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Kaddish por Leonard Cohen Kaddish por Leonard Cohen
Ha vuelto a resonar la grave voz de un profeta que bien puede guiarnos entre la incertidumbre, la duda y la ansiedad de estos... Kaddish por Leonard Cohen

El año 2016, gracias en buena parte a dos estadounidenses, Donald J. Trump y Bob Dylan, nos hemos visto forzados, tanto a nivel individual como colectivo, para bien y para mal, a reexaminar muchas cosas que dábamos por sentadas, replantear nuestro lugar y rumbo en el mundo y revisar los numerosos supuestos ideológicos que hemos asumido consciente o inconscientemente.

Por fortuna, aunque sea debido a su fallecimiento, ha vuelto a resonar la grave voz —literalmente— de un profeta que bien puede guiarnos entre la incertidumbre, la duda y la ansiedad de estos tiempos aciagos: Leonard Norman Cohen (1934-2016).

De hecho, el sábado 12 de noviembre, menos de una semana después de la muerte de Cohen, el día 7, y del triunfo de Trump, el 8, millones de personas presenciamos uno de los momentos más emotivos del año, cuando, en un doble tributo, la comediante Kate McKinnon, la imitadora de Hillary Clinton y estrella del programa Saturday Night Live, cantó el “Hallelujah”, sentada al piano, en personaje, con todo y pantsuit.

Kaddish por Leonard Cohen

Entonces, nadie con un poco de sensibilidad moral y conciencia histórica pudo no estremecerse cuando la candidata derrotada,[1] a través de su alter ego, llegó a la tortuosa frase del poeta: “I did my best, it wasn’t much / I couldn’t feel, so I tried to touch / I’ve told the truth, I didn’t come to fool you / And even though it all went wrong / I’ll stand before the Lord of Song / With nothing on my tongue but hallelujah”. Era exactamente el bálsamo que necesitábamos ante la sorpresiva tragedia.

De igual forma, Leonard Cohen atajó contundentemente los debates de sobremesa, redes sociales y suplementos culturales sobre el Nobel de Dylan, que desató controversias acerca de la definición misma de “literatura”, la relación entre música y poesía, la frontera entre arte y entretenimiento, la diferencia entre “alta” cultura y cultura “popular”

Si algo dejó claro el cantautor de Montreal es que la gran poesía revienta los moldes de la crítica, subvierte el status quo —político o cultural—, desdibuja las fronteras entre las artes y relativiza los valores y las identidades, pues es genuinamente universal.

Cohen, poeta y profeta, nos recuerda, con T. S. Eliot, que cultura es aquello que hace que valga la pena seguir viviendo y que poesía es la puerta privilegiada al Misterio donde convergen la pregunta por el amor y el desamor, por Dios, la injusticia, la muerte, la soledad, la redención, el perdón, la felicidad, el deseo de un mundo mejor…

Kaddish por Leonard Cohen

El último año de su vida publicó su testamento poético y musical, un álbum cuya sencillez y transparencia reflejan un alma sabia y madura, reconciliada con la existencia, que aguarda con esperanza la muerte: You Want It Darker (Sony Music, 2016).

COHEN Y EL TIEMPO EN QUE SOMOS YA TAN VIEJOS

Como bien dice un amigo: “Es un disco para adultos”. En efecto, la meditatio mortis y el preguntarse por las últimas cosas no son propios ni de la juventud ni de tiempos adolescentiles como los que vivimos hoy.

Hacen falta muchos años, canas y lágrimas para poder decir, como Cohen a quien fuera probablemente el amor de su vida, cuando la musa que inspiró “So long Marianne” o “Hey, That’s No Way to Say Goodbye” agonizaba de cáncer:

Bien, Marianne, ha llegado el tiempo en que somos ya tan viejos que nuestros cuerpos se desmoronan. Yo pronto he de seguirte. Has de saber que te voy a la zaga y que, si me extiendes tu mano, creo que puedes tocar la mía. Ya sabes que siempre te he amado por tu belleza y tu sabiduría, pero no necesito decirte más porque ya sabes todo eso. Ahora, sólo me resta desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. [Dejándote mi] Amor eterno, nos veremos en el camino.[2]

Es más, en la canción “Traveling Light” del último álbum, con reminiscencias de la isla griega donde Leonard Cohen y Marianne Ihlen vivieron un tiempo, él confiesa que “I’m traveling light, it’s au revoir…  I’m running late, they’ll close the bar”; mientras que, en “Leaving the Table”, afirma: “I’m leaving the table / I’m out of the game”.

Más contundentemente, la canción en apariencia blasfema de la cual toma su título el álbum,“You Want It Darker”, pese a las oraciones recriminatorias, reitera, como Abraham y Samuel: “Hineni, hineni, I’m ready, my Lord”

Se ha dicho que Leonard Cohen era un autor oscuro y deprimente, pero quienquiera que le haya seguido la pista con atención puede constatar que melancolía no es lo mismo que depresión y que gravedad no significa desolación.

Precisamente enfrentando la pérdida y encarando la muerte en vez de sacarles la vuelta, abrazando lo precario de las relaciones humanas y la debilidad de nuestro carácter en lugar de apostar por una fortaleza y un optimismo irreales, es que este poeta, al igual que los patriarcas bíblicos, pudiera hallar la redención y el consuelo, la compasión y la gracia, la esperanza y la bondad. De allí que, como poeta puro, haya logrado hablar de temas tan disímiles con la misma seriedad lírica.

Kaddish por Leonard Cohen

Cuando un autor tiene la urgencia de hablar, explicó alguna vez, el tema del que hablar se vuelve irrelevante, pues “la belleza es el pasaporte de todas las ideas”.[3]

COHEN, CLAMANDO EN EL DESIERTO POSMODERNO

A diferencia de otros rockeros, con numerosas cirugías plásticas a cuestas y ropa juvenil, Cohen envejeció jovial y grácilmente: su voz se engrosó sin cascarse, hasta volverse la perfecta metáfora de la gravedad y la seriedad, la suavidad y la fragilidad de la sabiduría forjada por los años y el dolor.

Cohen, clamando en el desierto posmoderno con voz cavernosa, profetizaba que, aun en 2017, “Democracy is coming” (“Democracy”); nos invitaba a pasar el trago, amargo pero irrenunciable, de desenmascarar falsas ilusiones, como que, en la vida, “You win a while, and then it’s done —Your little winning streak” (“A Thousand Kisses Deep”);  y a “forget the perfect offering”, porque “There is a crack in everything / That’s how the light gets in” (“Anthem”).

Era —y sigue siendo— un guía de vida que, como dice Brendan Shea, nos recuerda “un peligro real, el peligro de perdernos de la belleza y la gracia frente a nuestras narices por tener la cabeza en las nubes, adorando ídolos creados por nosotros mismos y, por ende, perdiendo de vista lo divino”.[4]

 

 


[1] Quien, de hecho, menciona el tributo, conmovida, en su memoria de la debacle; cfr. Hillary Rodham Clinton, What Happened, Nueva York, Simon & Schuster, 2017, p. 31.

[2] Citado en David Remnick, “Leonard Cohen Makes It Darker”, en The New Yorker: http://www.newyorker.com/magazine/2016/10/17/leonard-cohen-makes-it-darker La traducción es mía.

[3] Cfr. Sylvie Simmons, I’m Your Man. The Life of Leonard Cohen, Nueva York, Harper Collins, 2012, pp. 53-54.

[4] Brendan Shea, “Leonard Cohen as a Guide to Life”, en Jason Holt [ed.], Leonard Cohen and Philosophy, Chicago, Open Court, 2014, p. 3.

 

 

 

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G. G. Jolly

G. G. Jolly (Ciudad de México, 1986) es filósofo de profesión, historiador de vocación, melómano por afición y teólogo por inclinación. Escribe, investiga, edita, traduce y corrige textos de diversa índole para vivir, aunque lo que más le apasiona es la docencia. Ha dado clases de filosofía, teología, historia, arte, apreciación musical y hasta derecho en varias universidades. Se le puede seguir, a riesgo propio, en twitter como @el_tirapiedras.