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El desafío económico de la presidencia El desafío económico de la presidencia
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A AMLO sus adversarios lo quieren derrotar por el lado económico. La desaceleración mundial es letal para un proyecto de alternancia fundacional en México. El desafío económico de la presidencia

El presidente enfrenta un gran desafío económico. López Obrador sus numerosos adversarios lo quieren derrotar por el lado de la economía. Y, en una coyuntura en la que las variables macro evidencian el inicio de un proceso de desaceleración, esto no solo es posible sino letal para un proyecto de alternancia fundacional en México. A nivel global, disminuyen las perspectivas de crecimiento. Para 2019, la estimación optimista es que el producto mundial sea de 3.7 por ciento, pero bien podría ubicarse por debajo de ese nivel. Los factores de riesgo son, entre otros, la disputa comercial entre Estados Unidos y China, el débil crecimiento en Asia y Europa, economías con altos niveles de endeudamiento y, sobre todo, condiciones financieras más restrictivas. La incertidumbre proviene principalmente de los problemas fiscales de Italia, el Brexit y los niveles industriales a la baja de Alemania. El mismo fenómeno de desaceleración lo registra Japón y las economías emergentes: Argentina tiene tres trimestres consecutivos de contracción económica, con una inflación anualizada de 47.6 por ciento; la economía turca observa una contracción del consumo y la inversión. A nivel nacional, en 2018, el PIB registró un crecimiento de apenas 1.8 por ciento. El balance del sector público registró un déficit de 2.1 por ciento del PIB (495 mmdp); el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público se ubicó en 44.8 por ciento del PIB.

El panorama económico con el que lidia el nuevo gobierno no es bueno. Se registra una marcada desaceleración económica de la zona euro. Si bien la actividad económica de China continúa en expansión con 6.4 por ciento de crecimiento de su PIB en 2018, también observa señales de desaceleración. Para 2019, el PIB de EE.UU. prevé un crecimiento muy modesto de 2.3 por ciento.

Durante 2018, los precios internacionales del petróleo mostraron una tendencia decreciente. El WTI se ubicó en 59.3 dólares por barril; la mezcla mexicana de exportación, en 62.8 dólares por barril y el Brent del Mar del Norte en 67.7 dólares por barril.

Moody’s redujo la calificación soberana de Italia y Costa Rica; Standard and Poor’s bajó la calificación de Argentina; Fitch redujo la de Nicaragua y Omán.

El déficit del Sector Público mexicano, al cierre del 2018, fue del 2.1 por ciento como proporción del PIB, ligeramente superior al proyectado originalmente de 2.0; el déficit comercial se ubicó en 13 mil 704 millones de dólares, dos mil 736 millones de dólares más que el observado para el 2017. Esto se explica por el mayor déficit registrado de la balanza de productos petroleros.

Las tasas de los bonos de la deuda mexicana a tres y 30 años se ubicaron en 8.87 y 9.12 por ciento, respectivamente, lo que implica un incremento de 91 y 94 puntos base respecto al cierre del tercer trimestre de 2018. Los contratos de futuros del peso frente al dólar para entrega en diciembre de 2019 se ubican en 20.8 pesos por dólar.

El desafío económico de la presidencia

Fitch Ratings ratificó la calificación soberana, pero disminuyó la perspectiva de la deuda mexicana de estable a negativa, ante la evidencia de que bajarán las inversiones y, con ello, se reducirá la producción.

En 2018, los ingresos petroleros aumentaron 12.8 por ciento real debido al incremento en el precio promedio de exportación de la mezcla mexicana de petróleo, efecto que tuvo su contraparte en la disminución de la producción de petróleo. (Véase: SHCP, 2019).

¿Qué elementos ayudan a que la economía mexicana no tenga un mayor deterioro? Uno de ellos, los plazos de vencimiento de los pagarés de la deuda y la proporción en la moneda en que están nominados. Al cierre del 2018, el 76.7 por ciento de la deuda del Gobierno Federal se encontraba nominada en pesos y el 23.3 por ciento en moneda extranjera. El plazo promedio de vencimiento de la deuda interna es de 7.96 años y el de la deuda externa de 19.39 años. Recordemos que uno de los factores que detonaron la crisis del llamado error de diciembre en 1994 fueron los vencimientos de los Tesobonos, pagaderos en dólares y la brusca reducción de las reservas monetarias internacionales. Esto, aunado a una abultada fuga de capitales.

Una hipótesis de trabajo es que los adversarios del presidente López Obrador apostaron a una crisis económica temprana, lo que trastocaría el inicio del sexenio y dificultaría la reforma social. Una de las virtudes de la actual administración es que esa crisis por la que apostaron y apuestan los enemigos de la izquierda social, no se ha presentado y que, pese al contexto internacional y a la herencia que dejaron los gobiernos del interregno 2000-2018, los fundamentales económicos se mantienen a flote: la tasa de desocupación en 3.4 por ciento; la de inflación en 4.83 por ciento; la paridad en 19.67 pesos por dólar.

Todo estaba preparado para que estallara la crisis económica y, por esa vía, trastocar el inicio de la actual administración. El manejo de la economía por parte del presidente no es un logro menor. Y es necesario reconocerlo.

Primero.- Se aprecia una tendencia decreciente de la tasa de inflación, con una paridad cambiaria en la banda de los 20 pesos por dólar, así como una tasa de desocupación abierta también a la baja; sin embargo, a nivel internacional, hay evidencia de una desaceleración de las principales economías: Japón, Alemania, Estados Unidos e Italia, principalmente.

Segundo.- La economía mexicana evoluciona en un contexto de incertidumbre financiera, lo que sugiere la pertinencia de una política monetaria restrictiva, lo que dificultará el crecimiento.

Tercero.- Las principales variables económicas confirman el margen estrecho heredado por la anterior administración al actual gobierno en materia de equilibrio financiero. Por esto, es de llamar la atención que pese al contexto nacional e internacional marcado por la incertidumbre y factores de desaceleración, la economía de México se mantenga como una de las más estables de la región con una tendencia a la baja en inflación, desempleo y tasas de interés.

El desafío económico de la presidencia
El desafío económico de la presidencia

Pero lo anterior, aunque es un acierto no es suficiente para que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador esté tranquilo u optimista. El diagnóstico económico no permite ambivalencia: hay un proceso crítico que reducirá aún más el margen de maniobra del gobierno. Esto quiere decir, por una parte, que la ambiciosa reforma social del presidente descansará en programas financiados a partir de la radical austeridad de la administración federal y, por otro lado, que la reforma al modelo económico podría acelerarse.

La privatización fue el vector dominante del modelo que surgió del llamado Consenso de Washington en los años ochenta del siglo pasado. La receta de los organismos financieros asentados en la capital de Estados Unidos fue privatizar, privatizar, privatizar. Así lo impusieron a los países de Europa del Este recién inaugurados en el proceso de transición de una economía planificada centralmente hacia una economía de mercado. Así lo hizo también México, cuyos gobiernos asumieron con particular convicción el nuevo espíritu de los tiempos. A casi cuarenta años de iniciado el periodo neoliberal, se acumulan las evidencias del fracaso.

La privatización del sistema de pensiones es un caso emblemático de este fracaso y explica el regreso que ha comenzado en muchos países a los sistemas solidarios. Este fracaso se explica, entre otros, por los siguientes factores: 1) disminución de la cobertura. En México pasó de 37 por ciento en 1996 a 30 por ciento en 2004; 2) deterioro de las prestaciones vinculadas a la pensión; 3) agravamiento de la desigualdad de género y de ingresos; 4) riesgo financiero: la privatización socializó las pérdidas del sistema; 5) aumento en los costos administrativos; y, 6) reducción de los beneficios pensionarios.

La reforma al modelo económico es impostergable, pero hacerlo sin cuidado conducirá inevitablemente a una grave crisis que la izquierda social en el poder no resistiría. Los adversarios del presidente esperan que la anhelada crisis económica llegue en 2019, acompañada de otros factores de distorsión: la persistencia de la violencia y la tensión social, por ejemplo.

Entonces, si bien hay elementos para aplaudir el manejo de la economía por parte del nuevo gobierno, también los hay para evitar visiones optimistas que no caben ante la evidencia de un proceso de desaceleración que elevará el costo social de la reforma en curso y que bien podría trastocar la hoja de ruta de la llamada Cuarta Transformación.

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Gerardo Nieto

Gerardo Nieto

Doctor en Economía con mención honorífica por el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM; profesor en la División de Estudios Profesionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales; articulista en revistas especializadas y diarios de circulación nacional; autor de varios libros sobre política, educación y economía; conferencista en foros nacionales e internacionales.