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J. M. Servín y Nada que perdonar… J. M. Servín y Nada que perdonar…
El escritor mexicano J. M. Servín en estas Crónicas facinerosas ofrecen una serie de testimonios picarescos de aprendizaje sostenido en la literatura de... J. M. Servín y Nada que perdonar…

El escritor mexicano J. M. Servín  en estas Crónicas facinerosas ofrecen una serie de testimonios picarescos de aprendizaje sostenido en la literatura de alguien que escribe, no sin ironía, por la pura necesidad de contar cómo se ve la vida al límite

Servín describe esta obra como un “intento de autobiografía híbrida”. En ella leemos a un lector y escritor influenciado por la delincuencia común, por las mudanzas continuas de su familia y por las dificultades cotidianas en la conflictiva Ciudad de México, rodeado de una familia numerosa, entre la pobreza y fracaso, y dueño de una atracción enfermiza por las desgracias.

Del «Infiernavit» de Iztacalco que marcó su infancia y adolescencia entre páginas de libros, desempleo y ambientes rufianescos, a la glamorosa ciudad de París donde vivió algunos años aferrado a trabajos ocasionales como jornalero, este libro narra las experiencias que convirtieron a J. M. Servín en un escritor que expresa como pocos la voz de los excluidos.

J. M. Servín

J. M. Servín

Según nos narra, su vida escolar la pasó respondiendo a todos los profesores, haciendo alarde de su facilidad por la comprensión lectora. No tenía muchas dificultades para aprobar, pero normalmente se peleaba con los maestros y no buscaba ser el mejor de la clase. Cuando llegó a la preparatoria se encontró con un mundo hostil al cual nunca pudo adaptarse bien, así que entre robos y percances delictivos optó por dejar la escuela y se convirtió en obrero, oficio que lo ocupó la mayor parte de su vida. Su faceta como escritor de tiempo completo comenzó hasta 2004, impulsado por el escritor Sergio González Rodríguez.

A lo largo estas crónicas, Servín hace un gran énfasis en la capacidad de los mexicanos por resignarse. Para él, la realidad de nuestro país es una triada maldita donde la violencia, la pobreza y la desigualdad siempre están presentes. Hace un recorrido por distintos momentos y referencias literarias que tienen como principales temas el crimen, la nota roja y las formas de plasmar todos aquellos momentos tortuosos que forman parte de la historia mexicana.

A decir del autor: «Para mí es fundamental sustraer de la cotidianidad todos aquellos elementos que la hacen insufrible, cruel y nos sumergen en el hastío […] Me entrego a la desazón y al dolor de la misma manera en que me entrego al placer. Lo que queda es lo que escribo».

«El poder adversario de la forma de relatar de J. M. Servín es algo excepcional en las letras de lengua española. Refiere el lado oscuro de la vida, las pulsiones, la supervivencia, la sustancia negativa que encubre lo cotidiano». —Sergio González Rodríguez.

FRAGMENTO:

“Vengo de un mundo donde aún había una tolerancia entrañable y enorme a la borrachera, al cigarro y el cortejo. Había fe en el futuro y todo mundo creía que México era un país de oportunidades y riqueza. Mis padres siempre se preguntaron dónde estaba. Siempre he creído que los mexicanos actuamos como si hubiéramos perdido una guerra, pero estamos alegres de no haber muerto en ella. De ahí tanta capacidad de resignación. Pese a ello, mis padres y nuestros conocidos jamás se quejaban de la delincuencia; convivíamos con gente que se ganaba la vida estafando, que robaba a sus patrones o se prostituía. Tuve que aprender a respetar a mis mayores, a escucharlos y a aprender de ellos y su vida donde no había una distancia clara entre la pobreza y la sobrevivencia; a dudar de todo, a ser leal a mis amigos. Mi padre nos hacía levantarnos del sillón y saludar a la bandera cuando tocaban el himno nacional en las peleas de box que veíamos emocionados por televisión. Cuando Carlos Monzón madreó a Mantequilla Nápoles yo lloré y mi padre se puso una borrachera triste y quejumbrosa con sus compadres. Inconscientemente, esa educación fomentaba un complejo de inferioridad que se reproducía por todas partes. En aquellos años la iniciación sexual al cumplir la mayoría de edad era una visita al cabaret para “estrenarse” con alguna prostituta. Me salté ese trámite a los diecinueve años gracias a mi enemistad con mi padre.

J. M. ServínMis primeras experiencias sexuales fueron con una empleada de la zapatería donde yo trabajaba como almacenista y mensajero.

Mi padre era un bebedor duro y templado. Mi madre a su modo, también. Se amaban y su complicidad derrotista marcó mi relación con el mundo. Lo que nunca aprendí es que nada es para siempre. A veces me pregunto si mis padres habitan una realidad alterna desde donde están al tanto de mis actos. Todos mis hermanos beben fuerte, al menor le costó la vida y el que me sigue murió en 2017, a los sesenta y dos años…”

M. Servín (Ciudad de México, 1962) es un escritor autodidacta. Colabora en medios impresos de circulación nacional, como las revistas Replicante, Nexos y Siempre, y coordina el proyecto de periodismo narrativo Producciones el Salario del Miedo. Algunos de sus libros han sido traducidos al francés, y textos suyos forman parte de antologías y compilaciones en México y el extranjero. Ha merecido el Premio Nacional de Testimonio 2001 y el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez 2004 en la categoría de reportaje escrito y ha sido beneficiario del Programa de Residencias Artísticas México-Colombia 2005. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, promoción 2005. Ha publicado los libros Cuartos para gente sola (1999), Periodismo Charter (2002), Por amor al dólar (2006), Revólver de ojos amarillos (2006, reeditado en 2008), Al final del vacío (2007) y D. F. Confidencial (2010).

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