Un siglo de Roa Bastos… los vicios del poder en América Latina Un siglo de Roa Bastos… los vicios del poder en América Latina
Un siglo atrás, nacía en la ciudad Paraguaya de Asunción Augusto Roa Bastos, el autor más importante de su país Un siglo de Roa Bastos… los vicios del poder en América Latina

Un siglo atrás, nacía en la ciudad Paraguaya de Asunción Augusto Roa Bastos, el autor más importante de su país y uno de los más destacados de la literatura latinoamericana.

Su mirada lúcida diseccionó el entramado del poder en el continente. Hijo de hombre, Yo el Supremo y El Fiscal, componen lo que él mismo llamó “la trilogía sobre el monoteísmo del poder”.

Le costó caro, tras la publicación de estos textos, el dictador Alfredo Stroessner lo expulsó de Paraguay y el escritor se exilió en Buenos Aires, la capital de Argentina.

Su obra cumbre es sin dudas Yo el Supremo, donde retrata la tiranía en sus entrañas secretas, el poder visto como vicio y como condena.

“El poder constituye un tremendo estigma, una especie de orgullo humano que necesita controlar la personalidad de otros. Es una condición antilógica que produce una sociedad enferma. La represión siempre produce el contragolpe de la rebelión”, expresa.

A mediados del pasado siglo Roa padeció la inevitable figura del caudillo latinoamericano. Por eso se sumó a una especie de bestiario político salido de las mejores plumas del continente.

Alejo Carpentier debía retratar al dictador cubano Gerardo Machado; Carlos Fuentes a Antonio López de Santa Anna (México); José Donoso a Mariano Melgarejo (Bolivia); Julio Cortázar a Juan Domingo Perón (Argentina); Mario Vargas Llosa al general Sánchez Cerro (Perú); Augusto Monterroso a Anastasio Somoza (Nicaragua); y Roa Bastos al doctor Francia (Paraguay).

Horizontum. Un siglo de Roa Bastos… los vicios del poder en América Latina

De acuerdo a Tomás Eloy Martínez, su amigo de toda la vida, este proyecto había sido expuesto ya por Fuentes en Buenos Aires en el año de 1962, durante una tertulia en la calle Arenales, y allí trató de convencer a Roa para que se encargara del doctor Francia: “Roa estaba metido de narices en los libretos de cine con los que se ganaba la vida y la idea de Yo el Supremo, que ni siquiera le rondaba por la cabeza, brotó tal vez de aquella inesperada invitación”.

Para muchos críticos, Yo el Supremo se vuelve un libro didáctico, en la medida en que nos previene contra los paraísos felices donde el Salvador de la Patria nos despoja de la voz y se queda reinando en el silencio.

Según afirmó Roa en una ocasión, “el tema del poder, en sus diferentes manifestaciones, aparece en toda mi obra, ya sea en forma política, religiosa o en un contexto familiar. El poder constituye un tremendo estigma, una especie de orgullo humano que necesita controlar la personalidad de otros. Es una condición antilógica que produce una sociedad enferma. La represión siempre produce el contragolpe de la rebelión. Desde que era niño sentí la necesidad de oponerme al poder, al bárbaro castigo por cosas sin importancia, cuyas razones nunca se manifiestan”.


La Redacción

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