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Mucho se dice, pero poco probado sobre el poder de los afrodisíacos prehispánicos Mucho se dice, pero poco probado sobre el poder de los afrodisíacos prehispánicos
La gastronomía mexicana no sólo es un referente mundial. Es también un bagaje de historia, delirio y leyendas urbanas. Uno de esos mitos es... Mucho se dice, pero poco probado sobre el poder de los afrodisíacos prehispánicos

La gastronomía mexicana no sólo es un referente mundial. Es también un bagaje de historia, delirio y leyendas urbanas. Uno de esos mitos es su relación primigenia con el erotismo, del que mucho se especula y cuestiona, sin dejar a un lado cierta fascinación y curiosidad.

La historia es de quien la escribe. Es por eso que diversas plumas doctas y estudiosas del arte culinario mexicano se debaten sobre el verdadero poder afrodisíaco que pudieran contener ciertos alimentos, hierbas o bebidas prehispánicas.

Uno de los puntos de vista más escépticos es el de Cristina Barros, autora durante años de la columna “Itacate”, del diario La Jornada, y ganadora del Premio de la Academia Culinaria de Francia en 2018. Ella difería sobre esos “poderes” de la comida en el sexo.

Parte de la bibliografía más cercana al tema es la de la fallecida Noemí Quezada, autora de  Amor y magia amorosa entre los aztecas y Sexualidad y magia en la mujer novohispana, donde aborda el ejercicio sexual en la época precolombina y colonial, pero sin indagar en el ámbito de la cocina, aunque sí en otras prácticas sociales, hoy consideradas mojigatas o machistas.

No obstante, la historiadora italiana, residente en México, Elena Mazzetto, académica de la Universidad Nacional Autónoma de México y doctora por la Universidad de Sorbona de París, posee otra óptica.

Pese a la falta de fuentes documentales fidedignas, la fusión comida-sexo sí se ha intentado explorar con seriedad, asegura.

Se puede decir que hay alimentos que se han asociado con un efecto afrodisíaco. Lo que pasa es que trabajamos con fuentes que están entre dos épocas”

“La época prehispánica, aclara, se estudia a través de documentos redactados por frailes y no es muy fácil de entender hasta qué punto la información es prehispánica o hasta dónde llegó una influencia posterior”.

No en balde, el chile, el vegetal más asociado a la cultura mexicana, tiene una connotación fálica, no sólo por su forma, sino como parte del argot popular

Otra de las grandes polémicas, en torno a la función amatoria, es la del grano del cacao y de las propiedades energéticas que puede contener.

Mucho se dice, pero poco probado sobre el poder de los afrodisíacos prehispánicos

“De los alimentos relacionados contamos con el cacao, que además tiene una historia muy compleja”, dice Mazzetto.

“Hay un testimonio de Bernal Díaz del Castillo que dice que el soberano mexica tomaba chocolate antes de acostarse con sus esposas. El chocolate proporciona mucha energía y para la época prehispánica no hay un texto que nos diga qué tenía. Esto se vino creando después de la conquista, una vez que llegan los evangelizadores. La cosmovisión y en las partes religiosas de España se crea este mito del cacao, que se mostraba como bebida afrodisíaca”, refiere Mazzetto.

Por otro lado, la postura del chef Ricardo Muñoz Zurita, propietario de la cadena de restaurantes “Azul y Oro”, especializada en comida mexicana y autor de libros documentales sobre gastronomía local, es que el chocolate carece de las propiedades que se le atribuyen.

“Fue una bebida de privilegio. El chocolate fue de las grandes élites y estuvo presente en ceremonias y con grandes mandatarios, pero no tanto como para estar relacionado con el sexo, ni tampoco como un estado erótico”

Según su punto de vista, son otras bebidas, como el pulque y la pitarrilla, las que sí tenían funciones más ligadas al placer.

“La pitarrilla, o balché,  y el pulque lo usaban como un enema. Se lo insertaban por el recto y así tenían un efecto más rápido. Ambas bebidas tienen baja graduación de alcohol y tenían que beber mucho para sentirlo. Si llegaba más rápido al intestino sí lo lograban. Esto sí pudo tener una connotación sexual”, abunda en el tema el chef Ricardo Muñoz Zurita.

De esta práctica peculiar revela que la presencia del alcohol no era de índole lúdica, sino que estaba ligada al estado de ánimo, a generar la convivencia con los dioses y el ecosistema.

La escasez de documentación que avale la fórmula comida-erotismo se debe en gran medida a la intervención de los evangelizadores y el afán de imponer y devastar la cultura mesoamericana

No obstante, un atisbo del folclor gastronómico-erótico actual todavía se puede percibir en sitios antiguos y muy singulares como el Mercado de Sonora de la Ciudad de México que aún conserva una esencia étnica.

En algunos pasillos, la venta de brebajes, pócimas, bálsamos, hierbas, incluso artefactos como velas fálicas, muñecos para el amor y el sexo, son recurridos por una clientela ávida de aumentar su atractivo, encontrar o separar amantes o mejorar la potencia sexual masculina.

Mucho se dice, pero poco probado sobre el poder de los afrodisíacos prehispánicos

En los hacinados anaqueles se exhiben bebistrajos, sin aval de la Secretaría de Salud, o cualquier otra institución, ni información nutricional en las etiquetas, pero sí con nombres e imágenes caricaturescos, como la loción “Ven a mí”, “Gotas de dominio al hombre”, “Amansa guapos” y otras referentes al dinero, la brujería y el éxito personal y profesional.

Las hierbas más conocidas y solicitadas son el toloache, la damiana y la maca peruana.  El toloache es históricamente conocido por provocar seducción y demencia si se bebe en fuertes dosis

En otro de los pasillos, un par de chicas me aseguran que con la maca peruana “al hombre le dan más ganas”, haciéndome ademanes para referirlo.

Otra mujer me vende 100 gramos de damiana, con una receta para una infusión, de la que me garantiza tiene resultados en sólo cinco días.

El chef Ricardo Muñoz difiere que esa cantidad de tiempo logre tal propósito: “Para que ésta surtiera efecto habría que consumir altísimas cantidades y tomar diariamente esa infusión durante todo el año. Habría que tomarla tres veces al día y por meses. No es nada instantánea”.

“Sustentado nada hay, sólo hechos aislados, cosas curiosas, pero no un hilo conductor que nos lleve a algo concreto”

Respecto a las hierbas, coincide con su poder vigoroso, pero no de otra índole corporal: “Hay hierbas que generan energía y ésta puede dar potencia sexual, pero no es que sean potenciadoras sexuales. Para que lo sean, en el caso del hombre, tendrían que ser un fomentador de la testosterona y en ninguno de estos casos lo promueve”.

Continua: “En el caso de la maca, hay tres tipos. Es una raíz que viene de Perú y es un reestabilizador de energía. Al hombre le va bien y al beberla, evidentemente, tiene un mejor líbido, pero no porque sea expresamente para eso. Si no, el viagra ya no existiría”.

Ricardo comenta además que “el toloache tiene que ver con el embrujo y es mera superstición. Es la seducción con que una mujer puede conquistar a un hombre”, especifica.

Aunque muchas de estas investigaciones antiquísimas fueron obstaculizadas por el clero de la época, y no dejan de ser supersticiosas o infundadas, aún resulta interesante y misterioso saber cómo alimentos ancestrales pueden provocar otras satisfacciones, más allá de las del estómago.

Recuérdelo la próxima vez que se lleve a la boca algún picoso o grasiento bocado mexicano.

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Miriam Canales

Miriam Canales

Miriam Canales (Torreón, Coahuila 1984). Es periodista chilangunera, Licenciada en Ciencias de la Comunicación y con estudios en creación literaria. Desde 2007 ha tenido un paso itinerante entre dos capitales: Ciudad de México y Londres. Comenzó escribiendo para revistas y diarios locales y su pluma se ha plasmado desde entonces en medios como: Replicante, La Mosca en la pared, Cambio, Milenio Diario y Círculo Mix up, además del libro colectivo 100 Discos Esenciales del Rock Mexicano (2012). El rock, la lectura y los viajes son lo suyo. TWITTER: @miricaiba