Cartas a mi amigo Antón VI Cartas a mi amigo Antón VI
Jamás digas de esta selección no voy a depender, pues nunca sabes cuándo tu vida estará en manos de un completo desconocido. Como esta... Cartas a mi amigo Antón VI

22 de junio

Antón, amigo mío,

estoy que no me reconozco. Hoy me he alegrado hasta la médula por la derrota de Costa Rica. He sufrido cada vez que Navas impedía el gol carioca. Sí, lo sé, soy un salvaje, un bárbaro, un ser despreciable. Esta mañana ni siquiera me he podido ver al espejo mientras me arreglaba para ir al trabajo de la puritita vergüenza y he tenido que ir con el rostro parchado de tantas veces que me corté al rasurarme. Cómo puede uno alegrarse de que pierda el equipo chico, el menos favorito. Pero como mexicano tengo una buena excusa, que no es lo mismo que decir que sea convincente. Te imaginas, amigo, tanto esfuerzo cuesta arriba sólo para descubrir que íbamos en sentido contrario; de haber sabido que de pasar en primer lugar del grupo nos íbamos a encontrar con un Brasil, mejor perdíamos contra Alemania. Sí, muchos dicen que para ganar la copa hay que ganarle a los mejores. Y mientras esto sea mera retórica estoy de acuerdo, pero no si lo dicen en serio. A veces ganarle a los mejores del mundo es simplemente no cruzarte con ellos. Así sobreviviste a la secundaria y así se sobrevive a los mundiales: evitando a los bully. Aquellos orangutanes que a sus doce años ya tenían más barba que neuronas.

Jamás digas de esta selección no voy a depender, pues nunca sabes cuándo tu vida estará en manos de un completo desconocido. Como esta tarde en la que argentinos, messimaniacos y amantes del futbol esperamos que Nigeria pudiera darle los primeros auxilios a la selección albiceleste. De hecho si lo pensamos bien es algo hasta tétrico.  Sobre todo porque el capitán de la selección de Nigeria, John Obi Mikel, declaró unos días antes de que iniciara el Mundial que tiene cuentas pendientes con Leo Messi, un duelo que viene de lejos, desde el 2005. Quizá por eso mismo quieren mantenerlo con vida: quieren jugar contra una Argentina y contra un Messi que aún tengan esperanza. Que aún tengan vida en los ojos para ser ellos mismos quienes apaguen el resplandor en su mirada. Algo simplemente perverso. Cómo cuando el secuaz del malo mata al malo de la película solo para poder matar él mismo al protagonista que agoniza en el suelo. Por eso no es gratuito que los nigerianos hicieran por Messi lo que los argentinos no pudieron: jugar. Jugar como no lo hicieron el Kun, Pipita y demás. No faltará quien diga el mal chiste de que fue porque, a diferencia de Nigeria, Argentina no tenían un Musa. La verdad sea dicha: si los argentinos ya tiritaban nada más de ver a un Alemán, ahora también al ver un islandés o un croata. Por eso apoyaron a Nigeria excusándose en que fue porque tienen un clima más cálido. Pero en realidad era porque ellos tenían su vida en sus manos. Y ahora les toca enfrentarse a sus salvadores. Matar o morir.

Aún así, para clasificar la ecuación es complicada. Y aunque parezca tan sencilla como el E=mc2, en el fondo es complicadísima, algo que muy pocos especialistas logran entender del todo. Entre que Islandia no debe ganarle a Croacia, pero si empatan no debe ser por tantos goles, mejor nos esperamos a los resultados, querido amigo. Que sean los analistas de laboratorio los que nos digan a quién veremos en la siguiente ronda.

También al parecer en Rusia todavía se respira un aire revolucionario, un viento que hace que todos se subleven. Dicen, por ejemplo, que los argentino han montado una revolución contra Sampaoli. Que se han amotinado y que quieren tomar las riendas del barco como lo está haciendo España, aunque ésta no haya sido decisión de los jugadores. Algo que francamente sería una locura, pero al mismo tiempo bellisimo. Como aquel Corinthians de Sócrates o como las cooperativas de aquellos años de cuando el futbol solo era futbol. De cuando uno se podía morir con una sola camiseta sin sentirse fuera de lugar, en lugar de comprar el nuevo diseño cada temporada. Lamentablemente alguien debe advertirles a los argentinos que la revolución, sea en Rusia o sea en el futbol, no puede ser sólo cortar cabezas.

Mañana habrá otro partido, otro clavo sobre el ataúd del Mundial. Y yo sólo puedo recordar aquellos versos de Neruda: es tan larga la espera y tan corto el Mundial. Pareciera que fue ayer cuando el resultado más esperanzador era perder contra alemani 2-0. Y resulta ahora que los coreanos están diciendo que van a jugar como si jugaran contra el siguiente campeón del mundo. Que tras ganarle heroicamente a Alemania somos fuertes candidatos a la Copa del Mundo. Y al parecer se lo toman muy en serio, pues dicen que hasta mandaron espías a la cafetería que está junto a la cancha de entrenamiento. Menudo favor que nos hacen, Antón, pero la verdad es que  esto me suena a una emboscada. En un de esas, tanto andar cruzando la frontera de Corea del Norte fue para comprar una ametralladora de balones o algún cyborg. No sería tan extraño en este Mundial de sorpresa. Hay que tener los ojos abiertos, Antón, bien abiertos.

Redacción Horizontum

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