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Metáfora Onírica por Efraim Espino Metáfora Onírica por Efraim Espino
Efraim Espino es uno de los artistas más destacados de la pintura contemporánea en Latinoamérica, recientemente exhibió su obra “Metáfora Onírica”. Metáfora Onírica por Efraim Espino

Efraim Espino (Panamá, 1957), es uno de los artistas más destacados de la pintura contemporánea en Latinoamérica, recientemente exhibió su obra “Metáfora Onírica” en la galería La Silvestre Atelier, en la CDMX. Antes de partir a Dinamarca, en donde reside desde hace varios años, HORIZONTUM tuvo la oportunidad de charlar con el pintor, músico, poeta…

“Nací con los pinceles y colores en la mano”, EE.

Espino, vivió la mayor parte de su infancia en Panamá, en donde inició en el mundo del arte a muy temprana edad, siempre con los pinceles y colores en la mano. De joven surgió el interés por estudiar artes plásticas, sobretodo escultura, aunque también poesía, literatura y música. Por ello se inscribió en una Academia de Artes Plásticas de su país natal, en donde estudió “de todo, no sólo pintura”, también: escultura, literatura, poesía, fotografía, grabado, diseño gráfico… Ahí, uno de sus maestros, con orientación renancentisa, lo introdujo al mundo de la arquitectura y las matemáticas. Entonces aprendió sobre la composición, a acercarse al dibujo a través de las matemáticas y el diseño constructivo: “la maqueta como la base para cualquier obra pintórica”, recuerda Efraim.

Metáfora Onírica por Efraim Espino

A finales de la década de los 70, decide vivir en Guatemala al sentirse atraído por el mundo maya, su legado, y por los bordados de los trajes típicos de los habitantes de ese país. Aquí estudia con el maestro quiteño, Oswaldo Cercado, en su academia bautizada “La Rochelle”.  Oswaldo, un artista con influencia del muralimos mexicano, atraído por los temas indígenas, los mercados y las ciudades de la región. Con él aprendió a usar las espátulas, y de él admiraba su cromatismo único, una especie de “color metafísico”, a veces “pintaba el mundo sin personas, otras veces pintaba grifos de donde salían multitudes, sus pueblos eran especiales,  el color mágico, ausente y onírico al mismo tiempo”, rememora el artista de su tiempo con Oswaldo en Guatemala. 

Por un tiempo, regresó a su natal Panamá, en donde participó en varias exposiciones; dio clases de pintura exclusivamente a niños y jóvenes (entre 9-14 años); además durante esta etapa pintó muchos murales. Sin embargo, señala el artista: “en Panamá no existía una visión sobre el arte, y menos en esa época en la que los militares estaban en el poder. De hecho la Academia en donde estudié arte desapareció, porque para ellos el arte era de la oligarquía y las élites”.

Posteriormente ganó una beca en México para estudiar en la Academia de San Carlos, en la sede en Xochimilco, CDMX. Ahí fue alumno de Luis Nishizawa quien al conocerlo le preguntó, “si era pintor”, a lo que Efraim contestó: “creo que sí”. Nishizawa le ayudó a desarrollar su personalidad y disciplina; pero sobretodo aprendió la técnica y el manejo de materiales, y a observar el mundo desde su visión “nipona-azteca”.

Efraim abandonó los estudios en México, para mudarse a Suiza y trabajar con “los grupos del tirol”,  influenciados por las corrientes: dadaista, surrealista y funcinalistas. En esta etapa es cuando su pintura tiene un acercamiento onírico[1] con la música y la poesía. Gracias a su manejo del color y las formas, tiene la oportunidad en esta época de exponer en distintas galerías de Austria  y Alemania.

Al paso de los años, decide mudarse una temporada a Santiago de Chile, en donde conoce al pintor Luis Tejada. Con él aprende sobre leyes cromáticas del color, que aludían a la escuela francesa. También conoce al artista rumano Aurel Kessler quien lo acerca a la teoría del cubismo, al haber éste estudiado con el teórico del cubismo André Lhote en París. Una vez conocida esta teoría al 100%, Efraim determina adaptarla a su obra, más al estilo de Diego Rivera; es decir con más color “porque yo vengo del trópico”, insiste, y recalca que él pintó más entre el fauvismo y el cubismo, más cercano a Henri Matisse, “una mezcal a la que llamo la metáfora onírica entre lo místico, y el análisis teórico y psicológico de la pintura y sus símbolos que hace Karl Jung a pintores como Chagall”.

Metáfora Onírica por Efraim Espino

De esta forma, el artista simpre está en la búsqueda de “símbolos oníricos”.  Eso es lo onírico de su pintura, la metáfora que se puede pasar a la tela: “porque hay poesía en las calles, en las ciudades, en la arquitectura, en la vida diaria en países como México, donde la influencia azteca está presente en todo momento”, subraya.  A todo esto le llama: “cromo-cosmología” (cromático-colorido y basado en conceptos mayas y azteca de la visión del mundo). Y es que tanto los templos como las ciudades antiguas estaban pintadas, porque estas culturas sabía manejar el color.

Por todo esto, Efraim considera necesario repetir el “sueño azteca”, el sueño de nuestras culturas. Y es que “todo es universal” como dijo su también maestro en México, Rufino Tamayo, con quien compartía el sentido de las analogías; y su sentir maya, porque “yo tengo un corazón maya”, dice Efraim. De ahí su búsqueda por las formas totémicas y oníricas. Un mezcla del mundo indígena que presenta a sus deidades con la poesía y cultura occidentales, universales.

Hablando un poco de su vida en Dinamarca, en donde ha vivido más tiempo que en su tierra natal, señala a este país escandinavo como una especie de paraíso, en donde todo funciona, hay igualdad; pero en donde ha tenido un choque cultural entre su ser latinoamericano y las maneras escandinavas. “Sueño porque mi continente Americano pueda llegar un día a glorificar las culturas indígenas, las ponga como ejemplo de la cultura universal”, expresa con sinceridad.  Porque en esta región del mundo, la gente admira lo europeo, lo gringo: “nadie quiere ser indígena, ni negro, ni panameño. No hay un solo mandatario en toda América Latina que tenga la nobleza y el coraje de ser indio”, se lamenta.

Finalmente dedica unas palabras a México, su “segunda patria”, porque aunque ha vivido la mayor parte de su vida en Europa, se siente “muy mexicano”. En esta ocasión que se encuentra de visita en el país para su última exposición Metáfora Onírica, “he notado una ausencia de la música, para mí la música estaba en todas partes. Ahora siento la tristeza en el metro, a las masas adoloridas, deshechas por lo que yo llamo el yugo de la cruz del cristianismo, que han ultrajado al verdadero mexicano, a sus raíces”, concluye.

Así, Efraim cierra la conversación recalcando que su obra es el conjunto de todas y cada una de sus vivencias, el roce con otras culturas, otras visiones… Él sólo ha hecho de los objetos que observa y le rodean, una metáfora poética y con una visión cosmológica.

Metáfora Onírica por Efraim Espino

Metáfora Onírica en la CDMX

Las 21 obras que conforman esta exposición son la realización de mundos imaginarios: líneas que van acentuando la materia, el color pigmentado, texturas y una características de elementos sonoros. Un método propio de transferencias que logran constituir la fusión plena, entre mundos extraños de figuras oníricas.

En la obra de Efraim Espino existe una transformación sucesiva, una revelación cromática y un cinetismo de las formas, algo que  remite a una resonancia visual. Un vacío de unidad armonizada, por las metáforas del color. La pigmentación y las estructuras, como textura, que convergen poéticamente entre sus dos maestros de materiales pictóricos: Luis Nishizawa y Rufino Tamayo.

En Metáfora Onírica, lo fantasmal entre color y líneas, ofrece una formulación teórica que posee un signo poético abstracto de los elementos. La partitura de atracción y repulsión. Imágenes de silogismos y analogías,  generando un principio universal: la música y el tiempo.

La exposición se presentará hasta el 26 de julio del 2019, en La Silvestre Atelier ubicada en José Alvarado 7, col. Roma Norte.


[1] Relativo al sueño o relacionado con las imágenes y sucesos que se imagina mientras se duerme. Irreal, el surrealismo incorpora lo onírico al arte.

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Redacción Horizontum

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