Videgaray Canciller, el último clavo de la desnutrida diplomacia mexicana Videgaray Canciller, el último clavo de la desnutrida diplomacia mexicana
La afamada frase de Luis Videgaray al asumir oficialmente el cargo de Canciller, ante el pleno del cuerpo diplomático y consular de México en... Videgaray Canciller, el último clavo de la desnutrida diplomacia mexicana

La afamada frase de Luis Videgaray al asumir oficialmente el cargo de Canciller, ante el pleno del cuerpo diplomático y consular de México en el exterior es la cereza en el pastel que da el título a esta, la primera publicación del 2017: “No soy diplomático, vine a aprender y se los digo de corazón”, es una estampa perfecta de la inoperancia, inmovilidad y esterilidad de la diplomacia mexicana actual, en el momento menos oportuno, cuando se requiere mucho mayor dinamismo y fuerza para defender de forma integral no sólo los intereses de México, sino su propia dignidad nacional.

Es evidente que el  nuevo nombramiento de Videgaray responde más al miedo, que a una estrategia razonada y diseñada, a una aparente “cercanía y canal de interlocución con el Gobierno de Trump”, que a una lectura y ejecución de una política exterior audaz, a una reacción visceral y de compadrazgo, a las necesidades propias de la visión al exterior de nuestro país; responde completamente a una miopía y astigmatismo del Poder Ejecutivo, al ponderar la titularidad de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SER) a meramente “renegociar en los mejores términos posibles el TLCAN” y enfundar un plan de acción meramente económico-comercial sin experiencia en política internacional alguna, diluyendo aún más la capacidad diplomática mexicana. 

Videgaray Canciller, el último clavo de la desnutrida diplomacia mexicana

Al menos, durante los primeros días después del nombramiento, no se ha visto reacción alguna de Donald Trump respecto al mismo, en cambio, asestó dos golpes directos a México, al impedir que Ford abriera una planta armadora en el país bajo amenazas de incrementar en sobremanera los aranceles en la frontera de autos armados en México, horas después, repitió la misma amenaza a Toyota  y en complemento, Donald Trump está ya cocinando la construcción del Muro con fondos tributarios estadounidenses (y con la intención evidente del reembolso de los recursos por parte de México), por lo que es claro, que lejos de “suavizar, acercar y optimizar” el canal de interlocución con el nuevo ocupante de la Casa Blanca, se está logrando el efecto contrario, pero el efecto Trump sigue logrando los mismos resultados, una Embajada de México completamente congelada, en silencio, carente de reacción y completamente inmovilizada, lo cual entra en sintonía con la posición del presidente Enrique Peña Nieto, al no realizar declaración alguna sobre las acciones más recientes de Donald Trump –incluso antes de tomar protesta oficialmente del cargo-, y resulta sumamente peligroso que el silencio se convierta en una estrategia diplomática y esta se consolide  en la política exterior de México hacia los Estados Unidos.

La política exterior de México hacia los Estados Unidos debe de ser dura, inteligente, objetiva, pragmática, audaz, proactiva, y sobre todo valiente, que sea capaz de responder y proponer con firmeza dentro del marco del Derecho Internacional Público toda acción de los Estados Unidos con referencia y/o afectación a México, sólo así, el gobierno del presidente Trump verá con buenos ojos a México, y sólo así podría lograrse una relación respetuosa y cordial (guardando las reservas ante un gobierno completamente ultranacionalista, incendiario y visceral), porque por triste e indignante que se lea, para Donald Trump, México significa actualmente sólo un “punching bag” que no sólo lo llevo a obtener muchos votos en la elección presidencial, sino también beneficios claros de legitimidad y propaganda.

Videgaray Canciller, el último clavo de la desnutrida diplomacia mexicana

El gobierno mexicano se ha olvidado de la importancia modular que tiene la SRE dentro del Estado Mexicano, y lejos de catalogarla como indispensable dentro de su propio funcionamiento e incluso como parte fundamental de la Seguridad Nacional, ha tenido tres cambios de timón en lo que va del Sexenio, lo que hace imposible contar con una estructura y perspicacia diplomática e institucional, y rompe de tajo cualquier esbozo de una táctica exterior acorde a los intereses nacionales de México dentro de un espectro regional, multilateral y mundial, y sobre el papel de México dentro del concierto internacional, y lo que el mundo espera de México.

Actualmente México no cuenta con un capital diplomático tradicional que lo lleve a contar con una imagen de fuerza, un poder duro estable y un poder suave en pleno desarrollo  ante el gobierno de los Estados Unidos, y a nivel internacional, este capital diplomático, que por mucho tiempo dio excelente réditos en la consolidación de la tradición diplomática mexicana, gracias a decisiones y posturas no acertadas, esta tradición y prestigio está casi en el olvido y ya es deficitaria.

México requiere de un renacer de la diplomacia mexicana, fuertemente apoyada en los pilares que la llenaron de vida en buena parte del siglo XX, necesita revitalizar su diplomacia tradicional, ejecutada por su propio talento diplomático, encabezada idealmente por un Canciller con el perfil que cuente con la vitalidad, tenacidad y extraordinario talento diplomático como el que poseía Alfonso García Robles fusionado con el talento, capacidad de lectura y las tablas diplomáticas de Rosario Green, con un plan en el corto, mediano y largo plazo con la única encomienda de reposicionar a México dentro del concierto internacional, con tres pivotes dándole empuje como lo son la Diplomacia Pública, una auténtica Diplomacia Consular y  la Diplomacia Cultural, para que en conjunto, no sólo se desarrolle con bases diplomáticas sólidas un poder duro mexicano, sino se multiplique y se afiance su poder suave con una política exterior completamente diversificada. Si el Estado Mexicano persiste en enfocar todo sus esfuerzos (por tímidos y atropellados que sean) hacia la relación con los Estados Unidos exclusivamente, sin un plan integral y dejando en segundo plano al resto de la comunidad internacional, el efecto Trump mi estimado lector, puede dejar de ser una pesadilla y convertirse en una tormenta de dimensiones catastróficas.


Diego Sanchez Campia

Diego Sanchez Campia

Soy Internacionalista por la FCPyS de la UNAM, especializado en Diplomacia Digital, con especial énfasis en Diplomacia en Redes Sociales.Actualmente tengo el proyecto Red México / México Sin Frontera (www.mexicosinfrontera.com) , que está enfocado en información en protección, asistencia consular y protección preventiva para mexicanos en el exterior por medio de redes sociales.He participado con publicaciones para Líderes Internacionales y Paradigmas (dependiente de Urbi et Orbi del ITAM).