El oficio de la venganza de L. M. Oliveira El oficio de la venganza de L. M. Oliveira
En El oficio de la venganza, L. M. Oliveira, analiza emociones básicas del ser humano, los celos, la venganza, la cobardía, hace una velada... El oficio de la venganza de L. M. Oliveira

En El oficio de la venganza, L. M. Oliveira, analiza emociones básicas del ser humano, los celos, la venganza, la cobardía, hace una velada crítica al mundillo literario mexicano y, como si fuera la crónica de un cazador, de un hombre despechado y humillado que busca justicia, la que se hace por propia mano, acompañamos a Aristóteles Lozano tras de su presa: Cristóbal San Juan.

“La novela es ante todo la narración de una aventura. L. M. Oliveira lo sabe y utiliza su poder de observación, su mordacidad y la sencillez literaria para contarnos una historia muy poco común; la crónica de un deseo de venganza que recorre los caminos más inesperados”, asegura Guillermo Fadanelli

SOBRE LA NOVELA

¿Qué tanto harías por amor? ¿Son más fuertes los celos y la venganza que el amor? ¿Puede el cobarde dejar de serlo para lavar su honor? A todas estas preguntas se enfrenta Aristóteles Lozano cuando es estafado por Cristóbal San Juan, antiguo inquilino del departamento que habita con Julieta, su novia escritora y Jamón, su bulldog francés.

El oficio de la venganza de L. M. OliveiraPronto, Aristóteles descubrirá que Cristóbal es un pájaro de cuentas, un timador y un cínico que envuelve a todo aquel que se le acerca. Ellos no son la excepción; su vida en pareja, rutinaria y sin preocupaciones –él, crítico literario; ella, escritora en ciernes–, se verá trastocada de tal manera que, una noche, Julieta huye con Cristóbal, llevándose con ellos al perro y la estabilidad emocional de su prometido.

A partir de ese día, Aristóteles hará todo por encontrar a Cristóbal San Juan y en su búsqueda, descubrirá que “Cristóbal es un hombre solitario, atormentado, inseguro, insatisfecho, que dejará tirada a Julieta cuando menos se lo espere”.        Descubrirá que es un personaje complejo, un hombre que busca la transformación, la purificación del alma, ¿un místico o un loco? Aristóteles Lozano se adentrará a lugares insospechados: los vericuetos del alma.

A ojos del buen lector, Cristóbal es un estafador que no deja títere con cabeza, tima a su novia, a su mejor amigo y hasta a su madre, sin embargo, en su huida, se vuelve un “misionero católico que abraza la fe de los aztecas” y en lo profundo del bosque michoacano fundará una aldea: Utopía.

Igual que una road movie, Lozano armará el rompecabezas que es San Juan por distintas ciudades del mundo, Guanajuato, Isla Mujeres, Nueva York, Barcelona, Londres, Morelia y los densos bosques de Michoacán, tomados por el narco y las autodefensas. Atestiguamos la transformación de Cristóbal San Juan, de cínico a místico; y de Aristóteles Lozano, de cobarde a guerrero, quien hará todo por aprender el oficio de la venganza.

En su aprendizaje clasificará los tipos de venganza que existen, la reactiva, la ofensiva y la venganza fría, como la del Conde de Montecristo. Conocerá a personajes complejos, profundos, seductores como el mismo Cristóbal, quien es “capaz de hacer cualquier cosa para dominar a los demás”. Lozano descubrirá que el antiguo inquilino de su departamento, en los años ochenta, lideraba a Los Divinos, un trío de estafadores compuesto por Tristana, su novia de ese entonces y Cabaca, su mejor amigo, quienes estafan más por diversión que por necesidad, porque para Cristóbal San Juan “una buena estafa era poética”.

Al final de El oficio de la venganza, del sello Alfaguara del Grupo Editorial Penguin Random House, descubriremos que todos tenemos un “código de honor medieval”, que respiramos por las heridas y que por amor, celos o venganza, dejamos de ser cobardes, “esclavos de los acontecimientos”.

 FRAGMENTOS

Los edificios viejos, cuando están en buen estado, suelen ser más sólidos, espaciosos y bellos. Me costó mucho trabajo encontrar alguno que satisficiera mis expectativas. De entre los tres o cuatro que más o menos tenía en la mira, ninguno valía realmente la pena. Pero un día encontré el adecuado. Fue así: después de una larga jornada de búsqueda infructuosa, tomé asiento en una terraza y pedí un expreso. La luz del sol era tan apacible y cálida que aquel momento también pareció bueno para leer. Saqué el best seller que me ocupaba esos días y un cuaderno de notas, pues debía anotar mis impresiones; así lo exigía mi profesión de crítico literario: tenía una columna, que escribía bajo seudónimo, en la que cada semana hablaba de estructuras, personajes, influencias, debilidades, inteligencia, valentía, fuerza del lenguaje. El nombre falso me daba la seguridad de la que carecía en la vida. Si todo fuera tan fácil como esconderse detrás de una careta…

Después de leer un par de capítulos hice una pausa y levanté la vista del libro, quería procesar alguna idea y apuntarla. Entonces, la mano de una mujer que ponía un letrero de “se vende” en una ventana del edificio de enfrente me distrajo. Qué casualidad. Miré con otros ojos la edificación, parecía, al menos por fuera, justo lo que buscaba: sólida, antigua, bien cuidada. Así que pedí la cuenta para ir a informarme, no dejaría pasar ese golpe de suerte. Pero más se tardó el mesero en traer el cambio, que la mano de un hombre en retirar el susodicho cartel. Esto, tras un jaloneo con la frágil mano femenina que, unos minutos antes, lo colocó en la ventana. Supuse que se trataba de una disputa de pareja: ella quería vender el departamento y marcharse para siempre; él, en cambio, fincaba todas sus esperanzas de tener un hogar en ese piso con vista al parque. Pronto descubrí lo equivocadas que eran mis cavilaciones.

El oficio de la venganza de L. M. OliveiraPude ser más enérgico o cabrón, pero no era mi carácter. Julieta me besó y me llevó a su casa. Era un tipo recatado y convencional. Esa noche Julieta me dejó intrigado, tenía una maestría con la que nunca antes me topé. Y claro, yo no era ningún experto en la cama, pero hallé algo completamente desconocido. No hablo de acrobacias ni de ningún tipo de movimiento gimnástico inusitado; era algo en la sensualidad de su cadencia, en los sonidos de su boca, no sé cómo lograba cubrir con candor su cachondez. Me enamoré y ella seguro halló algo en mí. Dudo que todo ese tiempo que pasamos juntos fuera una farsa. Sólo una gran actriz habría sido capaz de llevar a cabo una actuación de esa calaña. Y Julieta no era gran actriz, sólo era hipócrita. Además, ¿por qué motivo habría mantenido aquel teatro? ¿Por dinero? Seguro que no, su familia era rica, no necesitaba un peso. Además, cuando se marchó, no se llevó nada. Bueno, al perro, y también el anillo de compromiso que le di, pero eso fue idea de Cristóbal. Me lo dijo Julieta cuando la volví a ver.

Luis Muñoz Oliveira. Es investigador del CIALC-UNAM. Ha publicado las novelas Bloody Mary (Literatura Random, 2010), Resaca (Literatura Random, 2014) y Por la noche blanca (Ediciones B, 2017), así como los ensayos La fragilidad del campamento (2013) y Árboles de largo invierno (2016).

Redacción Horizontum

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