Todo lo que sucede en la mente de Jonathan Minila Todo lo que sucede en la mente de Jonathan Minila
En entrevista, el autor de “Todo sucede aquí” nos habla sobre su exploración del terror psicológico y los temas que le obsesionan como narrador Todo lo que sucede en la mente de Jonathan Minila

En entrevista, el autor de “Todo sucede aquí” nos habla sobre su exploración del terror psicológico y los temas que le obsesionan como narrador

El año 2015 fue decisivo para el narrador Jonathan Minila (Ciudad de México, 1980), en el que entregó cuatro libros: uno de literatura infantil (El niño pájaro, Pearson); dos volúmenes de cuentos (Lo peor de la buena suerte, Conaculta-FETA e Imaginarios, De lo Imposible Ediciones) y un e-book que contiene varios ensayos (Ruido versión para Kindle). Dos años después regresa con una nueva tanda: otro libro infantil, de cuentos, El fantasma sin recuerdos y otras historias para niños extraños (Planeta) y Todo sucede aquí (Cuadrivio), conformado por 11 relatos breves donde conviven el surrealismo y el terror psicológico para acercar al lector a historias sobre el vacío emocional, el sentido de culpa y sobre cómo el peso de los objetos significa un sacrificio de vida de forma constante.

“A diferencia de Lo peor de la buena suerte -explica el autor a Horizontum-, este libro no fue pensando como un producto total. Como sucedió con el anterior, Imaginarios, se fue armando de cuentos escritos hace más tiempo. En el proceso de edición quedó divido en dos partes, en la primera hay cuentos con un tono fantástico o de alguna manera un tanto más relacionado con el absurdo donde las sillas atacan a políticos o una mujer puede dar a luz a una planta mientras que en la segunda busco ir hacia temores más profundos, como el de encontrarse a uno mismo, o la muerte. Me gusta que el lector pueda pasar por diferentes facetas emocionales, de allí que también hay humor ante lo extraño de enfrentarnos a hechos inexplicables”.

Horizontum. Todo lo que sucede en la mente de Jonathan Minila —¿Qué tan cierto es que, como tal, este libro contiene los primeros relatos que escribiste?

—Aunque he publicado ya dos libros de cuentos, si yo los pusiera en una fila quizá sería Imaginarios el libro que representa una introducción al tipo de cuentos que escribo; después pondría Todo sucede aquí y al final Lo peor de la buena suerte; sin embargo, los cuentos que integran Todo sucede aquí son los que considero como un primer ensamblaje y me hubiera gustado publicarlos primero en forma de libro. Cuando los escribí no tenía en mente que fuesen a ser publicados juntos, sino que escribía partiendo de algunas imágenes y a lo largo de siete u ocho años se fueron acumulando. Dentro de este cúmulo hubo algunos que logaron convivir. Fue un amigo cercano, Bernardo Esquinca, con quien me reunía regularmente para tomar algunas cervezas en algunos lugares del Centro, quien luego de un tiempo de hablarle de ellos me pidió se los compartiera y tras unos meses me regresó el manuscrito ya con un primer planteamiento como libro, con una selección de cuentos que aún se mantiene; con ello aprendí el armado que tiene que tener un libro de cuentos: ya sea un tema o un universo similar u obsesiones parecidas o una línea que los une. Al principio lo titulé como el cuento que abre el libro (“El ataque de las sillas vivientes”) y con ese título vinieron una serie de rechazos editoriales hasta que llegó a las manos de Alejandro Baca, de Cuadrivio, con quien lo seguí trabajando, de manera que entraron y salieron cuentos, y en ese proceso también cambió de título.

—El cuento que abre Todo sucede aquí es como si el Buñuel de El ángel exterminador conociera a Stephen King…

—Soy un convencido de que los cuentos se gestan mucho tiempo atrás, no únicamente en el momento en que viene la idea que da cuerpo a la historia sino que se nutren de todo aquello que influencia nuestro imaginario. En mi caso sí estuvo presente Luis Buñuel durante mi niñez porque mis padres solían ver sus películas y creo que así fue mi acercamiento al surrealismo, un género por el cual siempre he estado interesado. También he estado interesado en las películas de terror y en la literatura de terror, específicamente en el trabajo de Stephen King, un autor que ha sido despreciado en muchas ocasiones por la crítica literaria “seria” que lo ha clasificado como un autor pop; sin embargo, me parece que dentro de su obra hay muchas cosas rescatables y sin duda he quedado influenciado de su forma literaria, su forma “ligera”, con un lenguaje cercano a lo cotidiano.

Justo antes de esta entrevista releía un poema de Pablo Neruda que se llama “Walking Around” y en este poema aparecen imágenes bastante fuertes de intestinos colgados en puertas y denturas olvidadas en cafeteras, paraguas en todas partes y yo recuerdo que ese poema me gustaba mucho pero no lo tenía presente con tanta precisión, o sea no recordaba estas imágenes y casi al final de la primera parte de Todo sucede aquí hay un cuento donde un hombre despierta rodeado de narices y me quedé pensando si de alguna manera en mi subconsciente no estaría siendo influenciado por este poema.

¿Qué tanto influye en ti el imaginario cinematográfico de películas de terror serie b?

—De niño no estuve rodeado de muchos libros pero sobre todo con mi madre, teníamos un gusto por el cine de terror y slasher así como de series como La dimensión desconocida. Creo que así fui acercándome de alguna manera a la literatura de autores como Richard Matheson, que hoy es una de mis grandes influencias. También había un tipo de películas que me maravillaban donde se navega a través de la locura de los personajes. Con mi madre rentamos –o quiero recordarlo así- El hombre elefante de  David Lynch y me pareció impactante o, Cabeza borradora o Eraserhead que me fascinó y a la vez me dio miedo ese mundo onírico donde suceden cosas inexplicables y nuevamente está presente la deformación y lo absurdo de la existencia. Comencé a inclinarme por un terror más psicológico.

Horizontum. Todo lo que sucede en la mente de Jonathan Minila—Cómo surge “Tu boca comenzó a secarse”, un relato de horror que, aunque sigue siendo opresivo, está en una sintonía diferente al fantástico o surrealismo que acostumbras…

—Con este cuento corto busco confrontar al lector con una de las preguntas que, quiero creer, es de las más recurrentes que solemos hacernos sobre el temor a la muerte, un temor muy natural, y una pregunta que me parece jamás podemos respondernos. La historia esta narrada en segunda persona para invitar al lector a explorar qué sucede al momento de morir mediante la angustia del personaje. En cierto modo “Tu boca comenzó a secarse” está fuera de sintonía con otros cuentos, aunque es cuestión de enfoque: quizá se le dé un poco más de importancia al hecho de que el personaje está falleciendo, pero me parece que sí está navegando en lo fantástico y lo surrealista el poder atestiguar el pensamiento de una persona que ha fallecido. Constantemente vuelvo a las Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento de George Steiner, en donde él dice que una de las razones por las cuales tenemos esta inclinación hacia la tristeza es por no poder conocer el pensamiento de nuestros semejantes. En este cuento se explora la posibilidad de conocer el pensamiento de un personaje que sigue con los ojos abiertos siendo testigo de la muerte luego de que su cabeza ha sido cortada.

—En varios de tus cuentos el cuerpo de los personajes o partes del cuerpo desaparecen recurrentemente… ¿a qué se debe esta obsesión? ¿Lo consideras síntoma de nuestra época?

—Probablemente tiene que ver con la idea de estar avanzando hacia el vacío o lo que continúe después de la muerte. En cierto sentido todos nosotros somos alguien que está desapareciendo. Estamos acostumbrados a aferrarnos a la existencia cuando lo único seguro es la muerte. Buscamos no pasar desapercibidos, hacernos notar y de allí el éxito de las redes sociales: la idea de mostrar nuestro bienestar, el cual hemos ido creando a través de una máscara tecnológica, un disfraz que representa nuestra manera desesperada por justificar nuestra existencia. Sin embargo, nacimos y en algún momento perdimos a ese que podríamos llegar a ser porque el mundo ejerció su influencia en nosotros.

—En varios relatos tuyos, no necesariamente de este volumen, aparece un miedo a los objetos (sillas, puertas, etcétera). Una clase de miedo que parece entre infantil y primigenio…

—El peso de la acumulación de objetos y la justificación de nuestra existencia a través de las posesiones (materiales) es algo que no sólo abordo en narrativa sino también a través de los ensayos que publiqué en Ruido. Es bastante curioso como sacrificamos la vida por acumular objetos que nos permiten un “desarrollo” personal cuando al final de cuentas no habrá manera de llevarse nada de todo lo que hemos ido acumulando. Entonces todo esto en realidad atenta contra nosotros. Es algo que me obsesiona y me gusta abordarlo en los cuentos desde una perspectiva fantástica para que no sea algo tan evidente. Me parece que es un absurdo que puede explorarse desde el terror y el humor.

—Has publicado dos libros de literatura infantil: ¿qué tanto te acomodas en este género?

—En estos libros exploro también los cuentos fantásticos y las historias de lo extraño desde luego, para una perspectiva infantil y, aunque es menos fácil de lo que se cree, me acomoda cada vez más. Podría caer en clichés o historias ñoñas sin embargo, me he dado cuenta que se puede jugar mucho con la escritura porque los niños tienen una mayor facilidad para imaginar y adaptarse a los cuentos porque requiere mayor disposición a cambiar de un universo a otro, como sucede cada que uno termina de leer un cuento. Los niños son muy abiertos: si algo no les gusta o no les parece de la lectura, te lo van a decir.


Nahum Torres

Nahum Torres

(Ciudad de México, 1977) ha colaborado en medios impresos y electrónicos con textos sobre cine, arte contemporáneo, literatura y música. Actualmente es editor en el sello Librosampleados.