¿Y si pasaran los años sin comprar? ¿Y si pasaran los años sin comprar?
¿Qué ocurriría si nos tomáramos una pausa para pensarlo?¿Existe un instante de reflexión entre que deseamos algo y decidimos comprarlo? ¿Y si pasaran los años sin comprar?

¿Qué ocurriría si nos tomáramos una pausa para pensarlo?¿Existe un instante de reflexión entre que deseamos algo y decidimos comprarlo? Comprar es lo primero que se nos ocurre cuando creemos necesitar algo. Cuando tenemos que hacer un regalo, cuando nos enfrentamos ante un descuento, o cuando buscamos una gratificación instantánea. Y lo hacemos, pero ¿qué hay detrás de todo esto?

En abril de 2016, las periodistas Evangelina Himitian y Soledad M. Vallejos se comprometieron a pasar todo un año sin adquirir nada más que lo imprescindible. Ahora, 365 días después, saben que no se perdieron de nada. En cambio, terminaron ese año enriquecidas. Sobrevivieron. Y descubrieron que lo que realmente necesitan es muy poco. O, al menos, muchísimo menos de lo que dicta el mercado. Y en Deseo consumido, el libro que hicieron luego de esta experiencia, explican el por qué.

Evangelina Himitian es periodista y escritora, trabaja desde 1999 en el diario La Nación, en las secciones Información general y Sociedad. Es autora de Francisco, el Papa de la gente (Aguilar, 2013), la primera biografía escrita y publicada tras la elección del nuevo pontífice, editada en dieciséis países y en seis idiomas. Tuvo a su cargo, durante siete años, la cátedra de Periodismo Ambiental en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales. Como periodista, recibió varios premios nacionales e internacionales. En 2005 fue becada por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que dirigía Gabriel García Márquez en Cartagena de Indias, Colombia; y en 2007 y 2009 fue distinguida con el premio Adepa. Tiene 39 años y es madre de Olivia y Amanda.@ehimi

¿Y si pasaran los años sin comprar?

Soledad M. Vallejos es periodista y escritora, trabaja desde hace veinte años en el diario La Nación, en las secciones de Sociedad, Sábado, Información general, Ciencia y Salud. Se especializa en temas sociales, tendencias y consumo. Durante siete años fue directora de la consultora Scriba, producciones editoriales.    Entre 2009 y 2013 condujo el ciclo radial “Un cisne negro” (FM Identidad), y actualmente es columnista de “El pase” (Radio Palermo). Tiene 42 años y le apasiona contar historias de otros, andar en bicicleta y ser la madre de Renata y Santiago.@SolVallejos. Monserrat Ilescas

FRAGMENTO:

VAMOS A DESCONSUMIRNOS

DÍA 1

Hoy es el primer día del resto de este año en el que no vamos a comprar ni una sola cosa para nosotras. Ni ropa, ni una crema, ni un libro ni nada. La de ayer fue, tal vez, nuestra última tarde como personas normales. Podíamos comprar lo que quisiéramos, donde creyéramos que nos convenía y pagarlo como pudiéramos. Como lo hacen todos. Casi todos. A partir de ahora las reglas cambian. Vamos a desconsumirnos. Para los nuestros seremos como extrañas. Para los extraños, lo mismo: raras. Dos mujeres que asumen el compromiso de pasar todo un año sin comprar nada más que lo necesario. Ni un solo objeto cuyo destino final sea la acumulación.

DÍA 30

Llevamos un mes sin consumir. Es sólo el 8,2% de nuestro proyecto. Igual se siente increíble. Pese a los malos pronósticos de algunos, no hemos tenido ni recaídas ni síndrome de abstinencia. En cambio, nos surgen algunas reflexiones. El placer de tener, de estrenar, de comprar y de acumular va dando lugar a otras experiencias que pueden resultar tanto o más gratificantes. Simplemente estuvieron adormecidas bajo un cúmulo de cosas que ni siquiera sabíamos que teníamos ni por qué.

MES 6

¿Y si pasaran los años sin comprar?Pasando en limpio, podemos decir que lo estamos llevando mejor de lo que creíamos. O de lo que muchos pensaban. Pero, a pesar de esa sensación que tenemos, la gente insiste: “Si tuvieran la posibilidad de comprarse algo, después de estos meses de abstinencia, ¿qué sería?”. Nos costaba dar una respuesta. Y nos vimos obligadas a hacerlo ante el requerimiento de un periodista que nos entrevistó poco después de haber superado los 180 días. Entre tres deseos elegidos, Evangelina mencionó las ganas de comprarse una tijera de modista “para dar rienda suelta a mi nueva faceta Pinterest”. Soledad, pensando en que aún le quedaban algunos meses para bajar los kilos ganados durante la abstinencia, se ilusionó con una nueva bikini que no estuviera deteriorada por el cloro y la sal.

MES 8

Nos acercamos a esa fecha temida, el ícono del consumismo que poco se parece a la austeridad de un pesebre: la Navidad. ¿Será la nuestra una fiesta sin regalos? De ninguna manera. No vamos a tropezarnos con las bolsas en las escaleras mecánicas del shopping ni a esperar que suene la sirena a las cuatro de la mañana en el centro comercial que anuncia la hora loca de los descuentos. Eso no ocurrirá. Pero sí vamos a regalar, a pensar con qué podemos agasajar al otro. Un objeto, un momento o una carta. Hay opciones. Lo único que faltará en el arbolito serán los obsequios monetariamente impersonales. Tampoco habrá tickets de cambio. Por suerte.

MES 11 Y 30 DÍAS

Sólo faltan 24 horas para que se levante el cepo. ¿Y ahora? Tendremos la chance de volver al ruedo. De comprar sin restricciones, de empacharnos de promos y descuentos. ¡Al fin recuperamos la libertad! Pero no de comprar, sino de saber que no necesitamos nada. Sí, exactamente eso. Nos sentimos libres. Más afortunadas. Más dueñas. Más imperfectas. Más felices. Terminamos este año seguras de haber dado un paso importante, satisfechas, con más fuerzas que nunca.

“¿Y por qué?”. Esa fue la reacción inmediata cuando publicamos nuestra decisión en Deseoconsumido.com, el sitio en el que compartimos semanalmente nuestra experiencia. Habían pasado apenas ocho minutos de aquel primer día en que transmitimos nuestra decisión a través de las redes sociales, cuando un tropel de reacciones cabalgó hacia nosotras. “No van a poder”. “Es peor que empezar la dieta un lunes”. “¡Qué estúpido! Vivimos consumiendo cosas que no necesitamos. Así funciona el mundo”. Nos llamaron “hippies con OSDE” y hasta hubo quien nos acusó de “militar el ajuste”.

El mensaje favorito de entre los que nos llegaron fue: “Chicas, su experiencia progre de autoconocimiento es mi realidad de todos los días”. Pero también recibimos muchos comentarios de gente que estaba en sintonía con este proyecto, que sentía que el ritmo de “comprar-acumular-descartar” ya no le cerraba.

No estábamos solas. De hecho, Deseo Consumido se inscribe dentro de un fenómeno mundial bastante extendido, y existen múltiples iniciativas —entre locales y foráneas— de personas que han decidido tomar otro camino, que reaccionan con hastío frente al consumismo después de haber vivido acumulando sin ningún criterio.

Debemos reconocer que algunos de esos proyectos resultaron una inspiración para crear Deseo Consumido. Como el de la diseñadora canadiense Sarah Lazarovic, que pasó todo un año sin comprarse ropa y cada vez que experimentaba el impulso de hacerlo, lo dibujaba. Sus producciones se convirtieron en un libro, en el que escribió cosas como: “Veo un vestido así y me imagino el millón de vidas que podría pasar en él. Me preocupa que nunca jamás volveré a encontrar nada tan perfecto. Y entonces recuerdo que tengo un montón de cosas parecidas en mi armario”.

O como Rob Greenfield, un aventurero y activista norteamericano, protagonista del documental Viajero sin dinero, que bajo el lema “menos es más” se deshizo de todas sus pertenencias, hasta de su casa. Se quedó con un total de 111 posesiones, lo que incluía cepillo y pasta de dientes.

También el Project 333, de Courtney Carver, que propone un desafío fashion (y de bajo presupuesto) en el que invita a los demás a vestirse con sólo 33 prendas durante tres meses. Otro caso que hizo ruido y alcanzó repercusión mediática fue el de Joshua Becker, con Becoming Minimalist. “Las mejores cosas de la vida no son cosas”, dispara Becker en su página web, donde cuenta que junto con su esposa, en 2008, decidieron volverse minimalistas y, de forma intencional, vivir con la menor cantidad de posesiones posible. “Limpiamos el desorden de nuestra casa y de nuestra vida. Fue un viaje en el que descubrimos que la abundancia consiste en tener menos”.

“Creo que, en general, los fenómenos anti sirven para eso, para despertar un nivel de reflexión o introducir un tema en la agenda. Son fuertemente audibles y visibles, pero no frenan ni modifican el sistema”, opina Guillermo Oliveto, especialista en consumo. “Expresan una idea con un nivel de intensidad que muchas veces hace que se los sobrepondere. Pero finalmente la vida sigue y el grueso de la sociedad continúa viviendo bajo los mismos parámetros con los que fue estructurada. Sucedió con los movimientos antiglobalización. Pero no fueron en vano, ya que generaron conciencia y lograron mover el eje de un capitalismo extremo y sin sensibilidad social, sobre todo después de la crisis del 2008, aunque no lograron grandes conquistas”, dice.

Nosotras no somos anti. Somos des. El desconsumo no resultará una experiencia tan extrema como las que mencionamos antes, pero quizá sea más sostenible en el tiempo. Es más fácil hacer una crítica del sistema si uno se sale de la matriz. Pero ¿nos será posible repensar la vida desde adentro de la red? Viviendo en la ciudad, yendo a trabajar a diario. Nosotras no nos aislamos ni dejamos de llevar la vida que teníamos. No nos mudamos a una montaña ni sobrevivimos de la caza y la pesca. Terminado este año tampoco tendremos una huerta orgánica en el balcón, pero estamos convencidas de que nuestras pautas de consumo y nuestro ritmo de acumulación y descarte habrán cambiado nuestras vidas. Para siempre.

La Redacción

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