Todas las caras de Eva Todas las caras de Eva
Carlos Monsiváis, ensayista y cronista mexicano, pugnaba por el “melodrama” como canon narrativo de nuestra realidad. Todas las caras de Eva

Desde la húmeda y melodramática pléyade tenochca, informo a mi coronel:

Carlos Monsiváis, ensayista y cronista mexicano, pugnaba por el “melodrama” como canon narrativo de nuestra realidad. En México no hay accidentes, sólo tragedias. Así, como un trasvase en terrenos criminógenos,  bien podríamos columbrar que en México tampoco hay malhechores, nada más arrepentidos.

Eva Cadena, mote de heroína, tiene bajo los rollizos brazos una historia espectacular. Su nombre, antes pequeño y desconocido, inunda incontenible las primeras planas de la prensa nacional. Es la mujer del momento. Por los albures de la política, su sufrido periplo la ha llevado de la vindicta a la compasión pública. Triste y acongojada, clama a quien la quiera escuchar: ¡Soy una víctima! ¡Yo soy buena! ¡Todo era una trampa!

En conferencia de prensa, convocada para dar cuenta de su versión, Cadena se apersona tras el atril. Nerviosa, anuda los ojos en el texto que preparó. Una voz aflautada, aguda como alfiler, se asoma por su garganta.

Todas las caras de Eva Cadena

“Quienes me conocen, saben que fui víctima de una trampa”, dice sin rubor. Luego se lanza en una lacrimógena recriminación. “Mi partido, Morena, cuando más lo necesitaba me dejó sola”. Así me entero, mi coronel, que los partidos, además de ganar votos, fungen como niñeras de sus militantes. Un país de niños solitarios. “Ahora me doy cuenta –continúa- que usaron mi caso para lavarse la cara”. Eva Cadena, un jabón.

El culebrón que Cadena desmenuza tiene las costuras raídas de la tragicomedia.

Primer acto: Cadena se presenta a una reunión “con un grupo de personas, que se acercaron a mi oficina presentándose como familiares y cercanos del coordinador de Morena en el Congreso de Veracruz”. En esa reunión, para “su sorpresa”, le dan dinero. (A mí también me sorprendería, a decir verdad, mi coronel, que algunas personas se acercaran, no digamos a mi oficina, así en la calle,  a darme dinero),

Segundo acto: Quiere regresar el dinero, pero no lo aceptan los que, según ella, lo han puesto en sus manos. Alegan, dice Cadena, razones de peso: “Me dijeron, incluso, que no les gustaría viajar con ese dinero por carreteras de Veracruz, por el tema de la inseguridad”. (No vaya siendo que los asalten, mi coronel, y luego a quién le entregan cuentas).

Tercer acto: Cadena prepara una demanda, que está haciendo algún abogado, sobre el financiamiento ilegal a partidos políticos.

Conclusión. Morena le dio dinero a Morena para dárselo a Morena pero luego lo regresó a Morena.

¿Cómo se llamó la obra, mi coronel? “Libretistas de medio pelo”.

Con la novedad, mi coronel, que la otrora Cadena, defenestrada y anodina, ha dado lugar a una Cadena renovada y escrupulosa, a quien los ofrecimientos en dólares no hacen ni parpadear. Una exaltada cruzada del decoro que no tiene empacho en hundir a un partido entero con tal de sacar las castañas –las suyas- del fuego de la corrupción.

Todas las caras de Eva Cadena

Pero ahí no acabó la cosa. De labios de Cadena nos enteramos que en Morena, los bonos que reciben los legisladores de ese partido en el Congreso de Veracruz, los dedican a financiar los mítines de Andrés Manuel López Obrador, cuando va de visita; que ningún diputado dedica el 50% de su salario a financiar las universidades que Morena prometió.

En fin, mi coronel, que yo sólo sé que estoy confundido, o ¿cómo era? Cadena ha dado, por lo menos, cuatro versiones de la historia –http://www.animalpolitico.com/2017/06/eva-cadena-morena-diputada/-. ¿A qué Eva, pues, le creemos, mi coronel?

Cavilo el caso y me pierdo en sus recodos. Un galimatías. Sólo sé que, como en otras ocasiones, esta historia se coció a dos fuegos: el público y el secreto; un relato cuyo pautado original desconocemos, pero que en su lógica y coherencia encuentra su propio sentido. Un sentido que, a nosotros, neófitos, nos repele.

No soy partidario de las casualidades, ni de los virajes gratuitos en la historia. Por eso en este país, mi coronel, vivo tan inquieto. Aquí la verdad sólo es melodrama.

Seguimos plañideros, acongojados, pero informando, mi coronel.

Filiberto García

Filiberto García, nació en la Ciudad de los Palacios, otrora México-Tenochtitlán. Formó parte, brevemente, de los servicios de inteligencia mexicanos.. Su paso en los entretelones del espionaje lo consignó un novelista de los buenos. Luego, Filiberto, herido por la abulia y temprano aburrimiento -su trabajo de espía no duró más que una novela- se dedicó a estudiar periodismo. Se le quedó lo de "mi coronel", y a él le escribe, periódicamente, uno que otro análisis. A veces escribe en serio. Pero siempre lo hace en “Horizontum”. Pura sátira.