Un presidente apuesto Un presidente apuesto
Enrique Peña Nieto es un presidente apuesto. Un presidente que no tiene empacho en dejar constancia de su incontrovertible fotogenia cada que la ocasión,... Un presidente apuesto

Enrique Peña Nieto es un presidente apuesto. Un presidente que no tiene empacho en dejar constancia de su incontrovertible fotogenia cada que la ocasión, y las condiciones de la luz, se lo permiten. Los testimonios fotográficos que dan cuenta de su bien proporcionado perfil son abundantes. El último, y quizá uno de los de mejor factura, tuvo lugar hace unos días a propósito de la declaración como “Patrimonio de la Humanidad” del Archipiélago Revillagigedo.  Tenemos, pues, un presidente apuesto y, también, devaluado. Irreversiblemente devaluado.

El 22 de noviembre pasado, el presidente develó una placa conmemorativa en la que dejaba constancia de la declaración de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) sobre la importancia del Archipiélago Revillagigedo, un grupo de cuatro islas desperdigadas por el Pacífico. Entre las imágenes captadas por los fotógrafos presidenciales, posteriormente socializadas a través del perfil oficial del presidente en Facebook, una llamó poderosamente la atención de la sociedad virtual. En la fotografía de marras, el rostro del presidente es bañado por una declinante luz solar, mientras a sus espaldas se desenrolla una ondulante y verde coordillera; la cabellera del titular del poder ejecutivo, como no podría ser de otra manera, luce inconmovible,  y su perfil, impecable.

Un presidente apuesto Enrique Peña Nieto

La imagen, más allá de develar la solvencia técnica de los fotógrafos del presidente, sirve como una elocuente metáfora de que la política comunicacional de la presente administración es incapaz, por lo hasta ahora visto, de revertir el vertiginoso espiral de descrédito en el que se ha precipitado.

En efecto, de acuerdo con el informe trimestral de aprobación presidencial, elaborado en noviembre por la casa encuestadora Buendía & Laredo –sorpresivamente relegado de la agenda informativa-, el presidente Peña Nieto continúa la tendencia decreciente en la aprobación de su gobierno. Apenas el 25% de la sociedad mexicana respalda su gestión, en tanto el 66% la reprueba, esto representa una caída del 4% respecto a la última medición registrada en julio. Se trata, por si quedara alguna duda, del nivel más bajo de aprobación presidencial en lo que va del sexenio.

El tamaño del fracaso presidencial es aún más dramático si apelamos a un dato revelador: en su propio partido, el Revolucionario Institucional, el presidente apenas consigue una aprobación a su gestión del 52% de los militantes priistas –“1 de cada 2 priistas (…) aprueban la gestión de Peña Nieto”-.

Sin embargo, entre los desaciertos que acumula la administración presidencial, uno en particular destaca por la casi unánime condena que concita: la visita, a expensas del gobierno mexicano, del entonces candidato Donald Trump. Según la encuesta de Buendía & Laredo, 66% de la sociedad mexicana considera que la invitación hecha por el presidente fue un error, en tanto el 30% refiere que se trató de una medida correcta porque, según su visión, el presidente “promovió los intereses de México frente a los EEUU”.

Un presidente apuesto Enrique Peña Nieto

Sobre el rumbo del país durante el actual sexenio, 65% de los entrevistados cree que la situación es peor que a inicios del sexenio -7 puntos porcentuales más que en julio-, sólo el 13% afirma que el país presenta una mejor situación desde que Enrique Peña Nieto arribó al poder. Respecto al control ejercido por el presidente, en cuanto a los problemas que presenta el país, solamente 1 de cada 10 de los entrevistados considera que aquel tiene bajo control dichos problemas –“dato más bajo desde el inicio de la serie”-; en ese sentido, 85% sostiene que los problemas del país rebasan al presidente.

No obstante las claras señales del descrédito, no se sabe, por el momento, de alguna iniciativa de índole comunicacional que se proponga revertir la, al parecer, irreversible tendencia a la baja en la ahora paupérrima popularidad presidencial. Los pálidos ensayos en ese sentido, han tenido un final poco envidiable. Ahí está, por ejemplo, la fallida concesión a la improvisación retórica de Enrique Peña Nieto, en el sentido de que un presidente no se levanta por las mañanas  “pensando, y perdón que lo diga, (en) cómo joder a México”, una declaración que, además de revelar cierta sinceridad, dejó al descubierto la frustración del incomprendido. Un fenómeno cíclico y muy común, por cierto, entre los huéspedes de Los Pinos.

Un presidente apuesto Enrique Peña Nieto

Los años por delante serán, por decir lo menos, complejos. Enrique Peña Nieto habrá de tramitar las vitales elecciones del próximo año en el Estado de México, del que es oriundo, y preparar la sucesión presidencial en medio de un ambiente, se anticipa, política y económicamente enrarecido y crispado por acontecimientos externos –la relación bilateral con Estados Unidos, y su inaudito presidente electo-, e internos –la bamboleante economía mexicana-. Todo ello lo habrá de transitar, decíamos, en medio de una aprobación declinante, lo que comprometerá su papel y reducirá su margen de maniobrabilidad política.

Mientras tanto, y a despecho de la urgencia de un relanzamiento político, orientado a enfrentar con alguna eficacia el difícil último trecho de su administración, el presidente se deja fotografiar.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.