Veinte siglos de polémica por el Santo Grial, la copa más buscada de la historia Veinte siglos de polémica por el Santo Grial, la copa más buscada de la historia
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En realidad, los Evangelios nunca citan el término ‘Santo Grial’, pero a partir de la Edad Media, el cáliz que Jesucristo usó en la... Veinte siglos de polémica por el Santo Grial, la copa más buscada de la historia

“Durante la cena Jesús tomó un pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: ‘Tomad y comed. Este es mi cuerpo.’ Y tomando un cáliz dio gracias y se lo dio, diciendo: ‘Bebed todos de él, que ésta es mi sangre del nuevo testamento, que será derramada por muchos, para remisión de los pecados. Y os digo que ya no beberé más del fruto de este fruto de la vid hasta el día que lo beba con vosotros, nuevo, en el reino de mi Padre.”

Evangelio según San Mateo C26, 26-29.

En realidad, los Evangelios nunca citan el término ‘Santo Grial’, pero a partir de la Edad Media, el cáliz que Jesucristo usó en la última cena junto a sus discípulos pasa a convertirse en un objeto sagrado, divino y milagroso que convertirá a esta copa en el tesoro más buscado por la humanidad a través de los siglos.

¿Existe realmente el Santo Grial? ¿Es un cáliz o es un símbolo de ‘lo sagrado femenino’? ¿Podría referirse —como han apuntado algunos historiadores— al evangelio escrito por el propio Jesús de Nazaret? Analizaremos estas cuestiones y les ofreceremos las hipótesis que en los últimos tiempos han cobrado mayor peso.

Veinte siglos de polémica por el Santo Grial, la copa más buscada de la historia

El Grial como mito

Los primeros siglos de la era cristiana no ofrecen documentación ni tradición conocida sobre el cáliz de la última cena, al menos no aludiéndolo como “Grial”. Será la oscura y legendaria Edad Media quien otorgará al símbolo y a la palabra un aura misteriosa relacionada con lo sobrenatural y dotada de una dimensión de eternidad. La tradición del Grial como mito está asociada principalmente a dos grupos: los Caballeros del Rey Arturo (y toda la literatura del ciclo artúrico) y los Caballeros Templarios, que podrían haber rescatado este objeto en sus excavaciones del Templo de Salomón en Jerusalén.

El poeta Chrètien de Troyes es el primer autor en desarrollar la teoría del cáliz con poderes mágicos y así describe el objeto en su obra Perceval, como una copa que contiene una oblea que alimenta y cura a un anciano en el castillo del Rey Pescador. El poema se interrumpe bruscamente y el poeta sólo hace referencia a “un grial”, como si existiesen varios ya en esa época.

Robert de Borom recoge la historia desarrollada por Chrètien de Troyes, pero la asocia definitivamente al personaje de José de Arimatea, un judío rico e ilustre. En su obra Joseph d’Arimathie, Estoria del San Graal, de Borom habla por primera vez del “Santo Grial”, lo identifica con el cáliz de la última cena y cuenta cómo José de Arimatea se transforma en su primer custodio al llegar a las costas de Britania donde el cáliz estaría más seguro.

Veinte siglos de polémica por el Santo Grial, la copa más buscada de la historia

Wolfram von Eschenbach continúa la leyenda iniciada por de Borom, pero liga al Grial con la tradición alemana que proporcionará inspiración a la célebre ópera de Richard Wagner: “Parsifal”, ligando el ciclo artúrico a la mitología germánica de inspiración cristiana. En la obra de este autor el Grial se identifica con una piedra blanca de origen puro, idea tomada del Apocalipsis y reforzada por la interpretación de la también autora germana, la monja Hildegard von Bingen, que asocia este objeto con la ‘lapis exillis’, la gema que se desprende de la corona de Lucifer cuando éste se rebela contra Dios.

José de Arimatea

El personaje de José de Arimatea aparece en los evangelios canónicos y también en los apócrifos y en todas las lecturas que nos ofrece el mundo antiguo podemos concluir que fue alguien muy cercano a Jesús cuyo papel resulta fundamental a partir de la última cena.

En primer lugar, parece ser que el lugar que hoy identificamos como el cenáculo perteneció a la familia de José de Arimatea. A través de los textos es fácil deducir que se trata de una familia de linaje ilustre que gozaba de relativas riquezas. También se contempla la posibilidad de que José fuese miembro del Sanedrín y tutor de Jesús a la muerte de José, esposo de María. Será entonces este personaje el encargado de procurar a Jesús y a sus discípulos el cenáculo y según la tradición, recogerá la sangre que emana de sus heridas bien en el Gólgota bien en el Santo Sepulcro, propiedad de su familia. Lleva allí el cuerpo del Maestro tras mediar con Poncio Pilatos, aunque luego los judíos lo encarcelan por ello y en la torre en la que es hecho prisionero sufre una visión de Jesús resucitado en la que le nombra primer custodio del cáliz: “Tú custodiarás el Grial y después de ti aquellos que tú designarás”, según aparece en algunos textos apócrifos.

José de Arimatea junto a otros cristianos perseguidos, entre ellos María Magdalena, huyen entonces en un barco de su propiedad hacia la costa mediterránea de Francia. Allí fundan las primeras comunidades e iglesias y es la zona que participa de la evangelización directa de este grupo. Según el historiador Guillermo de Malmesbury, José de Arimatea en el año 63 se dirige a Britania, en donde se instala definitivamente, llevando consigo el Grial, construyendo la primera iglesia en la isla en honor a la Virgen María en la ciudad de Glastonbury. Esto hecho entronca directamente con el ciclo artúrico del Santo Grial.

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Los Griales que han perdido la batalla

Como hemos podido ver la tradición artúrica centra el mito del Grial en una vertiente literaria recogida en la Vulgata.  Los Caballeros Templarios y otras organizaciones a caballo entre lo sacrílego y lo profano, como pueden ser la masonería, los rosacruces o el Priorato de Sion, dejarán sus ‘mensajes para la historia’ a través de obras de arte, como “La última cena” y varias obras más de Leonardo Da Vinci. Libros como El enigma sagrado de Lynn Picknett y Clive Prince, preludio del famoso Código da Vinci de Dan Brown, han sabido explotar lo que historiadores y científicos no han dejado de considerar ficción histórica con poca base real sobre la que sustentar sus teorías acerca de un supuesto linaje de Jesús y María Magdalena.

Durante toda la Edad Media, las reliquias procedentes de Tierra Santa, muchas traídas por los Templarios, eran piezas de incalculable valor para monasterios, iglesias y cortes reales. La posesión de una o varias de singular importancia otorgaba prestigio a un monasterio o centro de peregrinación, pero también cuantiosos beneficios asociados a la advocación de los fieles. De hecho, es la causa que mayor riqueza y poder otorgó a los Caballeros de la Orden del Temple. No es de extrañar que aún hoy, diferentes centros cristianos, museos y ciudades del mundo se ‘peleen’ por reivindicar como suyo su particular versión del Santo Grial. Veamos cuales son los más aceptados, dejando para el final los dos candidatos con más posibilidades:

  • El Cáliz de Antioquía, Colección Cloisters del Metropolitan de Nueva York. Encontrado en Siria durante unas excavaciones en el siglo XX. Recientes investigaciones apuntan a que se trata de una falsificación moderna.
  • El Sacro Catino de la catedral de Génova. Más que un cáliz se correspondería con un platillo utilizado en la última cena por Jesucristo. Procede de la primera cruzada y es de color verde esmeralda.
  • El Vaso de Nanteos es un cuenco medieval de madera cuya procedencia apunta a Glastonbury (asociándolo directamente con José de Arimatea); sin embargo, recientes investigaciones datan el objeto en el siglo XIV.
  • El Cáliz de Ardagh, encontrado en Irlanda y conservado en el Museo Nacional de Dublín, hoy sabemos que pertenece al siglo VIII.
  • La Copa de Hawkstone Park es un pequeño cáliz de época romana que según G. Phillips procede del saqueo de Roma por los visigodos, pero no está confirmado.
  • Achatschale es un cuenco de ágata que procede del tesoro de los Habsburgo de Viena y que perteneció al Sacro Imperio Germánico junto a la denominada Lanza de Longinos. Sin embargo, el tiempo ha demostrado que se encontró en Constantinopla en el siglo IV y es difícil identificarla como el Grial.
  • La Copa de Santa Isabel de Hungría ha sido protagonista de varios milagros y está relacionada con la tradición germánica y la obra de Eschenbach.
  • El Santo Grial de O Cebreiro (Lugo), un cáliz muy venerado por los devotos del Camino de Santiago. Su origen se remonta al siglo IX y cuenta la leyenda que esta copa sufrió un proceso de transubstanciación a ojos de un campesino que acudió a misa un frío día de invierno.

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Los dos Griales en disputa por su legitimidad

En realidad son más de veinte los objetos que a lo largo de los siglos han pretendido proclamarse “Santo Grial” y es fácil imaginar que en este afán se suma la obsesión de los coleccionistas, ciertas creencias en sus poderes sobrenaturales (como sucedió en el caso de Hitler y los nazis, que creían en su aura sagrada como aliada que les ayudaría a ganar la segunda guerra mundial y alcanzar una soberanía inmortal) pero también la pugna se mantiene por los beneficios económicos derivados de la aceptación y posesión de dicha reliquia. El Grial atrae a fieles de todo el mundo allá donde esté custodiado. El simple hecho de admirar su presencia ilumina el camino de millones de peregrinos, fuente de turismo que aún hoy supone una suma de ingresos considerable para la población y el monasterio o museo que logre el nada fácil triunfo de cobijarlo entre sus muros.

Resulta curioso que los dos Griales con mayores posibilidades de ser los auténticos estén en España, en caso de que aceptemos que el Grial es un cáliz y no otro tipo de receptáculo más abstracto o metafórico, como las tesis que apuntan a la persona de María Magdalena como heredera de la sangre real del linaje de Jesús, quienes afirman que se trata del propio corazón del profeta o quienes, como Fedan, afirman que el Grial no es un cáliz, sino el evangelio escrito por el propio Jesucristo, escondido en alguna capilla mítica, posiblemente Rosslyn en Escocia (la capilla templaria asociada al Grial por antonomasia), de cuyo contenido los masones habrían elaborado alguna copia.

Como digo, aceptando el Grial como cáliz, como el vaso o copa que Jesucristo utilizó en la última cena y que posteriormente José de Arimatea usó para recoger en ella la sangre y el agua derramada de su costado herido por la lanza de Longinos, sólo dos copas han superado los obstáculos indispensables para ser consideradas candidatas reales. Se trata del Santo Cáliz de la Catedral de Valencia y del Cáliz de Doña Urraca, del Museo de la Basílica de San Isidoro en León, sobre el Panteón de los Reyes que alberga los restos de veintidós monarcas de origen visigótico. Veamos pros y contras de cada postulante.

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El Santo Cáliz de la Catedral de Valencia

Se trata de una copa de calcedonia de siete cm de altura y 9.5 de diámetro. El arqueólogo Antonio Beltrán ha fechado su origen en torno al siglo I de la era cristiana. Los materiales que componen la parte superior de la copa concuerdan con los que podrían haberse usado en la Judea contemporánea a Jesús. El revestimiento en oro, las asas y los platillos que la recubren son posteriores al original.

La Iglesia no se ha pronunciado sobre su autenticidad explícitamente, pero es evidente su apoyo a esta reliquia, ya que los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI han oficiado misa en la catedral de Valencia con este cáliz.

La tradición oral ha sido el mayor aval a la hora de considerar esta copa como el Santo Grial, aunque existen algunos documentos y testimonios plásticos que favorecen al cáliz de Valencia como el hecho de que el pintor Juan de Juanes, en su obra La última cena de 1560, hoy en el Museo del Prado, pinte a Jesucristo con este objeto entre sus manos.

En cuanto al recorrido de la copa, la tradición cristiana afirma que permaneció en Tierra Santa en un principio en manos de los apóstoles y desde allí, San Pedro la llevó a Antioquía para celebrar los primeros cultos de aquella comunidad. Posteriormente los primeros papas la reclamaron en Roma, sede de la cristiandad.

En Roma permaneció hasta el papado de Sixto II (257-258), que coincide con el mandato del emperador Valeriano, quien ordena la expropiación de los bienes de la Iglesia. Por este motivo y temiendo por su seguridad, Sixto II confía la copa al diácono Lorenzo, de origen hispano, aragonés concretamente y será este humilde religioso quien oculte el cáliz en la casa de sus padres, cerca de la ermita de la Virgen de Loreto.

En Aragón la copa va realizando su propio periplo, justificado por la tradición oral, hasta llegar al Monasterio de San Juan de la Peña y a la catedral de Jaca. Incluso llega a ser custodiado por la Aljafería de Zaragoza, pero el rey Jaime II el Justo no cree en su autenticidad, opina que tanto el Grial como una parte de la Veracruz están en manos del sultán Muhammad al-Nasir, y así se lo reclama. En 1410 se lleva el cáliz a Barcelona, el archivo real da cuenta de este traslado en el inventario del rey. En 1424, su sucesor Alfonso el Magnánimo lo lleva a Valencia y lo deposita en la Capilla del Palacio Real como muestra de agradecimiento por el apoyo del pueblo a las luchas mediterráneas. El cáliz llega en 1437 al cabildo de la catedral valenciana, que toma la copa como señal o aval de un préstamo de 40000 ducados que la Iglesia le concede al rey para las luchas con Italia. Y allí ha permanecido salvo en dos ocasiones en las que sufre diversos traslados por motivos de seguridad: las Guerras Napoleónicas y la Guerra Civil española, así como visitas pactadas a San Juan de la Peña.

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El Cáliz de Doña Urraca en León

Se trata de un objeto cuya simple contemplación provoca un halo de misterio y asombro. La infanta del reino de León, Doña Urraca, en el siglo XI, decide ornamentar con piedras preciosas de su propiedad este humilde cáliz de ónice cuyo origen ha sido centrado por arqueólogos entre el siglo I antes de Cristo y el I de la era cristiana. Tanto el material como la época encajan.

La copa permaneció supuestamente en manos árabes tras el saqueo del Templo de Jerusalén. En el año 1054, el califato fatimí de Egipto envía este objeto que posee entre varios tesoros al emir de Denia, como señal de agradecimiento por la partida de víveres que éste envía a Egipto durante una terrible hambruna. Estos hechos aparecen, según el traductor Gustavo Turienzo Veiga en unos documentos que hoy residen en la Biblioteca Nacional de El Cairo procedentes de la Universidad egipcia de Al Azhar. Los investigadores e historiadores españoles Margarita Torres y José Miguel Ortega defienden la autenticidad de esta copa como el verdadero Grial en su libro “Los reyes del Grial”, un auténtico éxito de ventas traducido ya a varios idiomas.

El sultán de Denia le entregaría el Grial al rey Fernando I para fortalecer su amistad y desde entonces el cáliz ha vivido entre los muros de la Real Colegiata de San Isidoro en León. ¿Por qué diversos monarcas del antiguo reino ocultaron la auténtica naturaleza del Grial? Los defensores de esta tesis argumentan que se debe a una cuestión de seguridad. Y suman a su hipótesis que el Grial descansa sobre el Panteón de los Reyes que curiosamente muestra un impresionante mural de la ‘última cena’. También resulta curioso que la infanta Doña Urraca, señora de Zamora e hija del rey Fernando I decidiera revestir de piedras preciosas una copa tan sencilla. ¿Sólo pretendía embellecer el ritual de su Iglesia o era consciente de su importancia? Lo que también afirman los documentos es que, al Grial, que en realidad sólo es el cuenco superior de la pieza, le falta una esquirla que Salamino ordenó quitar para curar con ella una grave enfermedad de su hija. Esa reliquia supuestamente se guardó junto a él en su tumba. Al desmontar la copa de León en 2010 para su análisis y restauración, efectivamente ha podido comprobarse que al Cáliz de Doña Urraca le falta esa pequeña esquirla, la misma que le faltaría al auténtico Grial según los manuscritos.

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No obstante recientes estudios de grandes arabistas e historiadores como Luis Molina o Patrick Henriet, afirman que la traducción de los pergaminos egipcios está forzada y contiene “groseros errores” que no pueden ser fruto de un lapsus inocente. Sostienen, además, que Los Reyes del Grial se acerca más a la ficción que a un estudio serio y científico y es que está claro que de reforzar su tesis, los ingresos derivados por la obra y la película que se está rodando sobre el tema no pasan desapercibidos a los ojos de analistas serios. Cada parte, sin embargo, mantiene su postura, por lo que la conclusión sigue abierta. Cada cual puede creer lo que prefiera.

Veinte siglos de polémica por una copa que tal vez jamás haya existido…

Marta Muñiz Rueda

Marta Muñiz Rueda

Nace en Gijón, Asturias, en 1970. Licenciada en Filología Hispánica y titulada en Música. Ganadora del Premio de Poesía Esencia de Mujer (Astorga, 2015), del II Certamen de Poesía Lord Byron (Avilés, 2016), Primer Premio del VI Certamen de Relatos Río Órbigo, (León, 2016).
Ha publicado el libro de poemas “El otoño es nuestro” (Tres voces, tres mundos II, Ed. Csed-Poesía, 2015), la colección de relatos “13 cuentos dementes para mentes insomnes y un relato para supersticiosos” (Ed. Piediciones, 2016) y la novela “Tiempo de cerezas”, (Ed. Camelot, 2017).
Colabora asiduamente en eventos literarios y ha participado en numerosas publicaciones colectivas, tanto en revistas (La Curuja, FAKE-España, Espacio Luke) como en antologías o misceláneas (“Poemas por vidas”, “15 autores, 24 horas”, “Sagrado Invierno”). El próximo día 1 de julio de 2017 participará en el VIII ENCUENTRO POÉTICO de San Miguel de Escalada.