El autoestima de lo mexicano: una génesis entre la Historia y la Cultura El autoestima de lo mexicano: una génesis entre la Historia y la Cultura
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A la memoria de todas las víctimas del terremoto del 7 y 19 de septiembre Hay una extensa bibliografía sobre el tema, aunque muchos... El autoestima de lo mexicano: una génesis entre la Historia y la Cultura

A la memoria de todas las víctimas

del terremoto del 7 y 19 de septiembre

Hay una extensa bibliografía sobre el tema, aunque muchos documentos fueron escritos durante la primera mitad del siglo XX, lo cual hace pensar que antes no había un interés intelectual por discutir la mexicanidad.

Autores como Samuel Ramos (El perfil del hombre y la cultura en México, 1931), Gabriel Méndez Plancarte (Prólogo a Humanistas del siglo XVIII,  1941), Leopoldo Zea (El positivismo en México, 1943), Octavio Paz (El laberinto de la Soledad, 1951), y Guillermo Bonfil (México profundo: una civilización negada, 1987), entre otros, han indagado, desde distintas posturas, una respuesta a la pregunta: ¿Qué es la mexicanidad?

Esta cuestión inquieta tanto, que se ha vuelto un debate social y antropológico, incluso la Psicología ha intervenido para comprenderlo mejor. Dicha interrogación podría parecer resuelta; no obstante, queda mucho por decir al respecto.

Hasta ahora simpatizan caracteres e identidades sobre el ser mexicano, heredados por las obras mencionadas según el aspecto cultural, axiológico e histórico.

Todo surge por la necesidad de dar origen y explicación a aquello que se ha denominado mexicano

¿Existe lo argentino, colombiano, japonés, vietnamita, alemán o neozelandés? Me parece que no. Si acaso la naturaleza mexicana fuera cierta, no es homogénea sino heterogénea, e igual de complejo resulta especificar cuándo y dónde nace.

Las características propias de este fenómeno responden más al interés político, durante el siglo XX, por crear una identidad nacional que al detalle psicológico y anímico de tal supuesta esencia mexicana.

Uno de los problemas más terribles, sin duda, es descubrir nuestro origen. Esto afecta a todo ser humano

Algunos de los distintivos más mencionados sobre la génesis de lo mexicano se encuentran en muchos textos del siglo pasado y, en su mayoría, giran alrededor de la soledad, la baja autoestima, el sentimiento de inferioridad y otras patologías como el síndrome del colonizado.

El autoestima de lo mexicano: una génesis entre la Historia y la Cultura

Dicha incertidumbre deriva de la falta de raíces directas, pues el mestizo y el criollo son resultado de diversas mezclas entre europeos y americanos y esclavos de raza negra, por eso nunca residió el reconocimiento en su totalidad del mundo indígena ni del español como sus predecesores inmediatos o remotos.

El ciudadano que se independiza de la Corona española es otro, alguien carente de personalidad y valores genuinos, es un ser disperso, ambiguo y en muchos casos ignorante, no sólo en su sentido educativo sino también cultural.

Es decir, este nuevo poblador de la nación independizada no poseyó una labor original para la creación de los elementos materiales y espirituales originarios que le permitieran, a la postre, la instauración del sello de México.

A partir de la Colonización se dan los siguientes fenómenos histórico-culturales que ayudan a entender el problema en cuestión:

1.- El destierro del nativo en la Nueva España durante el siglo XVI;

2.- El pasado mesoamericano prácticamente abatido a lo largo del siglo XVII provocado por la Evangelización; y,

3.- La trasplantación de las ideas políticas y sociales ilustradas, posterior a la Independencia de México, correspondiente al siglo XVIII.

La mexicanidad, como se constata, no tiene un rostro, sino es un mosaico, afirmaba Paz, de máscaras

No existe un génesis único y contiguo, su descripción no es natural sino la inevitable obra histórica y cultural de hechos, unas veces, accidentales y, otras, forzados.

Lo mexicano es una construcción más o menos fallida, no menos una suerte de aglutinación de diversas caras; es decir, el perfil del mexicano es complexo y versátil.

Hasta ahora no hay un acuerdo total sobre las tipologías y a partir de las décadas 20-30, del siglo XX, comienza a escribirse a este respecto.

Cabe decir que al momento de estos hechos descriptivos, está presente la preocupación por diseñar el nacionalismo de México, cuyo suceso cultural y social responde, en realidad, más a una modernización de la ciudad, especialmente, en la zona central del país.

Y a la vez esto es, en su práctica, una obligación económica, pues también se formalizaba, en aquellos años, el umbral de los estados-nación constituidos internacionalmente en el período de las dos grandes guerras mundiales.

El autoestima de lo mexicano: una génesis entre la Historia y la Cultura

En los siglos previos, no existió un interés verdadero por formular el ser del mexicano, eso es una idea cuyo propósito surge después de la Revolución y en conjunto al proyecto de nación de la gente que, en ese momento, ocupó el poder.

La creación de otro ser diferente al burgués del Porfiriato y, totalmente, ajeno a la cultura indígena: lo mexicano es un ente muy diferente al mestizo.

La hipótesis supuesta radica en identificar el todavía ambiguo ser del mexicano con un nacionalismo sensiblero, populista y conformista postrevolucionario. Ahí surge dicha silueta.

La baja autoestima atribuida a este carácter tiene su génesis en el desarrollo de una filosofía que explica lo mexicano

Lo real existente es el afán de fincar a través de la historiografía, la política y la cultura del Estado, resultado de la Revolución Mexicana, la ontología que lo especificara, así como su ideología producto del paulatino pensamiento liberal reescrito en la Constitución mexicana de 1857 y que llegaría, por lo menos, a la primera mitad del siglo XX.

Una segunda hipótesis radica en la demagogia e interés por cultivar la identidad de lo mexicano, como se postula en la primera tesis, desde el poder; en otros términos, la política del país promueve de modo maniqueo, usando el campo intelectual, la apología de la mexicanidad para argumentar y justificar los beneficios de la Revolución, así como la edificación de su Estado.

El reparto de las tierras supuesto en la historia de México, a través de las primeras décadas de la centuria, tiene una desventaja: el ejercicio de la propiedad privada como acto que traslada los ejes centrales del liberalismo europeo a las leyes que validaron la posterior política de México como país independiente.

El autoestima de lo mexicano: una génesis entre la Historia y la Cultura

Así, pues, estos dos planteamientos explicarían, me parece, la complejidad del tema. Los mestizos heredan el poder asumiendo la supremacía racial. Después de consumada la independencia en 1821 y legalmente decretada en 1824, México constituyó el espíritu de leyes ajenas, una estructura de Estado que abandona una cultura e historia, la de Mesoamérica, para adoptar otro pensamiento muy distinto, el europeo.

Borrar una cultura para robarse otra, así comienza la vida del ¿mexicano?, quien en realidad carecía de alguna naturaleza cuando los liberales prescribieron el proyecto de nación

En el siglo XIX no había preocupación alguna por hablar o definir la mexicanidad, porque estaba ausente, no existía; no se puede discutir sobre algo que no es palpable en lo social.

En realidad se exhibió demasiada ocupación por establecer las ideas sociales, encontrar lazos económicos y, en especial, proyectar los pensamientos políticos para la nueva nación.

Tales distintivos se tomaron directamente de los escritos de Jean-Jacques Rousseau, mismos que se fincaron en las ideas de John Locke y de todo el desarrollo liberal francés, ocurrido a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX.

Todo este progreso histórico y cultural gravita en torno a una única idea: la Libertad. La Constitución de nuestro país de 1857 lo valida

De esta manera, la prescripción legal forjaría una idiosincrasia falsa y, al mismo tiempo, la división social. La clase liberal es el burgués encargado de tomar las decisiones del país, pero el otro sector social, aquel que corresponde a la clase baja, sólo obedece, no participa de la voluntad común. Dicho nacionalismo fue continuo, elitista y discriminatorio.

Todavía a mitad del siglo anterior se ejerce el síntoma sensiblero, muy peculiar al lado de una postura segregacionista contra el mundo indígena, aunado a la figura masculina y machista erigida por el cine de la época de oro

En síntesis, la baja autoestima mexicana es supuesta, pues lo que en verdad estuvo manifiesto, por una parte, fue el rostro falseado y maquillado durante la transposición cultural, evidentemente incierta, cuando liberales y conservadores disputaban entre sí el poder; y, por otro lado, la inevitable trasplantación de valores al momento de construir el proyecto de nación postrevolucionario.

Fernando Salazar Torres

Fernando Salazar Torres

(Ciudad de México, 1983). Poeta, ensayista y gestor cultural. Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa (UAM-I), también obtuvo el grado de Maestría en Humanidades (UAM-I). Ha publicado el poemario Sueños de cadáver (El golem editores, 2010) y Visiones de otro reino (El golem editores, 2015). Su poesía y ensayos se han publicado en distintas gacetas y revistas literarias impresas y electrónicas. Coordina las mesas críticas sobre literatura mexicana, “Crítica y Pensamiento sobre poesía y narrativa en México”. Dirige un Taller Literario. Colabora en la revista literaria Letralia. Tierra de Letras con la sección “Voces actuales de México”.