir, tenemos dos visiones distintas acerca del mismo lenguaje arquitectónico. Tenemos dos reinterpretaciones cinematográficas de Roma. En el primer caso, en tomas aéreas y recorridos en automóvil, en el segundo, en caminatas, vistas estáticas e interiores esplendorosos. Es decir, Roma, en cualquiera de los dos casos, es en gran medida un escenario citadino. Desde luego, no es casualidad, pues los arquitectos y los pintores que participaron en la creación de edificios y plazas renacentistas, incluyendo a Miguel Ángel, lo hicieron pensando en el efecto de la espectacularidad. Fellini lo sabe, Greenaway lo determina, y Woddy Allen mira hacia el mismo punto cuando filma A Roma con amor, en 2012, con candidez más bien turística. Esta búsqueda de espectacularidad, por ejemplo,  será la misma que en Europa llevará al zar Pedro el grande, en Rusia, a construir su San Petesburgo, a pesar de las críticas del poeta Pushkin.

El cineasta, en gran medida, es un reproductor de visiones urbanas. Juega, eso sí, con el lenguaje metatextual. Presenta, en su narrativa, el montaje acerca del montaje. Es decir, elige el ritmo, los encuadres y los elementos narrativos que describen el ritmo, las proporciones y los paisajes urbanos que arquitectos y urbanistas nos obsequian, aunque lo hace con una intención emosignificativa, estética. De este modo, el cineasta presenta el montaje cinematográfico acerca del montaje arquitectónico. El ciclo metatextual se completa con la reinterpretación que cada espectador hace del montaje del montaje, ejerciendo su representación mental, su montaje imaginario. Espero explicarme.

Hasta tal punto es profunda la reinterpretación de un montaje urbano a través de otro cinematográfico, a través del imaginario que, en el seguimiento de lo intertextual o metatextual, como quiera verse, en Elsa y Fred, de 2014, el director Marcos Carnevale propone, a través del personaje de la “china Zorrilla”, la búsqueda de la aventura urbana vuelta ilusión. El sueño de Elsa es viajar a Roma, sólo para reproducir paso a paso la escena protagonizada por Mastroiani y Anita Ekberg; escena que incluye un gatito, que debe ser blanco. Elsa busca emular la transgresión del espacio, introduciéndose de forma clandestina a la Fontana de Trevi, en la noche y envuelta en un silencio maravilloso. Es una escena poética. Y hace bien, Elsa hace bien, porque lo que los habitantes anhelamos no es otra cosa que la búsqueda de ilusión, en medio del bello imaginario de paisajes, escenarios y sueños urbanos.

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Ulises Paniagua

Ulises Paniagua

Ulises Paniagua (México, 1976). Narrador, poeta, videasta y dramaturgo. Tiene un posgrado en la especialidad de imaginarios literarios. Es autor de una novela: La ira del sapo (2016); así como de cuatro libros de cuentos: Patibulario, cuentos al final del túnel, (2011), Nadie duerme esta noche (2012), Historias de la ruina (2013), y Bitácora del eterno navegante (Abismos, 2015). Su obra incluye cuatro poemarios: Del amor y otras miserias (2009), Guardián de las horas (2012), Nocturno imperio de los proscritos (2013), y Lo tan negro que respira el Universo (2015).