Prins: un viaje sorprendente, descabellado y delirante Prins: un viaje sorprendente, descabellado y delirante
Una insólita invitación a participar en un juego extraordinario “made in Aria”, a viajar por su mente caleidoscópica, siempre impredecible... Prins: un viaje sorprendente, descabellado y delirante

La nueva novela del genio literario argentino César Aira es, de nuevo, una insólita invitación a participar en un juego extraordinario “made in Aria”, a viajar por su mente caleidoscópica, siempre impredecible, de la realidad más terrenal a la metafísica más desconcertante

Un famoso escritor dedicado exclusivamente a escribir novelas góticas decide abandonar definitivamente el oficio. Frustrado y amargado por haber permitido que sus aspiraciones literarias de juven­tud quedaran sepultadas bajo las exigencias del mercado editorial, se ve arrastrado al mundo del opio y los estados alterados de conciencia. En su travesía, cruzará Buenos Aires en el autobús 126 junto a una desconocida llamada Alicia hasta un submundo co­nocido como la Antigüedad, donde se encuentra el dealer que puede proporcionarle la tan ansiada llave que le permita acceder a la nueva Realidad.

Las tramas y elementos propios de la novela gótica convencional aparecerán de forma recu­rrente ante el narrador, obligado a afrontar los mismos dilemas a los que dio forma en sus libros.

Prins: un viaje sorprendente, descabellado y deliranteComo si de un jeroglífico se tratara, la nueva novela de César Aira amaga toda la idiosincrasia de su formidable obra. En este libro magistral, donde incluso el título encierra un mis­terio, no faltan el humor, el ingenio y una mirada irónica hacia el mundo.

 Prins es un viaje sorprendente, descabellado y delirante, repleto de laberintos subterráneos y puertas secretas que podrían formar parte de un legendario y terrorífico edificio gótico inacabado, pero que sin duda forman parte de la mente genial de quien es uno de los grandes autores argentinos de todos los tiempos.

ASÍ COMIENZA “PRINS”:

“Tras una sobria y concienzuda consideración me decidí por el opio. Llenaba todos los requisitos que me había impuesto. Para llegar a él había descartado una innumerable cantidad de ocupaciones, tantas como cosas contiene el mundo, o como palabras contiene el diccionario. Ni yo mismo podía creer que hubiera pasado revista a semejante catálogo. ¿De dónde saqué la energía y la resistencia, yo que creía que las había perdido en el camino? Supongo que lo hice en los términos del esfuerzo final  supremo, sabiendo de antemano que no haría otro en el futuro. Mi inconsciente debió de mandar la orden de anular el miedo a quedar exhausto, tanto como la necesidad de ahorrar fuerzas para un trabajo ulterior.

Esa larga excursión por el mundo de la diversidad me hizo ver qué intercambiable es todo, cómo los seres, hasta los que más se aferran a su ser propio, son potencialmente otros. Yo lo veía con mi sonrisa de hombre altamente civilizado, con la curiosidad del científico aficionado o el filósofo dominical; pero me pregunté qué efecto le habría causado al hombre primitivo.

Con esa pregunta inicié el camino que me llevó al hallazgo. Porque recordé la leyenda del Rey del Opio, que ponía en escena estos pensamientos revistiéndolos de los colores de la fábula y la fantasía. El Rey del Opio no fue ningún rey, sino un acontecimiento, que puso fin a las eras vetustas. Los hombres antiguos se habían desalentado al ver que lo que estaban haciendo, o viendo, o sintiendo, podía ser otra cosa. Es bastante obvio, pero a sus mentes primarias les caía como un mazazo. ¡Por supuesto que todo podía ser otra cosa! No se necesitaba la maduración de los estadios ulteriores para darse cuenta de un hecho tan palmario. Si estaban pintando un bisonte en la pared de la caverna, los asaltaba la intuición fulminante de que podían haber estado pintando un caballo. Si estaba lloviendo, también podría haber estado brillando el sol y el cielo azul. Y así todo. ¿Entonces el mundo y la vida eran una alternativa entre otras, un frívolo juego de permutaciones en el que nada valía más que su acontecer casual? Era como para perder interés. En el abatimiento consiguiente, la humanidad, entonces en su infancia, empezó a envejecer aceleradamente. El nihilismo hizo presa del pitecántropo. Ni siquiera el nacimiento de la arquitectura los animó. La especie iba camino a una extinción prematura, cuando, un minuto antes de su medianoche, descubrieron el opio, lo único sin equivalentes ni remplazos…”

César Aira

César Aira

César Aira nació en Coronel Pringles, Argentina, en 1949. Desde 1967 vive en Buenos Aires, dedicado a la traducción y a la escritura de novelas, ensayos y muchos textos que oscilan entre ambos géneros. Aira es uno de los narradores más radicalmente originales, imaginativos, inteligentes y delirantes. Su obra ha sido publicada profusamente en Argentina, Chile, México y España, y sus novelas han sido traducidas a más de veinte idiomas. En Literatura Random House se han publicado hasta el momento: Ema, la cautiva (1997), Cómo me hice monja (1998), La mendiga (1999), Cumpleaños (2001), El mago (2002), Canto castrato (2003), Las noches de flores (2004), Un episodio en la vida del pintor viajero (2005), Parménides (2006), Las curas milagrosas del Doctor Aira (2007), Las aventuras de Barbaverde (2008), El error (2010), El congreso de literatura (2012), Los fantasmas (2013), El santo (2015), El cerebro musical (2016), Sobre el arte contemporáneo / En La Habana (2016), Evasión y otros ensayos (2017) y Prins (2018). Con la publicación de El santo, Literatura Random House inauguró la Biblioteca César Aira, donde se recuperan algunas de sus mejores obras.

Redacción Horizontum

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