Cartas a mi amigo Antón III Cartas a mi amigo Antón III
Mi querido, Antón, perdona que haya abandonada mi carta anterior a medio escribir, pero entenderás que la urgencia por ser testigo de la historia... Cartas a mi amigo Antón III

18 de junio

Mi querido, Antón,

perdona que haya abandonada mi carta anterior a medio escribir, pero entenderás que la urgencia por ser testigo de la historia no me permitía seguir pegado al teclado. En fin, qué te ha parecido el partido de Brasil-Suiza. A mí me ha parecido perfecto. Sobre todo porque fue bastante mediocre. Si de por sí ya era difícil opacar la fulminante victoria de México sobre Alemania, los cariocas al parecer no han querido quitarnos protagonismo y no han jugado demasiado bien para evitar distraer a la prensa internacional. Acaso han ofrecido un empate para que algunos fanáticos se fueran contentos y otros no se fueran demasiado tristes, pero ese empate nada tuvo de mezquino. Sobre todo por ese golazo de Couthino.

Esta mañana, querido Antón, ha empezado como era de esperarse. Me he asomado por la ventana. El día estaba gris y nublado, y no dejaba de llover. Muchas calles de la ciudad estaban inundadas. El metro, como era de esperarse, había colapsado. Y sin embargo sólo he podio pensar en que esta mañana era simplemente maravillosa. “Que hermosa mañana, ¿no te parece?”, le comenté a un compañero al llegar al trabajo.

Sin embargo, antes de dirigirme a cumplir mis obligaciones laborales he aprovechado el partido de Suecia y Corea para barrer la casa. Es el tipo de partidos que te permiten hacer lo que no puedes hacer durante el resto del día en estos meses. Un partido que no es demasiado vertical como para uno tenga pegado el ojo a la pantalla. También son los siguientes rivales de México así que trato de no saber demasiado sobre ellos. Por eso no le he prestado demasiada atención. Hay veces que es mejor simplemente aventarse. Conocer demasiado a tu rival puede hacer que te confíes o, por el contrario, que te paralices de miedo. Es como cuando te vas a aventar a la alberca desde una plataforma de diez metros. Sabes, porque así dice el cartel, que estás a diez metros de altura, pero realmente no sabes cuánto es eso. Si realmente quieres hacerlo, simplemente corres hasta que se acaba la plataforma y te dejas caer. En cambio si te asomas antes de aventarte seguramente terminaras por regresarte hacia las escaleras y te marcharas a casa.

Total que me he dirigido al trabajo y aquella maravillosa mañana se ha vuelto un auténtico calvario. No hemos tenido luz ni agua y los bares más próximos estaban en las mismas condiciones. La civilización simplemente desapareció en estos rumbos y de paso se ha llevado al Mundial consigo. Ya lo hemos hablado hasta el cansancio: la vida no se detiene porque haya Mundial. Pero quién hubiera pensado que era peor que el Mundial no se detuviera porque la vida lo hizo.

Al final he intentado reconstruir un día entero con los resúmenes y repeticiones que he visto durante la noche. Ha sido como si alguien me hubiera golpeado en la cabeza y me hubiera causado amnesia. ¿Quién soy?, ¿a dónde voy?, ¿cómo quedó el marcador? Por otra, parte he recordado las clases de mi maestro David Huerta en la universidad. Sobre todo aquella tarde en la que nos dijo que el peor invento que le pudo ocurrir al futbol fue el cintillo en los programas deportivos. Principalmente en las repeticiones, pues donde se ha visto tremenda barbaridad: mientras uno disfruta al borde del sillón un empate entre Túnez e Inglaterra, en el minuto 75 el cintilo ya te anuncia un gol de Kane al 91’. ¿Miedo a los spoilers en el cine y las series de Netflix? Miedo ese este abuso. Las historias cinematográficas como quiera tienen una historia, una trama, un lenguaje lógico y causal. Si uno se pone muy sesudo puede hasta cierto punto descubrir cómo acabaran todas las películas. Pero en el fútbol no. Ahí nunca sabes qué puede ocurrir porque el futbol es tan impredecible como el humano mismo. Puede que incluso no pase nada. Que no haya giro sorpresivo. Igual que un hombre sentado frente a ti con una pistola apuntándote y que al final no te disparara. Simplemente te deja regresar a casa porque sí: así el futbol.

Pese a esto, querido amigo, puedo decirte que el partido de Bélgica-Panamá me ha parecido una total injusticia. Sobre todo porque el partido ha comenzado con los jugadores panameños derramando lágrimas al escuchar su himno nacional por primera vez en una Copa del Mundo. Cierto, Bélgica jugó muchísimo mejor que Panamá, dominó el encuentro, pero aun así no merecía ganar. Es más, cómo puedes pensar en ganar cuando tu rival se ha emocionado hasta el llanto.

Después me sereno y me acuerdo de que el futbol es futbol. O sea, a pesar de que ya he comentado que estamos en el reino de lo improbable, aun así la brutalidad de la realidad muchas veces se impone. Es decir, en general el grande aplasta al pequeño.

19 de junio

He terminado ayer mi carta diciéndote que el grande siempre aplasta al pequeño. Pero viéndolo fríamente, querido Antón, pareciera que este Mundial más bien se trata de equipos inferiores imponiéndose a los grandes campeones del mundo. Parece ser el Mundial de los fracasistas. Curiosa ironía: los que nunca han ganado nada, encabezan sus grupos. Incluso los que nunca habían ganado un boleto al Mundial le empataron a un equipo con dos estrellas en el escudo. Sin embargo, la verdadera cuestión es cuánto durará esta pequeña ola de justicia en la que el pobre le gana al rico. Porque si algo sabemos de este mundo es que no hay un dejo de justicia. Pero quizá sí lo haya.

La diferencia entre estos equipos es clara. Hay equipos que valen mil millones de dólares y otros que valen acaso uno o dos. Hay jugadores por los que todas las marcas transnacionales se pelean mientras que otros hacen sándwiches en su país. Messi vale, él solo, lo que el equipo mexicano, por ejemplo. Y sin embargo logramos lo que los argentinos no pudieron.

En todo caso, quiero pensar que México va a perder el partido contra Corea. Y quizá sea lo mejor. No vaya a ser que nos intoxiquemos de exitocracia. Debemos volver a lo nuestro, a nuestra filosofía, a nuestro tiki-taka, a las raíces de nuestro futbol: a siempre ganar los partidos imposibles y perder los sencillos.

La victoria de Japón sobre Colombia debería servirnos de recordatorio. No importa que los asiáticos no sean potencia mundial del futbol. Siguen siendo asiáticos y debe mirárseles con sospecha. Nunca sabes en qué momento te pueden soltar una patada que te deje fuera del Mundial. Y más si es Corea, una de las potencias mundiales en taekuando.

Oh, Mundial, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro y a veces grito gol sin querer. Ha terminado la primera vuelta al sol mundialista, querido amigo, y a terminado con una victoria de Senegal sobre Polonia. Otra victoria más del chico sobre el grande. Hasta el momento en ese grupo los dos más chicos van hasta el frente. Un grupo rompe quiniela. Por otra parte, también ya hemos despedido de esta gesta al primer equipo. Quién hubiera pensado que Salah y Egipto se subirían al avión antes que los de Arabia Saudita. Los faraones han pasado a la historia en este Mundial. Y sin embargo tendrás que perdonarme que piense que esto es una injusticia más. Y es que hasta el momento Rusia no ha sido el alma de la fiesta, y aun así le ha bastado para seguir en ella. De cualquier forma, igual eso no importa tanto dado que es su casa.

Emmanuel Herrera

Emmanuel Herrera

Emmanuel Herrera (1991, Ciudad de México) Fue portero del equipo local y boxeador amateur. Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la UNAM y fue alumno del VIII Diplomado en Creación Literaria del Centro Xavier Villaurrutia coordinado por Conaculta y el INBA (2013-2014). Textos suyos aparecen en las antologías La crónica como antídoto: la calle como espacio de intercambio, y las dimensiones del ocio (UNAM, 2016 y 2018). Ha publicado en medios como Noticias, Regeneración, Punto de Partida y Punto en línea, Ágora Colmex, entre otro. Actualmente es becario en la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de Ensayo.TW: @Escrivividor