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A propósito de los versos de una ciudad que cambia: Ciudad negra A propósito de los versos de una ciudad que cambia: Ciudad negra
Abarcadora en el tiempo que reúne, pero acotada en la geografía que dibuja es Ciudad negra. Antología de poetas de Ciudad Juárez 1980-2013 A propósito de los versos de una ciudad que cambia: Ciudad negra

Abarcadora en el tiempo que reúne, pero acotada en la geografía que dibuja es Ciudad negra. Antología de poetas de Ciudad Juárez 1980-2013, con selección y prólogo de Jorge Humberto Chávez y coeditada por la UACJ junto a Bonobos Editores. Como su título indica, el volumen propone un canon poético que abarca poco más de tres décadas, y que incluye a escritores nacidos o residentes en una zona particular de la geografía mexicana, una que representa muchas fronteras, Juárez.

Como toda antología de su tipo, sus pretensiones no son acuñar un canon infalible de autores ni obras, sino proponer una forma de lectura seriada a la que podemos llamar geográfica-temporal, y que acerca a diferentes formas de poesía escrita en una ciudad. Por ello, su editor y prologuista defiende la subjetividad y la calidad literaria como premisas del conjunto: “es un libro que recoge algunos textos de lo mejor de la producción poética de escritores nacidos o radicados en esa ciudad y que comenzaron a publicar a partir de 1980” (10). En las palabras introductorias aclara que: “en cuanto a los criterios estéticos de la selección, subjetivos per se, colocamos a la calidad de los poemas en el rango principal, y a la individualidad de cada texto en el secundario” (11).

A propósito de los versos de una ciudad que cambia: Ciudad negraJorge Humberto Chávez decidió ordenar los poemas sin incluir referencias al medio en que fueron publicados originalmente, ni al año en que fueron escritos, presentándolos solo “en el contexto inmediato de otros trabajos del autor” (ídem). Aunque durante la lectura del libro se echan de menos algunos de esos datos y, sobre todo, un acceso más inmediato a las fichas bibliográficas de cada creador, que aparecen hasta las últimas páginas (107-113), también se disfruta la cierta incertidumbre estética que esta decisión arroja sobre el conjunto. Porque, en definitiva, la antología traza a través de sus páginas el retrato de la poética que se ha cultivado en una Ciudad Juárez que, a medida que transcurren los versos reunidos, deja de ser un lugar para convertirse en furia. Si los poemas, especialmente “3” y “30” de Jesús Gardea (1939), muestran temas amorosos tradicionales que pueden interpretarse desde la búsqueda de una identidad individual y regional; los de José Luis Rico (1987), el más joven poeta de los antologados, ya muestran a una urbe marcada por los dramas del desierto, que entre violencia y sexo también disfruta de la comida, el alcohol y la literatura. Las voces poéticas van mostrando una realidad cambiante, no exenta de recurrencias.

“Cuarto vaso”, “En un bar de Reforma”, y “Botella”, son algunos de las obras de César Silva Márquez (1974) donde también se dibuja, desde las referencias al alcohol y la comida, esta imagen cotidiana y festiva de la ciudad, atravesada a veces por la violencia, la pobreza y el ritmo de la modernidad. Así lo muestran estos versos de “Carne asada”:

su mente está lejos de la catástrofe

ya se imagina el jugo ligero de la costilla, el sabor del hueso

la grasa delgada que atraviesa el lomo

es fin de mes y el hambre nos toca

la sal penetra la costilla lentamente

 

A partir de un acto, aparentemente intrascendente, la voz poética dibuja la existencia de varias tinieblas cotidianas. Y es que los trece antologados abordan de formas muy diferentes su entorno. Aunque a nivel métrico predominan los versos libres, con incursiones en la prosa poética, puede afirmarse que la mayoría de las obras reunidas comparten cierto interés por presentar a la ciudad en sus diferentes facetas, desde las más luminosas hasta las más oscuras, según se percibe en estos versos de “Las muertas”, de Joaquín Cosío:

A 120 muchachas las han visto partir vestidas de fiesta o en rígidas

[ropas necesarias para el trabajo

Entre acusaciones y duelos las 120 muchachas relucen más que nunca

[en su ausencia

 

Son los poemas de Cosío (1962) los que más se acercan a la ola de feminicidios que hicieron tristemente famosa a Ciudad Juárez. “Verlas”, “La muerta” y “En el muro de las lamentaciones” se encuentran entre los títulos que retratan la creciente violencia en la zona, sobre todo por su condición de frontera con Estados Unidos. Es en su poesía y en la de Miguel Ángel Chávez Díaz de León (1962) donde se encuentran además más referencias al bosque de símbolos de la tradición poética clásica. Esto sin renunciar al humor. Un ejemplo de ello es “Tratado general, global, universal, íntegro y panorámico sobre los calzones de mujer”, donde Díaz de León escribe:

Calzón, tú que cubres

el pecado del mundo,

ten piedad de nosotros.

Sus poemas habitan un universo jovial, donde lo referentes clásicos y modernos se mezclan para dar a luz una poesía intensa, rítmica, cruda por momentos, pero con una voz poética atractivamente desenfadada.

En el prólogo a Ciudad negra, Jorge Humberto Chávez explica esta dualidad entre lo aterrador y lo encantador también como una característica de Juárez: “conocida por ser una populosa frontera justo en el centro de la línea entre México y Estados Unidos. En los últimos años es también un laboratorio donde la globalización industrial, la depredación de la clase política mexicana, con Felipe Calderón a la cabeza, y los cárteles de la droga han producido más de once mil muertos de 2006 a 2012 (…). Juárez es también, no obstante, una ciudad extrañamente atractiva, viva en un enclave binacional lleno de migrantes de todas partes” (10).

La poesía de Dolores Dorantes (1973), la única mujer antologada, sobresale por reflejar, en su lenguaje metafórico, esta misma polaridad: “Todas queremos que nos mantengas vivas. Queremos que nos mantengas hirviendo”, dicen las primeras líneas de su poema en prosa titulado “10”.  Esta estrategia lingüística aparece repetida en varias de las obras de Dorantes. La autora se basa en la construcción de una voz poética ambigua, que por momentos suena como víctima, por momentos como el clamor arrepentido del victimario: “Somos el exterminio. El lugar sin país. Amárranos, ponnos la correa”, se lee en el poema “16”.

Pero con independencia de estas muestras, el antologador logró conformar una imagen plural de Ciudad Juárez, donde no solo la muerte, la violencia y los contrastes sociales afloran. La música, especialmente el rock, es otro de los referentes que se repiten en este conjunto. Ésta atraviesa casi toda la obra escogida de Ricardo Morales Lares (1955). Sus poemas a “John Lennon” y “Llueve” recuerdan el ambiente sórdido de los años de 1960 y 1970, que recrea Elmer Mendoza en su novela El amante de Janis Joplin, ambiente de tráfico de drogas y grupos armados, reconocido en el presente como antesala del infierno que puebla el norte de México. Guiado por esta misma mezcla de culturas y circunstancias, la poesía de José Manuel García-García (1957) presenta unas llamativas intromisiones de coloquialismo en un contexto de referentes clásicos. En su “Poemas para caminar junto a Adriana”, se lee:

Y verte, verme, ahí

en ya total locura, el despapaye.

Cuando el angelanimal,

que todo (yo) llevamos dentro

se vuelca en la punta

de tu beso (…)

 

La creación reunida de Agustín García Delgado (1958) ofrece también un buen ejemplo de cómo los referentes de la cultura popular han irrumpido como auténtica forma de expresión poética en varias generaciones de autores de Ciudad Juárez. Forman un aparte en Ciudad negra su poema “Edson Arantes Do Nascimiento”, dedicado al futbolista brasileño Pelé, junto al de Edgar Rincón Luna (1974), titulado “Inventario de fantasmas: Rodolfo Guzmán Huerta vine a decirle adiós a la ciudad”, que tiene como protagonista al legendario luchador mexicano El Santo. La presencia de ambos textos evoca la posibilidad de una antología futura, dedicada solo a la visión de los poetas juarenses sobre el deporte. Aunque en realidad, la selección incluida de poemas de Rincón Luna abre la puerta a otras muchas miradas hacia la poesía de la frontera. La variedad temática de su obra, su uso efectivo de diversas variantes formales, así como la fuerza metafórica de poemas como “A quién le corresponderá morir mientras escribo” y “Parte del aire” conforman uno de los mejores momentos de la antología.

Completan el volumen obras de José Pérez Espino (1969), Juan Armando Rojas (1969) y Juan Manuel Portillo (1967). Sus poemas apuestan por temáticas más convencionales dentro de la tradición mexicana. Coincidentemente los tres tienen carreras afines: Espino se desempeña como periodista y crítico literario; mientras Rojas y Portillo ostentan una extensa labor como académicos e investigadores en los dos lados de la frontera. La inclusión de sus respectivos trabajos en Ciudad negra aporta una variedad estética que enriquece no sólo la temática del libro, también su propuesta formal.

El hecho de que un intelectual como Jorge Humberto Chávez, Premio de Poesía Aguas Calientes, maestro y ferviente promotor cultural, proponga una antología poética induce el nacimiento expedito de un libro lleno de valores. A su agudeza como lector y editor, se suma, en este caso, su papel como activo testigo de la producción poética en Ciudad Juárez en las últimas décadas: el antologador de Ciudad negra estuvo presente en los momentos de producción de muchas de las obras incluidas en este libro, ya sea como alumno del Taller Literario del Museo de Arte del INBA, dirigido en sus inicios por el potosino David Ojeda, o como profesor de ese mismo taller años después. Desde esta perspectiva, su prólogo, sucinto pero esclarecedor, propone un recorrido por momentos de auge de la poesía en la zona. En dicho recorrido, Chávez incluye, sin ambages, su crítica postura política ante la realidad de México; todo lo que convierte al libro en una antología provocadora. Ciudad negra ilumina una amplia zona del panorama poético en Ciudad Juárez y, por su propia naturaleza, reta a la producción de selecciones futuras que dialoguen con ella. En definitiva, la frontera sigue rugiendo versos; la ciudad cambia, y la poesía vive en ella.

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Dainerys Machado Vento

Dainerys Machado Vento

Nació en La Habana en 1986, es periodista, editora e investigadora literaria. Tiene una maestría en Literatura Hispanoamericana por el Colegio de San Luis, San Luis Potosí, México y actualmente cursa su Doctorado en Lengua Moderna y Literatura en la Universidad de Miami, Estados Unidos. Recibió el Premio Estatal de Periodismo San Luis Potosí 2016. Trabajos suyos son publicados regularmente en medios estadounidenses y mexicanos, y es la autora del blog letrasqueves.worpress.com, dedicado a temas de actualidad literaria y social.