Un fantasma llamado Nixon acosa a Trump Un fantasma llamado Nixon acosa a Trump
Una paciente tormenta política aguarda tras las puertas de la Casa Blanca. El affaire ruso, con sus entretelones y consecuencias, se apresta a remover... Un fantasma llamado Nixon acosa a Trump

Una paciente tormenta política aguarda tras las puertas de la Casa Blanca. El affaire ruso, con sus entretelones y consecuencias, se apresta a remover los débiles cimientos de legitimidad sobre los que Donald Trump fincó su endeble poder. Más allá de comprometer la popularidad del presidente, de por sí mellada,  el involucramiento del Senado estadounidense en la investigación del presunto apoyo ruso para hacerlo triunfar en las pasadas elecciones, reviste una importancia de tal magnitud que podría colocar al magnate neoyorquino en la zaga del impeachment.

En un arranque de implacabilidad política, el Senado estadounidense muestra los dientes. No bien se acostumbraba a la apacible vida civil, el antiguo director del Buró Federal de Investigaciones (FBI), James Comey, fue llamado a cuentas por el poderoso Comité de Inteligencia del órgano deliberativo. Frente a los senadores, Comey deberá aclarar todo lo relativo al supuesto apoyo ruso para con Trump.

Comey había protagonizado, anteriormente, un episodio polémico y sensible para el enrarecido clima político. En julio del 2016, el entonces director del FBI echó llave sobre el espinoso proceso que se seguía contra la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton, por haber utilizado un ordenador  que no contaba con las exigencias de seguridad necesarias. Sin embargo, en octubre de ese año, en plena campaña y con Trump en las cuerdas del ring electoral, Comey reavivó, oportunamente, el caso del correo electrónico de Clinton. El resto de la historia es bien conocido.

Horizontum. Un fantasma llamado Nixon acosa a Trump

La decisión de Trump de destituir a Comey como director del FBI tiene un claro antecedente en la insistencia del segundo por seguir adelante sobre la pista rusa. El objetivo de dicha investigación no era otro más que el conocer, con precisión, a quienes se habían involucrado en la trama. Días antes de su abrupta salida,  Comey solicitó  más recursos para la investigación que esa dependencia seguía sobre el equipo cercano al presidente. Por toda respuesta, el entonces director del FBI fue cesado.

El mensaje de Trump es claro: nada, ni nadie –ni siquiera el director del FBI- puede entrometer las narices en su aún oscura relación con Rusia. No obstante, a despecho suyo, se encontró, de frente, con el Senado.

Además del ex director del FBI, el Comité del Senado también citó al ex asesor de inteligencia de Trump, Michael Flynn. Este deberá, en su turno, ceder al Comité todos, todos, los documentos que den cuenta de su relación con el Kremlin.

La citación a Flynn es, en el contexto de la investigación, señaladamente delicada. El pasado 9 de mayo, Sally Yates, la ex fiscal general de los Estados Unidos, anticipó la vulnerabilidad de Flynn para ser efectivamente chantajeado por Rusia. En efecto, en la comparecencia de Yates ante el Senado, se revelaron los estrechos vínculos entre el teniente general y el Kremlin, mismos que fueron ocultados tanto a la opinión pública como al mismo vicepresidente, Mike Pence.

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Al respecto, Yates declaró ante el público: “Le dije – a Donald McGahn, asesor presidencial- que la conducta de Flynn era problemática, que había engañado al vicepresidente y a la opinión pública y que esto era algo que los rusos también sabían. Era un problema porque creaba una situación comprometida”.

Para propios y extraños, es evidente la descomposición política de la Casa Blanca, asediada por la investigación del Senado y abrumada por los muchos frentes abiertos y  otros tantos fracasos políticos. Día con día, el presidente se debilita, y cada vez más su fracaso es revestido de paralelismos históricos. “Trump se ‘nixoniza’” tituló El País a su editorial del 10 mayo. No es casual.

Trump fulminó a quien se haría cargo de la investigación sobre su entorno; Richard Nixon, en su administración, hizo lo mismo. Todos conocemos el final de “Tricky Dick”; en cambio,  la trama rusa de Trump aún no termina.

En términos concretos, el control republicano del Senado hace, por ahora, inviable un eventual proceso de dimisión. No obstante, la relativa cercanía con las próximas elecciones en el Senado -6 de noviembre del 2018- podría complicar las ecuaciones pertinentes para solventar la viabilidad política de Donald Trump titular del ejecutivo. Los bajos niveles de popularidad actuales, y la patente ineficiencia técnica para hacer frente a los retos de la presidencia, auguran un mal desempeño de aquí y hasta el próximo proceso electoral.

En ese contexto, la dimisión podría tomar un cariz menos hipotético y más real. Y, entonces sí, la sombra de Richard Nixon volverá a habitar la Casa Blanca.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.