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Paseos por la calle de la amargura y otros rumbos mexicanos Paseos por la calle de la amargura y otros rumbos mexicanos
Con un estilo pulcro e incuestionablemente literario, Guillermo Sheridan se ha encargado de narrar las vicisitudes de la política mexicana Paseos por la calle de la amargura y otros rumbos mexicanos

Con un estilo pulcro e incuestionablemente literario, Guillermo Sheridan se ha encargado de narrar las vicisitudes de la política mexicana, no sólo desde el escenario principal, habitado por la fauna exótica que dirige el destino de nuestra patria, sino también desde la butaca, donde los ciudadanos de a pie sufrimos los estragos de las decisiones y caprichos de la clase dirigente

Desde la honestidad intelectual —muchas veces polémica y a contracorriente del status quo— y gracias a años y años de observación atenta, reflexión metódica y escritura incesante, Sheridan ofrece en su libro Paseos por la calle de la amargura y otros rumbos mexicanos,  un mosaico hilarante y concienzudo del país que habitamos. Dedica la primera parte a fabular la vida civil, en crónicas llenas de una indignación profunda y un sarcasmo tan denso que es casi tangible.

Paseos por la calle de la amargura y otros rumbos mexicanosLa segunda parte está dedicada a algunos de los especímenes infames que han protagonizado los escándalos políticos más sonados de las últimas décadas: Elba Esther Gordillo, Javier Duarte y familia, Carlos Romero Deschamps, por dar algunos ejemplos.

En cuanto a la tercera parte, se centra en la figura de Andrés Manuel López Obrador, el candidato eterno a la presidencia de la república, para cuestionar sus aires mesiánicos. La cuarta parte explora uno de los sucesos que más indignaron a la sociedad civil, y para el cual, como tristemente se acostumbra en este país, no hay respuestas claras: la desaparición de estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014.

Finalmente, el libro reúne una serie de reflexiones en torno de 1968 y la izquierda: retratos de intelectuales, de momentos y tensiones vinculadas con ese momento.

FRAGMENTO:

La temporada electoral es insoportable: es como una epidemia de asco que regresa cada tres años con más y mejores amibas, gérmenes más conspicuos y bacterias más resistentes. Llévelo llévelo, aquí le estamos ofreciendo lo que es el candidato patógeno, la diputada infecciosa, el senador bacterial, el gobernador cancerígeno llévelo llévelo. Y páguelo. Y otórguele fuero. Y enriquézcalo.

Y los miles de millones de pesos que se le entregan del erario, legalmente, para que concurse en el miserable Miss México de demostrar su amor al pueblo. Cosa que hará después de demostrar ya no su amor, sino su pasión por quienes lo patrocinan ilegalmente, esos encumbrados y mandamases que financian las aspiraciones del político con una mano y guardan los pagarés en la otra.

Esa farsa de financiar las campañas de los políticos con dinero público, dizque para que no las financie dinero privado o sucio, combina el sadismo con el insulto a la inteligencia: el dinero secreto igual llega a las campañas y nosotros, los causantes cautivos, servimos sólo para subsidiar a quien lo aporta. Saltándose las leyes, el político juntará dinero con sus proxenetas que, claro está, exigirán de regreso su inversión, multiplicada. Los impuestos de los causantes cautivos que van a dar a la campaña de ese cacomixtle terminan por subsidiar a los proxenetas: ellos recibirán las ganancias cuando el amor al pueblo se convierta en licitaciones; el causante recibirá las excusas.

¿Qué porcentaje de sus afiches, spots, espectaculares, banderines, espantasuegras y maracas, tortas y tacos demócratas sale de mi bolsa? ¿Por qué, oh dioses, tengo que financiar al pequeño pterodáctilo con papada que me promete progreso?

Y la impotencia ante su publicidad revulsiva en la tele, en la radio y en todo lugar. ¿Qué pensará el politiquillo cuando empapela un muro con su rostro? ¿Qué sentirá al mirarse ahí retratado, con el gesto que tanto ensayó para fingirse sincero, y honesto, y trabajador, y con la frente en alto? ¿Qué espera que salga de sus afiches con su amarga catadura de drácula duodenal? ¿Por qué tantos? ¿Tiene derecho a hacerlo? ¿No afrenta algún reglamento ecológico o de civilidad urbana? ¿Paga impuestos por usar espacios públicos con fines personales? ¿Hay proporción demostrada entre la cantidad de afiches y los votos recibidos? ¿De veras creerá que poner tantas veces su cara, con su imbécil lema previsible, modificará seriamente las expectativas de su ambición? (“¡EL FUTURO, LA ESPERANZA, EL DESTINO, LO DERECHO, LO ADELANTE, LO FIRME, LO RECTO, LO ERGUIDO!”). Y es en vano poner la vista hacia adelante, pues ahora han contratado a unos infelices para que muestren su misma foto siniestra pegada a un muro portátil que hacen bailotear entre amagos de microbuses, tragafuegos, saltimbanquis, cilindreros y mendigos.”

Guillermo Sheridan (México, D. F., 27 de agosto de 1950) es un escritor, editorialista y académico mexicano, especialista en poesía mexicana moderna. Doctor en letras por la UNAM, donde es investigador, ha publicado ensayos académicos en revistas de México, España, Francia y Estados Unidos. Es autor de medio centenar de capítulos en libros de autoría colectiva.

Paseos por la calle de la amargura y otros rumbos mexicanosDesde 1980 ha sido comentarista de la vida cotidiana y editorialista sobre asuntos culturales, políticos y universitarios en el suplemento sábado y en los diarios La Jornada y Reforma, así como en las revistas Proceso, Vuelta y Letras Libres, donde tiene una columna mensual desde 1999 y donde también lleva un blog titulado El minutario. Desde mayo de 2009 publica una columna semanal en el diario El Universal.

Ha colaborado con el cineasta Nicolás Echevarría en casi todos sus documentales etnográficos, así como en el guion del largometraje Cabeza de Vaca.

En 1989 recibió el Premio Xavier Villaurrutia de escritores para escritores por Un corazón adicto. La vida de Ramón López Velarde. En 1997 fue invitado por Octavio Paz para dirigir la Fundación Octavio Paz A. C., donde fundó y dirigió la revista Fundación, hasta su renuncia en 2001. Ese mismo año dirigió la Fondation Pavilion du Mexique, en la Ciudad Internacional Universitaria de París, hasta 2004.

Ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua en 2013 y en 2014 recibió el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde. Es autor de Los contemporáneos ayer; Índices de Contemporáneos; México en 1932: la polémica nacionalista; Allá en el campus grande; Diálogos para la reforma de la UNAM ; tres volúmenes sobre la vida y obra de Octavio Paz y prepara el cuarto.

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Redacción Horizontum

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