Todos deberíamos ser feministas y Terror y utopía. Moscú en 1937 Todos deberíamos ser feministas y Terror y utopía. Moscú en 1937
Sugerencias literarias del  crítico Luis Bugarini El feminismo contemporáneo se debate entre la radicalidad y el sentido común. Habita en una franja de pensamiento... Todos deberíamos ser feministas y Terror y utopía. Moscú en 1937

Sugerencias literarias del  crítico Luis Bugarini

El feminismo contemporáneo se debate entre la radicalidad y el sentido común. Habita en una franja de pensamiento en donde cada vez es más difícil alejarse de las posturas rencorosas o claramente absurdas. No es inusual atestiguar ideas que no ayudan a la convivencia entre géneros, cuyo único propósito es la dispersión de opiniones sueltas, inspiradas las más de las veces por la experiencia cotidiana de la supremacía masculina en distintos ámbitos de la producción humana, y escasamente por un sistema de ideas con el mínimo de fundamento filosófico.

Este opúsculo de Chimamanda Ngozi Adichie (Enugu, Nigenia, 1977) se ha vuelto un amuleto para quienes desean iniciarse en el feminismo como un camino hacia otra manera de organización social, así como para quienes se asoman a él con rostro de preocupación o simpatía de inicio. Nacer en África siendo mujer lleva al extremo la experiencia femenina y pone de manifiesto el poder que ha ejercido el hombre a lo largo de los siglos. La radicalidad de Chimamanda deriva de autoproclamarse feminista en un continente en donde las prácticas de occidente son vistas con recelo y lejanía. La narradora africana obtuvo una beca para estudiar en los Estados Unidos, lo que le permitió darse cuenta de los abusos constantes a los que son sometidas las mujeres africanas y occidentales, no obstante el revestimiento democrático de las sociedades que se presumen como las más equilibradas y hasta modelos a seguir.

Todos deberíamos ser feministas es un recuento de vivencias que permite llegar a las preguntas que las mujeres de la actualidad debaten por resolver: ¿cómo ser mujer y participar exitosamente en una sociedad regida en su mayoría por hombres?

Horizontum. Todos deberíamos ser feministas y Terror y utopía. Moscú en 1937

Chimamanda Ngozi Adichie. Todos deberíamos ser feministas. Traducción: Javier Calvo. Barcelona: Penguin Random House, 2015. 64 pp.

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Padecer una dictadura va más allá de toques de queda y desfiles militares. Implica la reorganización de una sociedad a fondo sin contar con la opinión de ninguno de sus integrantes, salvo de aquellos en la cúpula de las decisiones. De igual manera, las grandes dictaduras terminan por volverse féretros de enigmas para las generaciones que les sobreviven, quienes deben acceder a ellos a través del estudio y la eventual desclasificación de archivos.

Karl Schlögel (Allgäu, Alemania, 1948) ha escrito uno de los libros más necesarios de nuestro tiempo. Terror y utopía es un estudio a fondo de cómo el estalinismo transformó la sociedad rusa en 1937, año de su consolidación como el destino inevitable de la entonces Unión Soviética. La arquitectura, artífice del cambio, se impone como la manera más eficiente de reconfigurar la sociedad rusa. Estamos ante una obra que es lectura de fondo tanto por extensión como por alcances, pero cuyo beneficio para el lector se expresa en un entendimiento profundo sobre cómo la tiranía se ejerce igualmente de formas insospechadas. Una virtud que supo Hitler cuando pidió a Albert Speer la remodelación de Berlín.

La sociedad rusa padeció el siglo XX como ninguna otra nación del mundo. Su rostro cambió con la revolución de octubre y no fue sino hasta 1989 en que revivió con el fin del viejo régimen. Schlögel dedica estas páginas a detallar cuáles fueron las inflexiones más relevantes de ese proceso de cosificación. El producto es un marco vivísimo sobre cómo una sociedad pierde su autonomía para estacionarse en prácticas que obedecen a ciertas ideas con la vana aspiración de máxima universal.

Karl Schlogel. Terror y utopía. Moscú en 1937. Traducción: José Aníbal Campos. Barcelona: Acantilado, 2016. 1008 pp.


Luis Bugarini