Elena Garro en los aniversarios de todas sus vidas Elena Garro en los aniversarios de todas sus vidas
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Elena Garro: No hay otra Elena con el mismo talento, no hay otra autora que haya desarrollado un universo de relatividades literarias tan profundo.... Elena Garro en los aniversarios de todas sus vidas

En 1968, la escritora mexicana Elena Garro vivió su primera muerte. Una de esas muertes en vida que suelen ser más terrible que las naturales. Una estocada de destino y malas intenciones la sacaron del juego en uno de sus momentos de más productividad literaria.

Habían transcurrido cinco años desde la aparición de su obra cumbre, Los recuerdos del porvenir, por lo que Garro disfrutaba de la publicación sistemática de sus trabajos en revistas mexicanas y espacios fijos de colaboración en varios periódicos nacionales.

El éxito vino acompañado de su participación activa en reuniones de intelectuales. Todo lo que, unido a su personalidad incómoda, siempre dispuesta al debate, contribuyó para que fuera señalada, junto a otras figuras públicas, entre los culpables de la masacre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.

Medios de prensa aseguraron que ella había sido una de las voces que alentaban la confrontación entre el ejército y los estudiantes

Sin embargo, las crónicas que Garro publicó en la época dejan testimonio sobre cómo, mucho antes de los violentos sucesos, ella había alertado sobre los peligros de un posible duelo.

El ensayo Debo olvidar que existí, publicado en 2017 por el periodista Rafael Cabrera, bajo el cuidado editorial de Random House, recrea el peso de esos días en su destino.

El libro desmonta las imputaciones de las que fue víctima y aclara cuál fue su verdadero rol en los eventos alrededor de la masacre

La investigación producida por Cabrera desmitifica culpas, reúne las denuncias que Garro hizo en la época.  Reconstruye las irreversibles consecuencias de estas inculpaciones, no sólo en la vida de la escritora, también en la de su hija, Helena Paz Garro.

Elena Garro: No hay otra Elena con el mismo talento, no hay otra autora que haya desarrollado un universo de relatividades literarias tan profundo.

Las dos mujeres se exiliaron para alejarse del estigma del 68. Llegaron a vivir en condiciones de indigencia en España, asediadas por enfermedades físicas y mentales. Debo olvidar que existí abre, con suerte, el camino a la restitución simbólica de Garro. A la vez, arroja luz sobre el papel de los intelectuales mexicanos en los acontecimientos de Tlatelolco. Sin embargo, en vida, ella nunca pudo librarse de las sombras de esos hechos.

Cuando habían transcurrido 30 años de la muerte civil de Elena Garro, se produjo su partida definitiva

Por esas coincidencias, 2018 se muestra caprichosamente redundante y trae consigo el recuerdo de sus dos aniversarios luctuosos: el medio siglo de su exclusión social y las dos décadas de su fallecimiento.

A pesar de que había pasado la mayor parte de su vida huyendo del recuerdo de Tlatelolco, regresó a México en los 90, para morir en el país donde había nacido.

Las imágenes atestiguan que su retorno estuvo marcado por la vejez y el cansancio de las privaciones. Sendos homenajes a su obra fueron el pretexto para que se concretara esa vuelta a la que ella se había negado por dos décadas.

A su segunda partida, la última, se le deben aún muchas horas de lectura y el reconocimiento de quien fuera en vida

Garro nació en Puebla, en diciembre de 1916. Pero en el libro de testimonios El asesinato de Elena Garro su biógrafa, Patricia Rosas Lopátegui, asegura que el lugar de nacimiento fue una casualidad.

Bien pudo llegar al mundo en La Habana, donde hizo escala el barco en el que su madre embarazada retornaba de España a México; o en la Ciudad de México, a donde se dirigían sus padres.

Lo cierto es que nació en Puebla. Escala intermedia del viaje que la familia había emprendido. Vivió durante siete años en la capital mexicana, pero en la década de 1920 los Garro se trasladaron a Iguala.

La llegada de la niña a Guerrero fue trascendental en su formación. La sabiduría indígena que la rodeó marcó su forma de entender la vida.  A la larga, también la comprometió con las luchas por los derechos humanos de los grupos campesinos. En Iguala, además, dejó de asistir a la escuela y sus padres comenzaron a ocuparse de su educación.

Garro describió a su madre como una ávida lectora, que vivía en un mundo ajeno a la realidad, donde lo más importante eran los libros

Se sabe, además, que fue una de las primeras mujeres que se licenció como maestra en su país. Mientras a su padre, el español Don José Antonio Garro, lo reconoció como un hombre culto, cuyas creencias marcaron su destino. Practicante del espiritismo en la misma cofradía de Francisco I. Madero, Don José enseñó a sus dos hijas sobre ocultismo y ciencia. También sobre libertad.

Elena Garro

El investigador Joseph Sommers entrevistó a Garro en la década de 1960, a propósito del éxito de Los recuerdos del porvenir.

Sommers estaba interesado en comprender el papel del tiempo no lineal en la novela. La autora explicó esta particular perspectiva evocando su infancia: “Tal vez me viene de que en mi casa se hablaba mucho de Einstein y de la relatividad, y de que papá era budista también, entonces el tiempo en el budismo, el tiempo cambia con las religiones, y comentábamos mucho también el tiempo en México, que el tiempo era finito entre los antiguos mexicanos. Pero el tiempo es variable. Pero como decía mi padre, que como éramos ayer, éramos hoy, y éramos mañana, que es como un juego de espejos”.

La estructura narrativa de Los recuerdos del porvenir juega con esta relatividad temporal. Es una obra maestra, desde el título hasta el punto final

En la historia de Ixcatepec, de los hermanos Moncada y del loco Juan Cariño, la autora retrata la riqueza de la milenaria cultura mexicana en todo su esplendor. También las complejidades de las guerras revolucionarias. Todo en una narración donde se entrelaza una hermosa prosa con amplios conocimientos científicos y religiosos.

La novela muestra a Garro como la única escritora capaz de igualar la compleja expresividad del universo rulfiano

“La culpa es de los tlaxcaltecas”, su cuento más conocido, fue publicado en la Revista mexicana de literatura, en 1964, e incluido en La semana de colores.

Ese mismo año, su cuento “¿Qué hora es?” apareció en la revista Diálogo. Ambos son protagonizados por mujeres mexicanas, que, como su creadora, poseen una percepción particular del tiempo, incomprendida por el resto de los personajes.

La recurrencia de esta relatividad temporal en las narraciones garrianas logra tornar aparentes historias de amor en profundas reflexiones filosóficas sobre el sentido de la vida.

Su escritura poetiza de forma magistral los resultados científicos obtenidos por Albert Einstein, a principios del siglo XX, y que, al decir de la autora, formaban parte del diálogo cotidiano con su padre.

Para Garro, la imaginación era la única vía mediante la cual el ser humano podía liberarse

En su huida mental y física de México, después el 68, ejercitó compulsivamente su imaginación, escribiendo en sus diarios y produciendo decenas de obras teatrales breves y de cuentos infantiles, muchos perdidos hoy.

Para ella, sólo las ciencias podían igualar ese poder liberador: “La historia, como las matemáticas, es un acto de la imaginación. Y la imaginación es el poder del hombre para proyectar la verdad y salir de este mundo de sombras y actos incompletos”, escribió en Felipe Ángeles, una de sus piezas teatrales más conocidas.

Sus testimonios personales no han sido suficientemente atendidos. Puede decirse que su vida padece la misma incomprensión sufrida por las heroínas de sus cuentos

Pero el tiempo, al cual ella reverenció con especial cuidado, se encarga de acribillar sin compasión los libros de algunos muy mentados escritores mexicanos, devolviendo al lector contemporáneo piezas envejecidas, mientras conserva a las narraciones y dramas de Garro en todos sus colores, plenas y actuales, como si hubiesen sido escritas ayer.

No hay otra Elena con el mismo talento en México, no hay otra autora ni autor que haya desarrollado en el país un universo de relatividades literarias tan profundo.

En el aniversario de todas sus muertes, Elena Garro está lista para renacer y celebrar todas sus vidas.

 

Dainerys Machado Vento

Dainerys Machado Vento

Nació en La Habana en 1986, es periodista, editora e investigadora literaria. Tiene una maestría en Literatura Hispanoamericana por el Colegio de San Luis, San Luis Potosí, México y actualmente cursa su Doctorado en Lengua Moderna y Literatura en la Universidad de Miami, Estados Unidos. Recibió el Premio Estatal de Periodismo San Luis Potosí 2016. Trabajos suyos son publicados regularmente en medios estadounidenses y mexicanos, y es la autora del blog letrasqueves.worpress.com, dedicado a temas de actualidad literaria y social.