Europa y los faunos de Pablo Soler Frost Europa y los faunos de Pablo Soler Frost
Europa y los faunos traza la constelación de soledades que es toda familia y, al mismo tiempo, logra ser una novela de formación colectiva Europa y los faunos de Pablo Soler Frost

Europa y los faunos traza la constelación de soledades que es toda familia y, al mismo tiempo, logra ser una novela de formación colectiva, no de un individuo, ni de un grupo de individuos, sino de un fragmento del mundo. Su autor, Pablo Soler Frost hace una saga familiar y una novela de aprendizaje; un relato en el que se entretejen la migración, la persecución religiosa, el descubrimiento del deseo, del amor y de la culpa, y la historia de dos países

Europa y los faunos narra una saga familiar que se extiende por tres generaciones y dos continentes: desde Copenhague, en la Segunda Guerra Mundial, pasando por la Ciudad de México, donde la familia se funda y consolida, y de regreso a Dinamarca, a principios de los noventa.

La novela centra su acción en dos personajes del mismo nombre que se pasan la estafeta del protagonismo conforme uno avanza a sus páginas y la historia recorre los años: David Cristian Baltasar, abuelo y nieto, uno danés emigrado a México y el otro mexicano que termina en Dinamarca cuando asiste al funeral del fundador del clan y obedece su última voluntad estipulada en el testamento: montar en Copenhague una obra teatral. Así pues, la historia lleva a cabo un movimiento pendular, o de búmeran, finalizando donde había iniciado después de abarcar un periodo de más de sesenta años. Escrito con un estilo irónico, incluso lúdico, el relato está lleno de referencias cultas a la historia, la literatura, la dramaturgia y la filosofía.

A lo largo del medio siglo que abarca la historia, el autor de Europa y los faunos nos lleva de la mano por la persecución de los judíos en Europa, los estragos de la segunda Guerra Mundial, la modernización de México en los años cincuenta, los movimientos estudiantiles de los años sesenta y la represión estatal.

En un ámbito más íntimo y personal, la novela también es una especie de Bildungsroman (o novela de formación) transgeneracional, un relato sobre el descubrimiento del sexo y el amor —pero también de la culpa— y la aceptación de la identidad.

FRAGMENTO:

Europa y los faunos de Pablo Soler Frost“Hay un recuerdo que es incomparable y es descubrir un país nuevo cuando eres joven y crees que te tiene que ir bien y el país al que llegas a pie juntillas, cree lo mismo, de ti y de sí mismo. Aunque David había soñado con establecerse en Copenhague, la fuerza de lo desconocido pudo con él y embarcó tras despedirse de los Lund, siguiendo la estela de Max, vestido de negro todo el tiempo pues se había vuelto existencialista, a México (todo mundo parecía estarse cambiando de casa, de lealtades, de continentes en esos días). «Hablan español», se dijo, «que es como sefaradí. Y los Estados Unidos están al lado».

Max y él mismo iban, en busca de un sol nuevo, a América. «Habitaré en el extremo del mar», dijo el salmista. Habían pensado irse a Jamaica, primero, pues Max decía que uno de sus antepasados había sido allí pirata, pero las restricciones británicas se los impidieron. Pensaron también en Australia. Y pensando, pensando, se decidieron por México. Embarcaron en una nave oxidada y lenta en la que hacía calor y David sintió que se desembarazaba del frío de Landskron de una vez por todas a la vista del faro de Veracruz.

Su destino, México, era un adolescente granuliento y heterotóxico, bien pedo, un país al que, con la guerra, le entró la edad de la punzada. De repente al país le había crecido el cuerpo y, con éste, el deseo. Ya tenía con qué. Pura reata. Ahora era todo un vaivén, ora tímido, ora turbio, entre los meneos de la corista y del tranvía y la ilusión y las poses a lo tarzán. El sexo inconfesable y la boda rápida, sin campanas. La ciudad que se despertaba adolescente había encontrado ya a sus astros, rutilantes charros, y mujeres caídas en el pecado: todos muy dados a cantar. El cinismo se convirtió en su nueva naturaleza, porque el antiguo exoesqueleto no ajustaba ya y quería verse vampiro villano y elegante, habituado a entrecerrar los ojos frente a los excesos.

Había nuevos rascacielos con elevadores de cine. Era la ciudad del Ambassadeurs y del Frontón México, de los cines Arcadia, Roble y del Latino, de las palmeras sonámbulas y de los terrenos baratos, la ciudad donde enormes fortunas se amalgamaban o se perdían; ciudad deslumbrada que presumía de cronistas, caricaturistas, muralistas, actrices y visitantes extranjeros, la capital de Novo y de Reyes y la capital de Alemán. Aún había ríos, canales, lagos, fuentes y acequias. Era una urbe en la que todavía era posible reconocer el oficio o la posición de las personas por la ropa que llevaban, silbaran o no la canción de moda.”

Pablo Soler Frost (Ciudad de México, 1965) es un escritor y traductor mexicano. De 1991 a la fecha ha publicado siete novelas (Legión, La mano derecha, Edén, Malebolge, 1767, Yerba americana y La soldadesca ebria del emperador) y varios libros de cuentos y ensayo.

Ha traducido ensayos de Joseph Conrad, Horace Walpole, John Henry Newman, Walter Scott y James Alison y La vida de María de Rainer Maria Rilke. También ha traducido poemas de Elizabeth Bishop, Robinson Jeffers, Joanna Walsh, Hans Arp, Käthe Kollwitz y Theodor Däubler.

Redacción Horizontum

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