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Muñeca rusa, la serie que cambia el juego en Netflix Muñeca rusa, la serie que cambia el juego en Netflix
Para los asiduos de Netflix resultará fácil notar que Muñeca rusa presenta un giro trascendental en las producciones seriadas. Muñeca rusa, la serie que cambia el juego en Netflix

El 1ro de febrero se estrenó en Netflix la serie norteamericana Muñeca rusa. Aunque es aún temprano para acuñar aseveraciones sobre su importancia en la historia de la plataforma, para los asiduos resultará fácil notar que Muñeca rusa presenta un giro trascendental en las producciones seriadas. Se trata de una comedia de tipo existencial, cuya primera temporada se augura, además, como única. Tiene 8 capítulos, número que no es suficiente para convertirla en una miniserie, pero que la hace más breve que las habituales.

Cada entrega dura aproximadamente 25 minutos y el final de la octava es definitivo, cierra la historia. Es que a las creadoras de Muñeca rusa evidentemente no les interesa redundar en explicaciones anecdóticas o temporales, sino provocar esa reflexión estética que solo puede producir el arte con su extrañamiento de tintes surrealistas.

Muñeca rusa, la serie que cambia el juego en Netflix

Si Muñeca rusa no se recicla, si sus tres directoras Leslye Headland (4 episodios), Jamie Babbit (3 episodios) y Natasha Lyonne (1 episodio) no cometen el error de intentar traerla otra vez a la vida, entonces la serie estará negando toda ley del mercado y convirtiéndose en un producto estético único.

O sea, solamente a nivel de producción, Muñeca rusa llega para probar que el principio de que menos es más sigue funcionando en el mundo del arte. Las películas de 2 horas y media de duración que se vuelven moda, las temporadas interminables de series que se niegan a morir para estirarse en lamentables productos televisivos que solo tratan de seguir haciendo dinero a costa de sus fanáticos, todo queda bajo la suela de esta genial Muñeca rusa, hilarante, profunda y con un discurso trascendental sobre la vida, un discurso que vuelve a los orígenes del arte.

Muñeca rusa, la serie que cambia el juego en Netflix

Desde El Infierno de Dante, hasta la locura del Quijote y el carnaval conceptualizado por Mijain Bakhtin como espacio donde lo imposible se vuelve posible; desde los romances de Shakespeare hasta la violencia denunciada por Foucault y los espejos de Jorge Luis Borges como multiplicación de laberintos inexplicables, todos los grandes presupuestos del arte contemporáneo aparecen reflejados en esta serie.

Las referencias artísticas oscilan con naturalidad de los clásicos a las series de televisión, la música y otras expresiones de lo popular. Es que el título y construcción dramática de Muñeca rusa funcionan también como lecciones magistrales sobre estructuras narrativas. Lo que podría parecer un lugar común (una historia que se repite en ciclos) retoma en realidad lo más valioso de la tradición oral de occidente. Y no hay nada más novedoso que la tradición, como grita cada cuadro de la serie.

Su escenario es la ciudad de New York. Más que la ciudad, Muñeca rusa retrata la pluralidad armónica de la urbe que se reproduce en un par de esquinas, donde los protagonistas se cruzan, se ignoran y se reencuentran en diferentes ¿momentos? La actriz Natasha Lyonne, además de dirigir un capítulo y escribir parte de la serie, es la protagonista. Su principal trabajo anterior había sido, sin dudas, la Nicky rebelde y sentimental de Orange is the New Black. Ambas características del personaje de Nicky se reproducen en su Nadia Vulvokov. Pero si los dos personajes son esas pelirrojas nostálgicas con tendencia a la autodestrucción, la Nadia de Muñeca rusa se transforma radicalmente a medida que avanza la serie, reta a su supuesto destino y renuncia a la soledad que sus circunstancias le habrían impuesto.

Muñeca rusa, la serie que cambia el juego en Netflix

Lyonne comparte el protagonismo con Charlie Barnet, cuyo personaje de Alan Zaveri ofrece un contrapeso fundamental a la historia. Las enfermedades mentales, las drogas, el suicidio, la soledad, pero sobre todo el amor son los temas principales de esta serie. Y juro que esta línea que he escrito no honra realmente a la forma en que Muñeca rusa trata estos tópicos. No hay nada de panfletario ni metodológico en sus capítulos, nada de aburrido ni hueco.

La serie abraza el extrañamiento freudiano para expresar una historia que es más de amor que de sexo. No se entrega a las explicaciones fortuitas, no abunda en las anécdotas que sirven como estallido a cada capítulo. Y a pesar de toda la confusión temporal que despliega, o precisamente por ella, su final se torna un llamado a la conciliación entre la gente común, a la solidaridad sin prejuicios, a la cercanía del otro que el ritmo de la posmodernidad a veces niega. Muñeca rusa puede cambiar el juego de producciones seriadas en Netflix, como puede cambiar también, digamos, una vida.

Dainerys Machado Vento

Dainerys Machado Vento

Nació en La Habana en 1986, es periodista, editora e investigadora literaria. Tiene una maestría en Literatura Hispanoamericana por el Colegio de San Luis, San Luis Potosí, México y actualmente cursa su Doctorado en Lengua Moderna y Literatura en la Universidad de Miami, Estados Unidos. Recibió el Premio Estatal de Periodismo San Luis Potosí 2016. Trabajos suyos son publicados regularmente en medios estadounidenses y mexicanos, y es la autora del blog letrasqueves.worpress.com, dedicado a temas de actualidad literaria y social.