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Cartas a mi amigo Antón XIII Cartas a mi amigo Antón XIII
Empiezo a pensar que solo el futbol es capaz de reproducir aquellos milagros de los que hablan los evangelios. Cartas a mi amigo Antón XIII

6 de julio

Querido, Antón, ¿has notado que conforme uno se acerca al final pareciera que éste se precipita? Pasa cuando te avientas a la alberca desde la plataforma de diez metros y pasa con el Mundial. Uno quisiera simplemente que los últimos instantes durarán un poco más para poder disfrutarlos, pero no. El golpe contra el vació es inevitable. Esto para algunos es la muerte, para otros como Heidegger es el no-ser, para mí son cuatro años de espera mundialista. Sí, tenemos la Champions, pero esto no es sino un simple consuelo para el vacío de la existencia como lo son el sexo o la comida.

¿Cómo se va organizar la copa de la FIFA cuando la revolución mundial haya abolido las naciones?, preguntó el poeta Oscar De Pablo en Twitter. Yo pienso que bien se puede dividir entre los que piden salsa verde y los que piden salsa roja; mi maestro Israel Ramírez dice que se divide entre los que piden chipotle y los que piden rajas. También podríamos pensar que el mundo se divide entre los que viven el Mundial en la cancha y los que lo vemos desde nuestra casa. Sin embargo, una a una las naciones y los jugadores van dejando la competencia y toman lugar en sus respectivos sofás. Es acaso la derrota en el Mundial lo único capaz de igual a todos los hombres, sean ricos o pobres, sea Messi o sea yo. La derrota, pues, termina por hermanarnos a todos los humanos.

Por otra parte, Antón, empiezo a pensar que solo el futbol es capaz de reproducir aquellos milagros de los que hablan los evangelios. Por ejemplo, exclamar “gol y anda” y hacer que el Maestro Tabárez se levante para festejar una anotación de sus pupilos. Sin embargo, hoy no hubo milagro. Sólo una selección francesa de jovencitos que aún no saben lo que es la vida porque aún no han probado la amarga derrota. Sí, perdieron una Eurocopa contra Portugal. Pero equiparar esa derrota a las que han sufrido Messi o Ronaldo, por ejemplo, es como querer comparar un catarro con una pulmonía. Muchos expertos dicen que Mbappe es el sucesor de Messi y Ronaldo, que por algo los sacó del Mundial. Sin embargo, el siguiente mejor jugador del mundo no está, por el momento, en esa selección pues hay golpes en la vida… y ellos aún no saben. Casi a todos esos jugadores les faltan unos cuantos raspones para lograr forjar un verdadero carácter de campeón.

Por otra parte, debo decirte que Luis Suárez me ha decepcionado. No ha cometido ninguna atrocidad durante el Mundial. El más humano de los futbolistas se ha comportado como cualquier otro futbolista. Como un verdadero profesional. Porque errar es de humanos, mientras que aceptar la derrota es de simples y mundanos deportistas. Inaceptable, pues si por algo sentía una mayor empatía con Luis Suárez era por su capacidad de triunfar contra la adversidad únicamente para errar en los momentos importantes. Su amigo Neymar, también se despide del Mundial. Él ya ha tenido algunos tropiezos, pero aun así parece no aprender nada. Pasa demasiado tiempo en el suelo.

Se apagan las estrellas y sólo van quedando los equipos. El mundo está cambiando: los héroes ya no pueden guiar a la humanidad. Pareciera que el Mundial nos demuestra que sólo los humanos pueden guiar a los humanos. Ni dioses, ni leyendas, ni extraterrestres ni astros. Sólo el trabajo colectivo.

 

07 de julio

Los Cuartos de final todavía no terminan y los americanos ya estamos de nuevo en nuestro lado del charco. Nos hemos regresado sin futbol, cargados sólo derrotas. Pareciera que fuera ayer cuando llegaba al Río de la Plata ese juego inglés donde se tiraba una pelota con pases largos, cabezazos y uno que otro toque. Ese juego que después, como todo lo bueno, se entremezcló y se nutrió de la tierra americana. Naufragó un acordeón y nació el tango y la cumbia; arribó el alfabeto y escribió Guamán Poma; atracó el futbol y nació el joga bonito con su samba de fintas, de engaños y malicia. Sin embargo, Europa reclama de nuevo su invento. En realidad esto no es tampoco muy nuevo. Hace tres Mundiales que el único equipo americano en llegar a una final ha sido la Argentina en 2014.

También se va la Rusia anfitriona y todos nos quedamos con las ganas de ver a Lenin resurgir de su tumba como pasa en el célebre capítulo de Los Simpson. Sin embargo, el partido ha sido bélico hasta el último momento, casi tanto como lo son las historias de estos países. Pienso que alguien debería escribir una novela que se llame “Danijel Subašić, el hombre que sobrevivió a dos paredones de fusilamiento en la Rusia”, pues nuevamente el portero, contra todo pronóstico ha llevado, con nervios de acero, desde los penales a su equipo a una semifinal. Algo que no es poca cosa y menos conociendo el carácter volátil de los balones mundialistas.

Empezaría a apoyar a Croacia, pero ya me da miedo arruinarles el Mundial. Presiento que alguien me ha echado mal de ojo, Antón, pues he apoyado a Perú, Argentina, España, México, Colombia. Después me quedé con Uruguay y Rusia. Incluso mi amigo Lalo ha lanzado la campaña #YaBastaJoaquin para que deje de apoyar a los países. Y algo tiene de razón, pues argumenta de manera sólida que “a todos los equipos que apoyas los eliminan”.

Presiento que la final será entre dos titanes que ya se enfrentaron con un daño mínimo: una es campeona del mundo sub-17 y sub-20. También algo nos debería decir que Inglaterra sea el único equipo cuyos 23 integrantes juegan en su país. Bélgica, por otra parte, es un equipo más bien callado, pero que viene haciendo las cosas bastante bien. Con modestia, pero contundente. Si estos dos son eliminados prometo mantenerme neutral en la final. No sería justo para ningún equipo: ser un salado conlleva una gran responsabilidad.

 

9 de julio

Me pregunto si al final uno se puede volver especialista en fracasos. Si uno, tarde o temprano, se acostumbra a ver cómo pierden los suyos. A estas alturas me siento deambular en un mar sin viento. El Mundial ya va en semifinales y los partidos más llamativos naufragaron. Solo queda mirar a ratos los partidos que no nos interesan y pensar en todas las alineaciones posibles que no fueron. Soñar con una semifinal Uruguay-Brasil en la que los charrúas reafirmaran su maracanazo. Una semifinal entre México y Colombia en donde Osorio se debatiera entre el deber y la traición a su patria.

En fin, Antón, que es tiempo de retomar poco a poco la vida: es hora de revisar el periódico y ver cuánto se devaluó tu bitcoin, hay que salir a comprar leche, y llamar de nuevo al plomero porque el grifo otra vez gotea. Todas esas cosas que pudimos poster por el simple hecho de que había Mundial. Yo, por ejemplo, acabo de caer en cuenta de que hace unos días que dejó Carmen. La verdad es que no le he puesto mucha atención en el momento. Sólo entendí que había hecho algo mal, aunque al final no me ha quedado claro qué. La verdad es que no sé bien qué pude haber hecho mientras estaba tumbado en el sillón, pero ya saqué mis libros de Kant para ver si me perdí algún apunte de ética. Quizá haya sido alguna de las muchas blasfemias que solté contra los brasileños, quizá le haya molestado que constantemente criticara que Neymar no se toma en serio el futbol, porque sólo alguien que desprecia este deporte se pasa tumbado todo el partido en el césped.

Pese a la incógnita, no creo que haya habido mejor momento para que Carmen me dejara. El Mundial se va acabando y uno tiene que empezar a salir a la calle, distraerse y fingir que es feliz. Hace cuatro años nadie tomaba demasiado en serio mi tristeza post-Mundial. Al parecer estar triste porque faltan cuatro años para el siguiente Mundial no es algo justificable. Honestamente es que pocas veces he entendido cuáles son razones adecuadas para estar feliz y cuáles para estar triste. A veces me alegra la tarde si veo a alguien que se tropieza en las escaleras o si alguien derrama café hirviendo en su entrepierna. Otras veces me pone triste un día soleado. En fin, al menos una ruptura amorosa parece ser una razón adecuada para andar triste. El camuflaje perfecto para lograr pasar inadvertido los siguientes cuatro años.

Mañana juega una Francia a la que no le encuentro méritos y que me ha aburrido durante todo el Mundial. Bélgica es un equipo que, como niño bueno, cumple y hace todo bien, pero le falta malicia. No le encuentro el interés por ninguna parte a ese partido. Seguramente va a ganar Bélgica, pero por decir esto seguro que ganará Francia. Aun así no me perderé el partido porque es el Mundial y como decía mi madre de niño cuando no quería terminarme las verduras: “no estamos como para andar desperdiciando nada”.

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Redacción Horizontum

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