Cartas a mi amigo Antón IX Cartas a mi amigo Antón IX
Ya habrá tiempo para sentarse cuando acabe el Mundial o al menos cuando saquen a México. Sólo entonces podré descansar. Cartas a mi amigo Antón IX

30 de junio

Antón, amigo,

el viernes no hice absolutamente nada. Se me ha olvidado ir al trabajo, hacer el mandado y de haber tenido un hijo seguramente también se me hubiera olvidado recogerlo en la escuela. Simplemente he cogido un libro, no porque fuera a leer, y me senté en un café. También olvidé ordenar así que sólo he estado ahí, contemplando los caminos de la vida que en estos días sin Mundial se ven apacibles y tranquilos. Como si la vida estuviera en otra parte.

Algunos colegas periodistas, por no decir todos, se pasaron el día diciendo que México no va a poder ganarle a Brasil. Al otro día cambiaron de camisa, de corbata y de opinión, y han dicho durante veinticuatro horas que México tiene equipo para ganarle a Brasil. Ya les ganamos una Copa Confederaciones, la final en los Olímpicos y un Mundial sub-17. Sin embargo, hoy me he dado cuenta de nuevo, mientras no ordenaba un café, que justo cuando estaban por convencerme han vuelto a cambiar de opinión. No los culpo. Quizá incluso por eso sean expertos: por nunca tener una opinión ni una postura definida. Porque así es la vida: un balón que nunca es el mismo balón; a veces chanflea y a veces no.

Además uno tiene que encontrar algo que hacer en estas mañanas y tardes sin futbol. En estas eliminatorias. Y es que son tan largas que si no tuviéramos estas infértiles discusiones olvidaríamos en dos o tres días hasta quiénes somos. Por eso he pasado toda la mañana en un café, sin pedir un café, repitiéndome mi nombre y un resultado que quizá nunca vaya a ser: México 3, Brasil 1.

Quizá este resultado te sorprenda viniendo de mí, sobre todo porque a veces me has reprochado en estas epístolas mi falta de optimismo; mi autoescarmiento; ese regocijase en la propia desdicha. Y tienes razón, pero si lo hago es porque en el fondo yo sólo tengo esperanzas. Por eso constantemente tengo que estarla envenenando. Porque uno no se puede dejar llevar totalmente por el potro blanco o por el potro negro, como decía Parménides. Mi esperanza a fin de cuentas no es la convicción de que algo saldrá bien cuando todo indica lo contrario. Mi esperanza no es sino la certeza de que hay que trabajar para que algo salga bien, independientemente de cómo resulte.

 

1 de julio

Hace un par de días, mientras buscaba qué hacer para llenar ese vacío en la vida que empieza a dejar el Mundial, me puse a armar una silla que compré el mes pasado. Ha sido una de esas sillas que no necesitan clavos ni trabajo duro. Basta con leer un instructivo que puedes consultar, ya sea en francés o mandarín, y con ensamblar las piezas. Al final me sobró un tornillo, pero no le di importancia. Total, en este mundo sobran muchas cosas. Si Argentina y Portugal pueden funcionar sobrándoles Messi y Ronaldo, la silla también puede resistir, me he dicho a mí mismo.

Por unos momentos la silla ha sobrevivido a los exabruptos causados por los ataques de Francia y Argentina. Apenas y se había aflojado, pero me pareció normal. Como cuando el equipo de Argentina perdió contra Croacia y todos pensamos que era sólo porque se estaban adaptando. Es que el equipo se estaba asentando, dijo alguien tras la victoria frente a Nigeria. Al final ese equipo y la silla han reventado y nos metimos tremendo porrazo contra la pared. Un golpe del cual no me repongo. Quizá tarde todo el Mundial en sanar. Y todo por un tornillo extra que no ha terminado de embonar. Igualito que Messi. Esa pieza que pareciera no encajar en ese cacharro de selección. ‪

El manual y el equipo galo venían en francés, que es la lengua del amor. Y ahora también es la lengua de la derrota. Que es decir lo mismo tanto para Messi como para mí. Total que el partido de Uruguay y Portugal lo he tenido que ver de pie. Admito que ha habido una suerte de justicia poética con la eliminación de Portugal. ¿Quién es el mejor de la historia? ¿Messi o Ronaldo? Pues resulta que ninguno y para que no haya duda entre sus hinchas se han ido el mismo día.

También admito que me ha sorprendido el gesto de Ronaldo con Cavani al ayudarlo a abandonar la cancha. Un gesto sencillo, cotidiano, que no tiene nada de extraordinario en sí, pero que nos sorprende más bien por venir del madridista. Sobre todo porque si Cristiano hubiera sido Prometeo, seguramente hubiera bajado el fuego solamente para alumbrarnos y que pudiéramos verlo jugar. Mejor dicho, para que pudiéramos admirarlo mejor.

Nuevamente queda demostrado que Rusia no es tierra ata para más monarquías así que Felipe se ha ido con la selección Española. Dinamarca les siguió de  y poco a poco van quedando únicamente los pequeños. Se rompen nuevamente las estadísticas y ocurre lo que todos esperábamos: no saber qué pasará mañana.

Quién ganará, quién perderá. Los rusos han cantado en el vestidor tras su victoria “Brasil se va”. No sé si sea premonición, amenaza o sólo la euforia del pequeño. La verdad es que ahora los tenochas sospechamos que todo el mundo espera que eliminemos a Brasil. Nos toca ser David en un mundo donde el dios es la incertidumbre. Como si no tuviéramos suficiente con el lío que traemos por el momento en nuestra democracia.

Pienso que debo ir a comprar una nueva silla y entonces me pongo a revisar de pie videos de aquellas finales donde México le ganó a Brasil. Escucho en una de esas a Martinoli decir “no te mueras nunca Oribe” que es la única manera quizá de conjugar un “sí se puede México” en tiempo presente. Ya habrá tiempo para sentarse cuando acabe el Mundial o al menos cuando saquen a México. Sólo entonces podré descansar.

Redacción Horizontum

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