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La fascinación de la joyería ecológica La fascinación de la joyería ecológica
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La joyería ecológica es una práctica relativamente nueva en la orfebrería mexicana. En México existen diversas marcas que han picado hasta piedras para posicionarse... La fascinación de la joyería ecológica

La joyería ecológica es una práctica relativamente nueva en la orfebrería mexicana. En México existen diversas marcas que han picado hasta piedras para posicionarse en este mercado, entre proyectos independientes y mainstream, pero la industria evoluciona y adquiere nuevas facetas, gracias al ímpetu y la originalidad de mentes creativas.

Desde tiempos ancestrales, el país se destaca por el manejo de metales preciosos de forma artesanal y tradicional, en ciudades como Taxco, Guerrero.

México tiene el primer lugar mundial en producción de plata. Sin embargo, hay quienes van más allá. Las tendencias de la moda han ido cambiando con la intención de acaparar el mercado internacional, con otros diseños innovadores. Varias casas modernas, en su mayoría lideradas por jóvenes mujeres, son las que pisan fuerte con productos novedosos, apostando por lo orgánico y sustentable como diferenciador.

“La naturaleza ha sido nuestra mayor fuente de inspiración. La fascinación por los animales que la componen nos ha llevado a crear piezas como escarabajos, serpientes, libélulas, mariposas o aves que han sido las  características de nuestra marca”, refiere Gabriela Morales, cofundadora de Mani Malaai, cuyo significado en dialecto hindú es “collar de gemas”.

La fascinación de la joyería ecológica

Mani Malaai y la joyería ecológica en México

Esta casa, proveniente del municipio de San Pedro Garza García, Nuevo León, es administrada, desde 1999, por Gabriela y su hermana Alejandra. Ellas fueron empresarias en una comercializadora de joyería y luego emprendieron su propio negocio, desde esa ciudad, hasta más allá de las fronteras de la capital mexicana. Ambas decidieron que cada joya debía transmitir su esencia e historia, así como el significado y sentido personal de quien la portara.

“Competir internacionalmente siempre es un gran reto, particularmente en joyería, que es una de las categorías más extensas y diversas. Es muy complicado diferenciarse y sobresalir. Hay que tener una propuesta clara de valor, buscar el perfeccionismo y ser persistente”, amplía Gabriela, quien también refiere lo que representa además enfrentarse a grandes corporativos y a la creciente oferta mexicana, que ha ido ganando terreno en diversos puntos geográficos.

Las redes sociales han sido otra útil herramienta para fomentar el trabajo de incipientes marcas,  las cuales han obtenido reconocimientos y atención general por la dinámica que se puede generar en esas plataformas virtuales y de alcance global.

Instagram ha sido un campo fértil para divulgar sus imágenes y levantar popularidad. Algunas marcas que lo han logrado mediante esta vía son: Sangre de mi sangre, creada en 2005 por Mariana Villarreal en la Ciudad de México, especializada también en relojes; Artelier es otro sello capitalino elaborado de manera conjunta en Milán, Italia, de Cristina Ramella, quien realizó sus estudios por aquella ciudad.

La fascinación de la joyería ecológica

Amandina y Karuma: las apuestas modernas por la joyería ecológica en México

Amandina, una casa que desde 2009 busca promover las raíces mestizas, obtuvo una mención honorífica en la primera Bienal Mundial de Plata en 2013. Su dupla fundadora, las yucatecas Georgina Duarte y Johanna Valdez (residente en Nueva York), combinó su trabajo con artesanos de Mérida. La Santa, creada en 2013, no sólo maneja plata, sino que fusiona otros elementos como piel, cerámica y madera. Sus creadores son los diseñadores industriales Ángela Téllez y Hugo Rosellón.

Resinas, madera fina reutilizada o aceite de linaza son algunos de los materiales con los que experimenta el proyecto sustentable Karuma. Originado en la ciudad de Puebla, en 2012, promueve el reciclaje, prescindiendo de la metalurgia y sus contaminantes. Andrea Corrales, egresada de Diseño Industrial del Tecnológico de Monterrey, es su líder y apuesta por echar mano de componentes ecológicos para cautivar a una clientela no sólo medioambientalista.

Karuma está compuesta por dos palabras: “karuna”: que significa compasión en sánscrito y “uma”: iluminación. En primera instancia, Andrea tuvo intenciones de diseñar mueblería, siguiendo la misma línea ecológica, pero esta iniciativa quedó atrás para encontrar en las joyas un terreno más propicio para su creatividad.

“En Puebla no es este un producto que se pueda producir a escala, es por eso que hago producciones pequeñas.’Este es un mercado de la moda ética, que está todavía en crecimiento o exploración”.

Todos sus dijes son tallados a mano por ella y hace énfasis en que cada pieza proviene de la naturaleza y es irrepetible. Su proceso creativo consiste en períodos largos de investigación y nuevos procesos de sellamiento de piezas y ensamblaje. Dado que sus tiempos de trabajo son temporales, recluta eventualmente a otro tipo de personal de apoyo.

La fascinación de la joyería ecológica

En 2015, Andrea fue seleccionada para participar en Australia para Undress Runway, uno de los foros más sobresalientes en la moda sustentable mundial. “Aquí se buscan pagos equitativos para las personas que están en la fabricación. Se trata de un comercio justo. He tenido una mayor audiencia en el extranjero que en México”.

A mediano plazo, Karuma se encuentra elaborando otra línea de collares con hilos orgánicos y macramé. “Esto es complejo, porque la minería castiga mucho al planeta, busco metales reciclados, quisiera que fueran anillos o cadenas que estén rezagados y recuperarlos para hacer un producto nuevo que sea parte de otra persona, tratar de incorporar madera y nuevas técnicas”.

Resalta siendo congruente con su misión ecológica y cómo un nuevo nicho se abre paso en el arte de la joyería ecológica en el país.

 

 

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Miriam Canales

Miriam Canales

Miriam Canales (Torreón, Coahuila 1984). Es periodista chilangunera, Licenciada en Ciencias de la Comunicación y con estudios en creación literaria. Desde 2007 ha tenido un paso itinerante entre dos capitales: Ciudad de México y Londres. Comenzó escribiendo para revistas y diarios locales y su pluma se ha plasmado desde entonces en medios como: Replicante, La Mosca en la pared, Cambio, Milenio Diario y Círculo Mix up, además del libro colectivo 100 Discos Esenciales del Rock Mexicano (2012). El rock, la lectura y los viajes son lo suyo. TWITTER: @miricaiba