Una palabra incómoda del fiscal general ante el Senado y Trump podría tener los días contados en la Casa Blanca Una palabra incómoda del fiscal general ante el Senado y Trump podría tener los días contados en la Casa Blanca
Otra vez los hombres de Trump vuelven a la palestra pública. Ahora le toca el turno al tercer funcionario de importancia en EE UU Una palabra incómoda del fiscal general ante el Senado y Trump podría tener los días contados en la Casa Blanca

Otra vez los hombres de Trump vuelven a la palestra pública. Ahora le toca el turno al tercer funcionario de importancia en EE UU: el jefe del Departamento de Justicia y fiscal general, Jeff Sessions, quien también está vinculado a la trama rusa y este martes comparece ante el Comité de Inteligencia del Senado para testificar sobre sus vínculos con el Kremlin durante los días de la campaña de Trump por la primera silla de la Casa Blanca.

A las 13:30 hora de México, inicia el interrogatorio del fiscal, al que le esperan cuestionamientos sobre el despido de James Comey de la jefatura del FBI, sus omitidas reuniones con el embajador ruso en Washington y su trabajo en la campaña del actual mandatario durante los hackeos contra los demócratas por parte de la inteligencia militar del presidente Vladimir Putin.

Sessions tendrá que hilar fino cada respuesta a las preguntas de los senadores, ya que cualquier desliz abriría una brecha contra el propio Trump, camino allanado primeramente por la comparecencia el pasado jueves del ex del FBI, James Comey, ante este mismo comité del Senado, donde acusó al presidente de intentar obstruir la investigación sobre la injerencia rusa en el proceso electoral de 2016.

No pocos consideran que Sessions ya es una figura que va en picada dentro de la política estadounidense. En menos de cinco meses ha tenido un acelerado desgaste como fiscal general y jefe del Departamento de Justicia de los EE UU. Incluso existe un distanciamiento con el propio Trump, a quien le presentó su renuncia como miembro de su gabinete.
Tras la caída del consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, la trama rusa siguió su sombra, al descubrirse que había ocultado al Senado sus reuniones con el embajador ruso en Washington, Sergéi Kislyak. Aunqie se recurso de todo lo relacionado con el escándalo, tal medida dejó al desnudo al presidente.

Todo lo relacionado con la investigación de los ciberataques rusos que favorecieron a la campaña de Trump quedó a cargo del fiscal general adjunto Rod J. Rosenstein, quien debía despachar sobre este asunto con el entonces director del FBI, James Comey.
Rosenstein, luego del despido de Comey, tomó la significativa decisión de nombrar un fiscal especial para este caso, con el implacable Robert Mueller, director del FBI de 2001 a 2013. La medida, de la que ahora depende el futuro de la presidencia, fue comunicada a la Casa Blanca a sólo 20 minutos de hacerse pública.

Estas medidas acrecentaron el distanciamiento de Trump y Sessions, pues quien debía ser su baluarte se había vuelto su eslabón más débil. No sólo estaba inhabilitado en todo lo concerniente a la trama rusa, sino que había permitido que se abriesen las puertas a un fiscal especial, dispuesto a llegar hasta el fondo del asunto. Trump concluyó que era ahora “víctima de una caza de brujas”.

El fiscal general presentó su dimisión cuando la crisis llegó a este punto, pero Trump no la ha aceptado aún. Cuando en 2015 Trump decidió disputar la Casa Blanca, el entonces senador por Alabama fue de los primeros en brindarle su apoyo al multimillonario. Era una figura de pasado racista y situado en los márgenes del tablero político, pero la aversión al islam, su tremendismo migratorio y la apuesta por las deportaciones masivas les hicieron más que aliados. Juntos inflamaron la campaña. Y con el apoyo del agitador mediático Stephen Bannon y el islamófobo general Michael Flynn condujeron la política de Estados Unidos a extremos insospechados.

Sessions, como fiscal general, fue el jefe del ex FBI y, aunque se inhibió en el caso, tendrá que responder si conocía las presiones del presidente para que dejara pasar la investigación sobre la trama rusa y qué supo del despido de Comey.

Una palabrita incómoda de su parte, y Trump podría tener los días contado en la Casa Blanca.

La Redacción

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