Tarot para librerías Tarot para librerías
La arrogancia nos hace creer que sabemos por qué y para qué ejecutamos cada acción. Suponemos que somos dueños del destino Tarot para librerías

La arrogancia nos hace creer que sabemos por qué y para qué ejecutamos cada acción. Suponemos que somos dueños del destino, cuando en realidad no controlamos nada.

Un sábado mientras jugaba fútbol, tuve la sensación constante de ser observado. Tardé cerca de 20 minutos en notar que la presencia era de Dani, estaba sentada en la orilla derecha del campo. Ella acompañaba a uno de mis compañeros del improvisado equipo. Para acercarme a verla mejor, tomé el pretexto de encargarle mis llaves. De buena gana aceptó resguardarlas, intercambiamos unas breves palabras. Volví a lo mío. Mientras corría por la banda derecha, comencé otro juego con ella: el de lanzarnos miradas y sonrisas ocasionales. Nuestro acto no pasó desapercibido para su novio, que no volvió a pasarme el balón.

En ese momento no conocí su nombre, solo me enteré del de su novio, pero gracias a ese detalle me fue sumamente sencillo localizarla en internet. La contacté, resultó que ambos teníamos la idea de que había alguna razón mística para habernos encontrado. Sin embargo, nos llevó varios meses volvernos a ver. Hasta que por fin quedamos en ir a beber un café.

Pasé a recogerla a su casa, en el camino me contó que recién se había enterado de su admisión a la Facultad de Psicología. Pidió que fuéramos a una librería ubicada en la misma plaza donde más tarde tomaríamos café, para hacerse con una lectura de vacaciones. Al preguntarle qué clase de textos le gustan, comenzó a disolverse la imagen que había idealizado: “De filosofía. Ya sabes autosuperación y esas cosas, como Paulo Coelho”. Al instante, Dani se volvió sosa y pude ver que en realidad estaba interesado por el contexto en que nos conocimos.

Planeaba cómo escaparme de Dani, estaba arrepentido de salir con ella. Justo entonces, llegó Roxana para rescatarme. Cabello obscuro, blanca piel, ojos de un verde sumamente intenso. El impacto fue instantáneo.

Concluí mi primera, y única, cita con Dani masomenos contento, casi no me molestó que quisiera darme clases de psicología cuando apenas la habían aceptado en la universidad. Desde entonces cada domingo acudí a la misma librería para hablar un poco con Roxana (cuyo nombre conocí gracias a un amigo que trabajaba en el mismo sitio).

Al poco tiempo, quedé en comer con un compañero en uno de los restaurantes de esa plaza. Mientras me estacionaba, Roxana hizo lo mismo al otro lado. Tenía un vehículo exactamente igual al mío, éramos como un espejo. Motivado por este hecho, me atreví a dejarle una nota en su parabrisas con mi número telefónico. Por la noche me llamó, pero no tuve el valor de responderle, preferí escribirle un mensaje pidiéndole que fuéramos amigos. No recibí respuesta. Debió pensar que era un loco.

La vergüenza me alejó temporalmente de la librería de Roxana, hasta que después de varios intentos me decidí a volver e interceptarla, hablamos y sugerí que saliéramos. Aceptó, pero me advirtió que estaba con alguien. No le di importancia.

Traté de contactarla varias veces, nunca respondió. Una tarde mientras escudriñaba en Instagram, se me ocurrió poner en el buscador lo único que sabía de ella: “Roxana”. Al instante aparecieron imágenes de una vida desconocida en la que yo nunca (¿nunca?) tendría un lugar. Pronto nacería su hijo.

Entre las muchas cosas que descubrí sobre ella, está su gusto por el tarot. Jamás he ido a que me lean las cartas. Dudo que en verdad puedan revelar nuestro futuro. Intentar leerlas es igual de engañoso que interpretar el motivo por el que terminamos en algunas situaciones.

La baraja de las coincidencias me llevó a Dani y leí que encontraría algo especial en ella, pero lo que me aguardaba era Roxana. Después pensé que la carta de haber llegado a esa librería indicaba que entraría en la vida de Roxana, ahora esa conjetura parece distante.

Seguro Roxana, creyente de un destino fijo, escrito y sellado en 22 cartas, piensa que esto se acabó, tal vez incluso ni me recuerda, pero yo, un incrédulo, estoy seguro de que aún hay más de lo que el arte de la adivinación puede mostrar.

Luis Moreno Flores

Luis Moreno Flores

Luis Moreno Flores es un periodistas mexicano, entusiasta de la comida callejera, fanático del rocanrol, los perros, la literatura de la onda, Donnie Darko, las Chivas y el Athletic de Bilbao. Actualmente reside en San Luis Potosí y es subdirector editorial del periódico La Orquesta.mx. luismorenoflores@gmail.com /@LuisMorenoF_