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Cartas a mi amigo Antón I Cartas a mi amigo Antón I
Sé que ha pasado bastante tiempo desde nuestro último encuentro y que la correspondencia no ha sido tan constante como esperábamos que fuera cuando... Cartas a mi amigo Antón I

14 de junio, 2018

Querido Antón,

Sé que ha pasado bastante tiempo desde nuestro último encuentro y que la correspondencia no ha sido tan constante como esperábamos que fuera cuando nos despedimos aquella tarde en el aeropuerto. Sin embargo, ahora me atrevo a retomarla con el pretexto del Mundial que se realiza en tu país. No sé si estas breves cartas vayan a llegarte, o cómo ande tu castellano. Tampoco sé si vayas a tener tiempo de responder, pero aun así insisto en mandártelas. Prometo incluso tratar de hacerlo una o  dos veces por semana, pues si el Mundial es capaz de reunir a todo el mundo en torno a ese hermoso deporte que es el futbol, por qué no habría de hacerlo con dos viejos conocidos.

Lo cierto es que como a muchos otros me hubiera encantado viajar hasta Rusia. Sin embargo, me tocará seguir el ejemplo de Lezama u Onetti, los grandes viajeros sedentarios, y veré la gesta mundialista desde casa. Claro que no por eso el Mundial deja de ser un viaje sin boleto de regreso. Uno de esos viajes que te cambian, de esos que viajes que te deja agotado y lleno de cicatrices por dentro. En estos casos, como decía el poeta Cavafis, más vale no apresurar el viaje, “mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino”. Perdona estos exabruptos, pero me es imposible no adquirir este tono tolstoitiano o dostoievskiano cuando se trata de tierras Rusas y futbol.

Los días de Mundial sin duda durarán más en México. Con este madrugar para llegar antes a la oficina y ver los partidos de las siete de la mañana, sobrará tiempo en las tardes para sacar los pendientes y despejar las mañanas. Sin embargo, no deja de ser una manera extraña de vivir esta fiesta mundialista entre café y platos de papaya en lugar de asados y cervezas. Afortunadamente alguien tuvo el buen tino de darse cuenta de que si bien no toda hora es apta para un trago, habría por lo menos de inventarse un trago apto para cada hora. Principalmente para hacer llevaderas esas reuniones con los amigos de la universidad que no ves hace décadas y con los que ya no tienes nada en común más que un montón de recuerdo que se van empolvando. Además sirve para refrescar al aficionado cuando el Mundial toca al otro lado del mundo. Sea como sea, el inventor de la mimosa, como el de la penicilina ha evitado incontables tragedias.

Lamentablemente, querido Antón, hasta el trago más dulce de mimosa se amarga por la sola presencia de aquella estirpe que, en lugar de criticar el futbol durante los cuatro años de receso, lo hace cuando el planeta entero se dispone a disfrutar de la mayor fiesta pagana. Incluso pareciera que sólo estos “intelectualizadores” esperan con más ansias el Mundial que los mismos fanáticos del futbol. Y es que nunca faltan esas buenas conciencias, panópticas de la sociedad, que, como diría Galeano, con sus muy agudas mentes nos recuerdan cada cuatro años que hay gente señalada por el dedo de Dios, para decir cuáles son las alegrías permitidas y cuáles no. Cada año he visto a las mentes más o menos promedio de mi generación sentirse las mentes más brillantes de mi generación sólo por repudiar el Mundial. Pero ni la tormenta Bud que tiene desbordada a la Ciudad de México puede ahogar la emoción mundialista. En todo caso ya guardé en el sótano todos mis libros de Borges.

Se vienen tiempos difíciles, querido Antón. No sé si te haya llegado hasta Rusia la noticia de que en México la esfinge del porvenir nos tiene al borde de la incertidumbre. No sólo porque el primero de julio sabremos si pasamos al quinto partido, sino también porque sabremos quién será nuestro tlatoani durante los siguientes seis años y además sabremos por fin sabremos qué paso con la mamá de nuestro Sol de México.

No sé cómo habrá sido la previa al Mundial en tu Rusia, amigo, pero al menos aquí podríamos decir que la Copa del Mundo comenzó mucho antes del primer pitazo. Por ejemplo, un día antes amanecimos con el escándalo de España y Lopetegui. Algo que nos dejó estupefactos, principalmente porque era de las selecciones favoritas a ganar el título. Sin embargo, esta noticia fue eclipsada por la emoción de saber que México será sede del Mundial en el 2026. Es cierto que desde hace rato en América del Norte no logramos ponernos de acuerdo con el TLC, pero al menos sí pudimos hacerlo con el Mundial. ¿Quién dijo que el futbol no concilia hasta la mayor causa perdida? El futbol es capaz de derribar cualquier muro. Aun así, posiblemente nos toque pelear los partidos que por derecho nos corresponden, pero tenemos la fortuna de estar acostumbrados desde niños a pedir “bolita por favor” cada que se nos volaba el balón al otro lado de la barda. Pero ya habrá tiempo en otras cartas futura para hablar de esto.

Por el momento concentrémonos en el partido de Rusia contra Arabia Saudita del cual no tengo mucho que decirte. No más de lo que viste. El anfitrión ganó como era de esperarse; como dictaba la burocracia mundialista. Ningún equipo jugo espectacularmente bien, pero a más de uno nos dio escalofríos cuando el Jeque Árabe y Putín se estrecharon la mano con Gianni Intantino en medio de ambos como un dios.

Entre que los árabes vienen saliendo del Ramadán y las sospechas que despertó el documental Icarus en torno a los deportistas rusos, el partido se desarrolló con una trama conocida. Sin embargo, a pesar de que se esperaba una victoria rusa, la verdad es que sorprendió la manita de goles que le propinó a los magnates del petróleo árabe aquellos excomunistas. Al menos mi quiniela de un 3-1 quedó arruinada. A pesar de eso se agradecen los excelentes goles de Cherysev y su control como si hubiera estado jugando en la luna, su posterior tiro mortal de zurda y el precioso tiro libre de Golovin.

Mientras veía el partido que seguramente arruinó más de una quiniela en el planeta, pensaba en lo bonito que ha de ser empezar el Mundial jugando contra uno de los rivales más débiles. Es triste pensar que mi pueblo fue condenado contra el campeón del mundo por la mismísima mano de Maradios. Sin embargo, como muchos compatriotas tengo la esperanza de que nuestros veintitrés guerreros aztecas logren conquistar lo que ni Hitler ni Napoleón pudieron.

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Emmanuel Herrera

Emmanuel Herrera

Emmanuel Herrera (1991, Ciudad de México) Fue portero del equipo local y boxeador amateur. Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la UNAM y fue alumno del VIII Diplomado en Creación Literaria del Centro Xavier Villaurrutia coordinado por Conaculta y el INBA (2013-2014). Textos suyos aparecen en las antologías La crónica como antídoto: la calle como espacio de intercambio, y las dimensiones del ocio (UNAM, 2016 y 2018). Ha publicado en medios como Noticias, Regeneración, Punto de Partida y Punto en línea, Ágora Colmex, entre otro. Actualmente es becario en la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de Ensayo.TW: @Escrivividor