Un rastro de sangre Un rastro de sangre
BLOODLINE significa “línea de sangre”, “linaje”, y esta serie desde el título está cargada de más de un sentido. Un rastro de sangre

BLOODLINE significa “línea de sangre”, “linaje”, y esta serie desde el título está cargada de más de un sentido.

El viernes 27 de mayo Netflix estrenó la segunda parte de la que, hasta el momento, es su mejor serie dramática (incluyendo House of Cards), que coprodujo con Sony Pictures. Todo un desafío del cual los fans de la primera parte estamos pendientes.

Si aún no vio la primera parte, ahora es el momento. De todas maneras no habrá spoilers a lo largo de esta nota.

Un rastro de sangreNo hay familia normal, eso se sabe, ni siquiera (y mucho menos) los Rayburn. “Nosotros no somos malas personas, pero hicimos algo terrible” dice uno de los personajes, a modo de narración de los sucesos que se desarrollan en Florida Keys.

Un padre de dimensiones mitológicas (Sam Shepard), su esposa algo negadora (Sissy Spacek) y su linaje: John, el policía (Kyle Chandler), Meg, la abogada conciliadora (Linda Cardellini), Kevin, el bueno para nada (Norberto Leo Butz) y Danny, el malo para todo (Ben Mendelsohn). Atención con este actor: es difícil encontrarlo en medio de una masa de papeles intrascendentes aquí y allá, pero en esta serie compone un personaje a la vez encantador y amenazante. Un prodigio hipnótico, sobre todo en los duelos actorales con Kyle Chandler, quién también logra el mejor papel de su carrera hasta el momento.

¿Qué sucede aquí?

El hijo pródigo regresa a casa y nadie lo esperaba. De alguna manera todos lo quieren pero también le temen. Ha llevado una vida confusa y parece atraer los problemas a medida que se va moviendo, como el ojo de un huracán.

Su presencia revela contradicciones internas de la familia ideal, de esas instituciones americanas de las que salen alcaldes y jefes de policía. Y pasan cosas, profundas tensiones shakesperianas donde los celos y la venganza son protagonistas y, también a la manera del buen William, hechos de sangre.

En la segunda temporada se suma otro integrante de la familia del que nadie sospechaba su existencia. Y es imposible contar más.

Su guión, actuación, fotografía y dirección no se ven en el cine con frecuencia. Por lo que vale verla, si es posible, otra vez desde el capítulo 1 de la primera temporada. Cada lectura de la historia revelará más detalles, con una honestidad brutal: aquí no hay enigmas que sobreviven a las temporadas, todo lo que debe pasar… pasa.

La sangre tira, dice la expresión. A veces hacia lugares trágicos.

Un rastro de sangre


Mario Pinto

Mario Pinto

Argentino por nacimiento (nadie es perfecto) y ya ruco, chilango por opción.Hombre de medios por falta de imaginación en su momento, historiador del arte por curiosidad y escritor a pesar de que mi madre soñaba con un ingeniero.