“Te vigilo, te conozco. Eres vulnerable” “Te vigilo, te conozco. Eres vulnerable”
El gobierno espía. No me espanto, ni me sorprende. Ya lo sabíamos. Usted, mi coronel, y yo, su servidor, si algo sabemos es de... “Te vigilo, te conozco. Eres vulnerable”

Desde la espiada, asustada y vociferante ciudad chilanga, escribo a mi coronel.

El gobierno espía. No me espanto, ni me sorprende. Ya lo sabíamos. Usted, mi coronel, y yo, su servidor, si algo sabemos es de espionaje. Pero no me malinterprete, que cuando así procedimos las circunstancias eran otras y los espiados –¡pinches chales!- traían entre manos algo gordo y candente.

Lo que sí le confieso, mi coronel, que me sorprende y no poco es que otros colegas –recuerde que ya soy periodista- se hayan tomado el asunto con tanta familiaridad que, desde su perspectiva, ser espiado es tan habitual como comer tortillas o caer en un bache. Vaya, que el espionaje es como el sol y la luna; tan comunes que los damos por sentado. Pero, me pregunto: ¿qué, acaso, algo tan reprobable como común, por común, es menos reprobable?

Aunque el New York Times dio el campanazo sobre el tema, el espionaje contra periodistas y activistas sociales ya había sido abordado periodísticamente. No obstante, el peso y dimensión del medio posicionó la revelación en los primeros lugares de la agenda noticiosa de propios y extraños.

Horizontum. “Te vigilo, te conozco. Eres vulnerable”

Tanta revuelta generó el reportaje – https://www.nytimes.com/es/2017/06/19/mexico-pegasus-nso-group-espionaje/ – que el gobierno respondió, tarde y mal, naturalmente, pero algo respondió. En una escueta y mal redactada carta, firmada por Daniel Millán, a la sazón Director General de Medios Internacionales de la Presidencia, el gobierno le decía al editor del New York Times dos cosas:

  1. No tienen pruebas: “(…) no hay prueba alguna de que agencias del gobierno mexicano sean responsables del supuesto espionaje descrito en su artículo”; y
  2. Denúnciennos que luego nosotros mismos nos investigamos: “Se hace un llamado a quienes pudieran haber sido víctimas de las acciones descritas en su artículo, a que presenten su denuncia ante la Procuraduría General de la República, a fin de que se puedan realizar las investigaciones correspondientes”.

Por cierto, mi coronel, la PGR está entre las instituciones señaladas por haber adquirido el programa de espionaje. Venturosas casualidades.

Horizontum. “Te vigilo, te conozco. Eres vulnerable”

En El Proceso, del maestro Kafka, un laberinto demencial y monstruoso se ciñe sobre un hombre común: Josef K. Gris y mediano, K es detenido sin saber con claridad el motivo de su arresto. Alguien, quizá, le calumnió –“Alguien tenía que haber calumniado a Josef K., pues fue detenido una mañana sin haber hecho nada malo”-. Nunca lo sabrá. Poco a poco su vida, su mundo, giran en torno a un proceso que todo lo envolvió en un hálito de fatalismo y sinrazón. El misterio que envuelve el motivo de su desgracia lo precipitará hasta los insondables miasmas de la desesperación. Luego a la muerte.

Para la acerada lógica de las mentes teutonas, El Proceso era una obra tortuosa, con un argumento que fracturaba los duros marcos de la lógica burocrática, seguro parapeto para la anarquía. Era, pues, una obra de terror.

En México, ya se dijo, El Proceso es una obra costumbrista de pleno derecho. ¿Cuántos Josef K. no habrá en las cárceles mexicanas, mi coronel?

Dadas las evidencias, costumbrista es también la obra clásica del inglés George Orwell: 1984. En ella, un mundo retorcido es habitado por una sociedad vigilada, sometida a los dictados de un Gran Hermano –el Big Brother– que todo lo ve, cuestiona y reprende.

Horizontum. “Te vigilo, te conozco. Eres vulnerable”

Mire usted, mi coronel, el espionaje no sólo es una actividad reprobable. También es un mensaje: “Te vigilo, te conozco. Eres vulnerable”. Ahí radica todo: el espionaje es un castigo.

Seguimos espiados e informando, mi coronel.

Filiberto García

Filiberto García, nació en la Ciudad de los Palacios, otrora México-Tenochtitlán. Formó parte, brevemente, de los servicios de inteligencia mexicanos.. Su paso en los entretelones del espionaje lo consignó un novelista de los buenos. Luego, Filiberto, herido por la abulia y temprano aburrimiento -su trabajo de espía no duró más que una novela- se dedicó a estudiar periodismo. Se le quedó lo de “mi coronel”, y a él le escribe, periódicamente, uno que otro análisis. A veces escribe en serio. Pero siempre lo hace en “Horizontum”. Pura sátira.