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Leonardo da Vinci en la mirada de Walter Isaacson Leonardo da Vinci en la mirada de Walter Isaacson
Luego del análisis de los cuadernos manuscritos por Leonardo da Vinci y los nuevos descubrimientos sobre su vida y su obra, Walter Isaacson Leonardo da Vinci en la mirada de Walter Isaacson

Luego del análisis de los cuadernos manuscritos por Leonardo da Vinci y los nuevos descubrimientos sobre su vida y su obra, Walter Isaacson, uno de los mejores biógrafos del planeta, logra tejer una narración que conecta el arte de Da Vinci con sus investigaciones científicas, y nos muestra cómo el genio del hombre más visionario de la historia nació de habilidades que todos poseemos y podemos estimular

Leonardo da Vinci repasa la vida del visionario más importante de todos los tiempos, incidiendo en las tres características de su personalidad que lo llevaron a la cima del arte, el pensamiento y las ciencias: la curiosidad insaciable, la observación cuidadosa y la imaginación juguetona. A estos elementos, da Vinci supo añadir su obsesión por entrecruzar la tecnología y las humanidades (algo que queda especialmente patente en su todavía enigmático Hombre de Vitruvio), lo que demuestra que, para él, ciencia y arte eran la misma cosa.

Del mismo modo que Albert Einstein consiguió dar el salto de su trabajo como funcionario de patentes a las más elevadas disciplinas de la física, y al igual que Steve Jobs logró convertir su abrasiva personalidad en una revolución informática sin precedentes, da Vinci supo sintetizar todo el conocimiento en algo tan sencillo como la sonrisa de una mujer (Mona Lisa), dejando para la posteridad uno de los legados más inquietantes de cuantos han existido jamás. Esto hizo que todavía hoy se le considere uno de los genios más creativos de la Historia, amén de un hombre que se obsesionó por encontrar patrones en todos y cada uno de los elementos que configuran tanto al planeta como a los seres que lo habitan.

Leonardo da Vinci en la mirada de Walter IsaacsonWalter Isaacson ha levantado esta monumental biografía —que ilustra con imágenes tanto de los cuadros como de los bocetos y apuntes del genio— basándose principalmente en las miles de páginas que componen los cuadernos manuscritos de Leonardo, además de las biografías escritas por otros autores a lo largo de los siglos y de los nuevos descubrimientos que se han ido haciendo en torno a la vida del genio.

Con todos estos elementos, Isaacson rinde uno de los tributos más elaborados —y hermosos— de cuantos se han escrito jamás en torno a la vida de un hombre perfectamente definido por el crítico de arte neoyorkino Adam Gopnik en estas palabras: «Leonardo sigue siendo un bicho raro, rarísimo, y punto».

Walter Isaacson es uno de los mejores biógrafos de todo el planeta. Sus retratos de Steve Jobs (Debate, 2011) y Einstein (Debate, 2008) —sin olvidar el de Kissinger y Benjamin Franklin— lo han situado en la cima de uno de los géneros literarios más apasionantes del momento. Pero su trabajo no se limita a contar la vida de estos hombres excepcionales, sino que también trata de discernir cuáles fueron los elementos que les hicieron sobresalir por encima del resto de los mortales. La inclusión de Leonardo da Vinci. La biografía a su bibliografía no hace más que ampliar esa indagación, al tiempo que nos muestra el perfil más completo de cuantos puedan haber hasta la fecha del gran maestro del Renacimiento.

FRAGMENTOS:

Sobre la sexualidad de Leonardo: «En abril de 1476, una semana antes de cumplir veinticuatro años, Leonardo fue acusado de incurrir en sodomía con un prostituto. Sucedió más o menos en la misma época en la que su padre tuvo por fin otro hijo, un heredero legítimo. La acusación anónima contra Leonardo fue depositada en un tamburo, uno de los tambores que hacían las veces de buzones de denuncia contra atentados a la moral, y en ella aparecía un joven de diecisiete años llamado Jacopo Saltarelli, que trabajaba en un cercano taller de orfebrería».

Sobre su inventiva: «La ballesta gigante y los tanques tortuga de Leonardo, con su prodigiosa inventiva, demuestran su habilidad para lograr que la fantasía guiara a la invención. Sin embargo, no consiguió poner su imaginación al servicio de la práctica. Ninguna de sus grandes máquinas sería empleada en el campo de batalla por Ludovico Sforza, que no tuvo que enfrentarse a una amenaza militar grave hasta que los franceses invadieron Milán en 1499, momento en el que huyó de la ciudad. Al final, Leonardo no participaría en actividades militares hasta 1502, cuando entró al servicio de un señor más difícil y tiránico: César Borgia».

Sobre Miguel Ángel: «Resulta tentador pensar en lo que podría haber sucedido si Miguel Ángel lo hubiera tratado como a un mentor; pero eso no sucedió, sino que, según Vasari, Miguel Ángel mostró ‘gran enemistad’ hacia Leonardo. Un día, Leonardo paseaba con un amigo por una de las plazas del centro de Florencia vestido con una de sus inconfundibles túnicas rosadas (rosato) cuando los miembros de un pequeño grupo que discutía acerca de un pasaje de Dante le preguntaron a Leonardo su opinión sobre su significado. En ese momento llegó Miguel Ángel y Leonardo propuso que fuera él quien se lo explicara. Miguel Ángel se ofendió, como si Leonardo se estuviera burlando de él. ‘Explícaselo tú —respondió—, que hiciste un modelo de caballo para fundirlo en bronce, no pudiste fundirlo y, para tu vergüenza, lo dejaste correr’. Después dio media vuelta y se fue».

El Hombre de Vitruvio: «Marco Vitruvio Polión, nacido alrededor del año 80 a.C., sirvió en el ejército romano bajo el mando de Julio César y se especializó en el diseño y la construcción de máquinas de artillería (…). Más adelante, Vitruvio ejerció como arquitecto y trabajo en un templo, que ya no existe, en la ciudad italiana de Fano (…). Lo que despertaba el interés en la obra de Vitrivio por parte de Leonardo y Francesco era que expresaba con claridad una analogía que se remontaba a Platón y a los filósofos antiguos, que se había convertido en una metáfora que definía el humanismo renacentista: la relación entre el microcosmos del hombre y el macrocosmos de la Tierra».

Walter Isaacson

Walter Isaacson

Sobre las matemáticas: «Leonardo cada vez era más consciente de que las matemáticas constituían la clave para convertir las observaciones en teorías; eran el lenguaje que la naturaleza empleaba para escribir sus leyes. ‘No hay certeza allí donde no se pueda aplicar alguna de las ciencias matemáticas’, afirmó. Tenía razón. El uso de la geometría para comprender las leyes de la perspectiva le enseñó cómo las matemáticas pueden extraer de la naturaleza los secretos de su belleza y revelar la belleza de sus secretos».

Sobre la Última cena: «Cuando Leonardo pintaba la Última cena, lo visitaban espectadores que se sentaban en silencio a ver cómo trabajaba. La creación artística, como el debate científico, se convertía en ocasiones en un acontecimiento público. Según el relato de un sacerdote, Leonardo «solía ir a primera hora de la mañana, se subía al andamio» y, después, «desde el amanecer hasta la puesta del sol, se quedaba con el pincel en la mano, olvidándose de comer y de beber, sin parar de pintar». Otros días, sin embargo, no lo hacía. «Se pasaba una o dos horas simplemente contemplando la obra, reflexionando, examinando y juzgando las figura que había creado». Y, por último, había días teatrales en los que se combinaba su obsesiva personalidad con su tendencia a postergarlo todo. Como presa del capricho o de un arrebato, de pronto se dirigía al convento a mediodía y ‘subido al andamio, agarraba el pincel y daba una o dos pinceladas a una de las figuras, y, después, se marchaba a otra parte’».

Sobre la Mona Lisa: «Después de varios años, y tal vez desde el principio, Leonardo lo consideraba una obra propia y universal que legaba a la posteridad, en lugar de un cuadro que debía entregar a Francesco del Giocondo. Nunca lo hizo y, a juzgar por la documentación bancaria de Leonardo, no cobró ni un céntimo por él. En cambio, lo mantuvo consigo en Florencia, Milán, Roma y Francia, hasta que murió, dieciséis años después de haberlo empezado. Durante esos años, le añadió, pincelada tras pincelada, capa tras capa, de pintura al óleo para perfeccionarlo, retocarlo e impregnarlo de un original y hondo conocimiento del ser humano y de la naturaleza. Cada vez que una nueva idea, una nueva imagen o una nueva inspiración le venían a la mente, su pincel volvía a posarse con delicadeza sobre la tabla de álamo».

LA CRÍTICA HA DICHO:

«Además de una investigación diligente, este libro es un estudio sobre la creatividad: cómo definirla, cómo alcanzarla… Y, lo más importante, Isaacson cuenta la historia de una mente poderosa y de una vida estimulante». The New Yorker

«Lo admirable de la biografía de Isaacson es que no trafica con material frívolo. El autor cuenta historias de personas que, por definición, son inimitables. Isaacson se supera a sí mismo cuando analiza lo que hizo el Leonardo más humano». The New York Times

«Luminoso. Leonardo Da Vinci es un libro elegantemente ilustrado que amplía el trabajo realizado por Isaacson sobre la psicología de las grandes personas. Henry Kissinger, Benjamin Franklin, Albert Einstein y Steve Jobs son el eje central de sus biografías anteriores, y todos han sido best-sellers». The Daily Beast

Walter Isaacson imparte clases de historia en la Universidad de Tulane. Ha sido presidente del Instituto Aspen y de la CNN, además de editor de la revista Time. Es autor de Einstein. Su vida y su universo (Debate, 2008), Steve Jobs (Debate, 2011), Los innovadores (Debate, 2014), Benjamin Franklin. An American Life (2003) y Kissinger. A Biography (1992), y coautor, con Evan Thomas, de The Wise Men. Six Friends and the World They Made (1986).

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