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El mundo de las series: obscenidad, cultura y dinero (Final) El mundo de las series: obscenidad, cultura y dinero (Final)
Netflix puede presumir con orgullo de ser la plataforma de video predominante en el mundo del streaming, Con más de cien millones de suscriptores... El mundo de las series: obscenidad, cultura y dinero (Final)

Con más de cien millones de suscriptores en 2017, Netflix,  hasta el momento, puede presumir con orgullo de ser la plataforma de video predominante en el mundo del streaming.

Recordemos que la empresa surgió en el año 1997, como una especie de video club online, que se limitaba a enviar DVD por correo a sus clientes, sin penalidades por devolver los videos fuera de la fecha

En pocos años se convirtió en una opción indispensable para los aficionados a las películas y las series de televisión, llevando a la quiebra a empresas como Blockbuster que, hasta entonces, había sido la cadena más grande de servicios de alquiler de videojuegos y películas en Estados Unidos.

Pese a que Netflix continúa a la cabeza de la producción de series, la oferta continúa ampliándose y diversificándose conforme más canales están desarrollando sus propias plataformas de streaming.

Y, justo por eso, en abril pasado, dicha cadena perdió más de 2 mil 500 películas y series de su catálogo. Y más todavía: en los últimos dos años, los analistas  calculan que Netflix ha perdido casi el 30%  de su catálogo, al no lograr renovar las licencias de buena parte del material que tenía en su sistema.

Netflix enfrenta un futuro más complicado, competido y diverso del que podía imaginarse hace un par de años. A la evolución de esta plataforma en una especie de catálogo —y más aún: en un canal productor al estilo de HBO, pero a través de internet— habría que sumarle la llegada de competidores en lo global y en lo regional, como Amazon Prime Video, Blim o incluso YouTube Premium, que ha seguido segmentando su público a través de YouTube Music , YouTube Gaming y YouTube Kids.

Si Netflix planea seguir siendo el líder y referencia global de esta cara de la industria del entretenimiento, deberá ofrecerle al público nuevas y más arriesgadas propuestas

De no hacerlo, corre el riesgo de que el actual liderazgo que tiene en el imaginario colectivo mundial, algún día, pueda quedar en el pasado, tal como le sucedió a las fallidas empresas Hi5 y MySpace, precursoras de Twitter y Facebook, que no supieron custodiar su liderazgo.

De entrada, Facebook ya presentó Watch, su nueva plataforma de videos, en la que se podrá disfrutar de series y programas originales, producidos por esta red social.  Así, la empresa encabezada por Mark Zuckerberg entra al competitivo mercado que actualmente dominan Netflix y YouTube.

Y no son los únicos. Servicios como HBO GO y, más recientemente, Disney —que hace unos días anunció que lanzará su propio servicio de streaming en 2019—, asoman como buenos contrincantes.

En México, el modelo de la televisión tradicional también enfrenta grandes retos motivados por este cambio tecnológico, que ha posibilitado nuevos negocios como los OTT —servicios over the top— y video en streaming

“Se están generando muchas presiones para Televisa y otras empresas sobre cómo adaptar de manera rápida e inteligente los modelos de negocio para no perder participación de mercado”, afirma Danna Paulina Sánchez, experta en tecnología audiovisual y desarrollo multimedia del Instituto Politécnico Nacional.

El mundo de las series: obscenidad, cultura y dinero (Final)

Aunque Televisa ha incursionado en las nuevas plataformas donde se ofrecen series, los expertos insisten que todavía no es suficiente para que el gigante multimedios conserve músculo entre las audiencias, más cuando su OTT Blim ha conseguido apenas 3% del mercado, de acuerdo con la Unidad de Competencia Económica IFT, al tiempo que Netflix y Clarovideo, en México, no dejan de expandirse.

LA MISMA GATA, PERO REVOLCADA

Las series no están dirigidas a un público estoico. Hace tiempo que el público convirtió las series ─que en México solían llamarse telenovelas─ en la metáfora de sus pasiones. Las series han abordado todos los temas: lo bestial, lo mineral, lo astral, lo histórico, lo mental: lo inverosímil.

En entrevista para Horizontum, la crítica de cine Quetzalli Rodríguez, nos dice que “el público, al principio, creyó encontrarlo todo en las series: más gordas que el gordo (el obeso), más violentas que lo violento (el terror), más sensuales que sexo (el porno), más verdaderas que lo verdadero (la simulación), más bellas que lo bello (la moda). Pero eso sólo fue al comienzo.

La multiplicidad de plataformas y soportes para su distribución, el uso de recursos formales y estéticos propios del cine, permitió que la diversidad temática y las estructuras narrativas de las series fueran cada vez más complejas

Pero ya no es así. El público, que no es tonto, ha comenzado a quejarse de que la historia es siempre la misma. Y, en efecto, salvo contadas excepciones ─Twin Peaks, The Leftovers o Veronica Mars─ ya no existe experimentación. La sublevación formal en las series ha quedado muy atrás”.

Las series, más allá de sus trillados argumentos, se concentran en arrastrar al público en el frenesí de la imagen. Vuelven comedia el terrorismo e historia de superación personal el ascenso de un narcotraficante.

Algunos críticos opinan que los temas que se exponen en las series comienzan a ser francamente obscenos. Y aunque lo sean, no cabe asombrarse. El filósofo y sociólogo francés, Gilles Lipovetsky, en su libro La era del vacío, ya explicaba que “si la escena nos seducía, lo obsceno nos fascina”.

 Tampoco quedan muchos temas marginales. Todo ha sido expuesto hasta la náusea. Marx ya denunciaba la obscenidad de la mercancía. Todo se hace obsceno, como diría Lipovetsky

¿Y cuándo exactamente se llega a ese punto? Nos lo aclara otra vez el filósofo francés mencionado: “La obscenidad comienza cuando ya no hay espectáculo ni escena, ni teatro, ni ilusión, cuando todo se hace inmediatamente transparente y visible”.

Últimamente, en las series, ya todo está visto y, por lo mismo, cualquier exceso es convocado en nombre de la espectacularidad. Todo escapa así mismo, todo se ríe de su propia verdad. Protagonistas destructores —Punisher— y heroínas destructoras —Las Aparicio—, se convierten en los personajes preferidos del público.

De acuerdo con Gabriel Fiascci, sociólogo de la Universidad Autónoma Metropolitana: “más que una buena trama o un argumento inteligente, el gran público siempre ha buscado un entretenimiento que le permita evadirse.

Y las series le ofrecen esa posibilidad. Sólo que el placer que ahí encuentran es cada vez más licencioso. O dicho en otros términos: el placer ya no es el de la manifestación escénica o estética, sino el de la fascinación pura, aleatoria y psicotrópica: la promiscuidad del detalle, el aumento del zoom, que todo, absolutamente todo, quede expuesto ante el público”.

Para el especialista Omar Rincón  “las series de televisión son una nueva droga. Producen adicción. Lo hacen creer a uno, como televidente, muy inteligente y perteneciente a la cultura pop.

Esto es así porque las series expresan esa crisis de representación política que habitamos y el éxito de la representación mediática como nueva forma de la política.

Por eso, las series son nuestro mejor relato de época, ahí están todas las claves para crear, pensar, imaginar y comunicar en nuestro tiempo

Más allá de la incipiente producción de series —e incluso más allá de las experiencias audiovisuales, obscenas u emocionantes, según se vea—, que se están ofreciendo en los nuevos ecosistemas tecnológicos, lo cierto es que en las reuniones familiares, en las tertulias entre amigos y en las redes sociales se está hablando apasionadamente sobre la serie del momento.

Todos examinan, todos son analistas avezados: todos comentan las escenas de la última temporada de The Terror, de Legión o de El Chapo. Ya nadie puede negarlo: la serie es un producto cultural que ha sabido inventar —y explotar— a su propio público.

 

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Ricardo Sevilla

Ricardo Sevilla

Ricardo Sevilla (1974) es un tipo contestón y polemista. Maneja un go card y practica el periodismo y la ironía con la pasión de un luchador enmascarado. El retrato literario es uno de sus géneros favoritos. Twitter:  @sevillacritico . facebook: https://www.facebook.com/ricardo.sevilla.524