Cartas a mi amigo Antón VIII Cartas a mi amigo Antón VIII
El río ha vuelto a ser el mismo río de siempre y hoy México regresó a su tradicional estilo de juego. Tú lo has... Cartas a mi amigo Antón VIII

27 de junio

Querido Antón,

El río ha vuelto a ser el mismo río de siempre y hoy México regresó a su tradicional estilo de juego. Tú lo has visto, querido amigo, nos hemos complicado lo que ya teníamos asegurado. Con un empate pasábamos holgadamente a octavos, pero eso nos ha parecido demasiado mezquino y hemos querido perder ominosamente contra Suecia. Hemos decidido que si clasificábamos no sería por mérito propio, sino gracias a otro país. Si vamos a morirnos, nos vamos a morir en la raya. La raya que ha dibujado otro, por supuesto.

A los mexicanos nos cuesta imaginar que la vida puede ser algo fácil, algo sin complicaciones. Que la vida es algo que amerita sufrirse, luchar y llorar. Nos cuesta imaginar, pues, cosas chingonas. Lo nuestro lo nuestro es soñar. Por eso cuando las cosas van viento en popa, somos los primeros en hacerle un boquete a la embarcación, porque vaya que sería aburrido un viaje en donde no tuviéramos el agua hasta el cuello. Hay días en los que uno amanece insoportablemente lleno de sueños y esperanza. Días en los que uno amanece gritando “¡Arré, México!” y frente a esto no queda sino meter inmediatamente el pie en un charco. Simplemente no podemos vivir de otra manera.

Como anoche cuando desmonté todo el lavabo para averiguar de dónde provenía un misterioso charco que aparecía cada mañana desde hace semanas. Al no hallar por dónde se filtraba el agua pensé que era buena idea desarmar el mueble del baño. Posiblemente la fuga esté detrás, pensé. Luego he continuado con el retrete y al final desarmé también la regadera. La fuga nunca apareció. “Solo tenía que apretar el grifo con las pinza”, me ha dicho el plomero que contraté para que me ayudara a poner todo en su lugar de nuevo.

Pero esto no debe sorprenderte, querido Antón. Si los alimentos de cada día los aderezamos con insufribles picantes, no debería sorprenderte nuestra manera de entender el futbol. No debe sorprenderte que los mexicanos hayamos ido al Ángel a festejar tras perder 3-0, pues hemos disfrutado al máximo este sufrimiento que para otros hubiera sido indeseable. “No sé si están bailando porque pasamos a Octavos o porque de nuevo perdimos”, comentó Carmen al ver a una multitud bailando al compás de la Sonora Dinamita bajo el monumento del Ángel. Al final, Carmen me jaló al cine mientras decía que llegaríamos tarde al ver que me quería quedar, pues me parecía sencillamente hermosa la posibilidad de que todos estuvieran reunidos ahí por la derrota.

Esta mañana la ciudad se llenó de gente con playeras de México y maletines corriendo a toda velocidad. Algo de por sí ridículamente hermoso. Y aunque por la tarde toda esta coreografía ha desencadenado en un funeral, no ha sido cualquier funeral. Porque eso es lo bello de nuestra gente: mientras otras naciones se ponen a trabajar sometidas por la sombra de la derrota, nosotros florecemos por las calles llenos de dicha en la derrota. Nos basta con estar vivos; estar con la gente que queremos. No tenemos nada que festejar y aun así siempre habrá cientos de mexicanos corriendo por las calles bailando, cantando y riendo. Deberíamos estar enterrando nuestra esperanza, pero ésta es terca y constantemente se escapa de su tumba para irse de parranda. Ahora no sabe cuántas copas más se pueda tomar antes de que la corran definitivamente del Mundial así que aprovecha. Cualquier extranjero que ande turisteando pensaría que México ha ganado la Copa del Mundo o algo parecido. Pero no, simplemente hemos perdido de manera humillante.

Por otra parte, sospecho que tanto vodka en tus tierras ha influido un poco en nuestro juego de hoy. Es cierto que casi siempre jugamos a perder, pero otra cosa es ponerse a jugar ruleta rusa: un gol está bien; dejarse meter dos podría pasar por algo considerable para nuestros estándares; pero empezar a meter goles en propia puerta sólo puede ser un delirio de grandeza etílico. Pareciera que Osorio y el equipo cargaron el revolver esperando tener a la suerte de nuestro lado y que hoy Alemania no fuera Alemania. Y afortunadamente así fue, pues aunque nuevamente jugamos como siempre, pudimos ganar como nunca. Hemos disparado cinco veces y la bala nunca ha salido. Seguimos respirando.

Corea mató a la hidra y evitó que nos devorara. Pero las demás cabezas no han tardado en surgir: el lunes nos enfrentamos a Brasil. Nunca le hemos ganado a Brasil en la Copa del Mundo. Argentina, Uruguay, Rusia, España, Bélgica, Inglaterra y demás siguen dando pasos firmes. No sé cuánto tiempo nos quede en el Mundial, querido Antón, pero si algún día cuentan nuestra historia en Rusia, digan por lo menos que los mexicanos sobrevivimos a los alemanes.

 

Redacción Horizontum

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