“Soy un devoto de la memoria, no de la nostalgia” “Soy un devoto de la memoria, no de la nostalgia”
José Luiz Martínez, periodista cultural, relata en su nuevo libro El día que cambió la noche. Memorias de un noctámbulo en la Ciudad de... “Soy un devoto de la memoria, no de la nostalgia”

Entrevista a José Luis Martínez sobre El día que cambió la noche.

José Luiz Martínez, periodista cultural, relata en su nuevo libro El día que cambió la noche. Memorias de un noctámbulo en la Ciudad de México (Grijalbo, 2016), la vida nocturna de la capital durante la década del ochenta.

La crónica está compuesta por una serie de “viñetas” que buscan brindar un paisaje en torno a la noche de la ciudad, y de cómo el terremoto del 19 de septiembre de 1985 acabó abruptamente con ella, orillando a la desaparición a los diferentes clubes nocturnos que poblaban la capital.

José Luiz Martínez. Fotografía de Pascual Borzelli Iglesias.

José Luiz Martínez. Fotografía de Pascual Borzelli Iglesias.

Entre los motivos que llevaron al periodista a escribir un relato sobre la noche capitalina, se cuenta la ausencia de su adecuada documentación. “Considero que no está lo suficientemente documentada, hay algunos textos sueltos que aluden a la vida nocturna de la Ciudad de México –refirió Martínez en entrevista para Horizontum-. Quizá quien más se acerca es Armando Ramírez (Ciudad de México, 1952), con algunos texto como Noches de Califas o Pu, pero es una noche distinta a la que yo abordo”.

De la noche relatada en su libro, Martínez consideró que esta “empezó a languidecer de una manera apresurada, hasta casi extinguirse, a partir de la mañana del 19 de septiembre de 1985, cuando, con el sismo, caen lugares emblemáticos. Uno de ellos, por supuesto, el Hotel Regis, donde estaba el “Capri”, la cantina “El Establo”, el bar “Impala”, la “Taberna del Greco”, y que por sí solo representa una gran institución dentro de la vida cultural, política, social y de espectáculos de esta ciudad”.

Respecto a la vida nocturna retratada, el escritor develó su intención de “no idealizarla”. “También, de repente, te metían lo que se denomina caballazos; (…) había que tener cuidado con la ficha, en fin. No era una noche que estuviera exenta de trampas, de peligros, de violencia en algunos casos”. Sin embargo, matizó,  “lo que a mí me tocó vivir era una noche luminosa. No quiere decir que toda la ciudad estuviera iluminada, sino que era una noche donde las marquesinas, que se extendían por muchos lugares, te anunciaban estrellas (…)”.

“A mí me sorprendía todo eso, porque fue un mundo que se me fue descubriendo. Yo no conocía ni tenía mayores antecedentes de que yo pudiera acceder a ellos; en primera porque ir al cabaret era caro (…) Había cabarets de segunda y tercera; a los de tercera pues ibas a bailar, contratabas a una fichera y por unos cuantos pesos podías bailar”, relató el escritor.

Aunque su crónica se ubica en el lapso de tiempo que corresponde a sus años de juventud –Martínez contaba treinta años en 1985-, la descripción contenida en su libro se extiende a otros periodos. “Yo extendí esa noche hacia otras épocas, porque siempre he tenido la fascinación por los viejos y por la memoria de los viejos. Muchos de mis amigos eran ya muy grandes, y siempre me gustaba que me contaran de cuando ellos eran jóvenes, cómo habían vivido la ciudad, sus anécdotas, que además eran extraordinarias (…) Así conversaba con Luis Alcoriza –director de cine-, Margo Su –empresaria de clubes nocturnos-, o, muy renuente con sus recuerdos, con Acerina –también conocido como Consejo Valiente, danzonero-“.

“Siempre me parecía importante conocer la vida cotidiana, y cómo se divertía la gente. No sé porqué siempre tuve esa curiosidad. Entonces, para mí ir coleccionando recuerdos, anécdotas, historias, siempre fue importante. En este libro lo que quise fue escribir algunas viñetas que fueran conformando una crónica de mis recuerdos, y de lo que yo escuché (…) Dice Borges: ‘tanto la memoria como el olvido son electivos’. Yo no dudo que muchas cosas no correspondan a lo que otras personas recuerdan, para mí lo importante es que así lo recuerdo y así lo viví. Desde ese punto de vista, creo haber escrito, dentro de mis limitaciones, un testimonio honesto”, explicó.

José Luiz Martínez. Fotografía de Pascual Borzelli Iglesias.

José Luiz Martínez. Fotografía de Pascual Borzelli Iglesias.

Escenario de su crónica, en cuanto a Ciudad de México, el también director del suplemento cultural del diario Milenio, Laberinto, consideró que esta ha sido “agredida con una enorme saña, con una constancia terrible por las autoridades; pero, también, por sus ciudadanos. Creo que no hemos sabido estar a la altura de lo que la ciudad nos ofrece, de la historia de esta ciudad”.

“Para mí, hubo dos calles entrañables –contó-, una de ellas Madero, y la otra, avenida Juárez; Madero es mi infancia y mi adolescencia, y avenida Juárez, mi juventud. Las calles más hermosas de esta ciudad (están)  convertidas en una muchedumbre incesante que no te dejan, ni siquiera, apreciar nada, ni los escaparates, ni la arquitectura, ni escuchar nada por tanto ruido”.

Sobre la vida nocturna en la actualidad, el cronista se muestra pesimista. Así lo dijo: “El Centro es deprimente; camina por cualquier calle, por Artículo 123, por Luis Moya: indigencia y suciedad. Ver una avenida que fue tan elegante, glamurosa, como Juárez, convertida en una serie de locales donde solamente hay música estridente, donde hay una desatención al buen gusto, y con buen gusto quiero decir (…) esos códigos de comportamiento y de conducta, de respeto al otro,  que no los encuentro”.

Martínez, en relación con los recuerdos y la nostalgia, se define a sí mismo como “un devoto de la memoria, de la historia, no de la nostalgia. La nostalgia siempre te instala en el pasado. Todos, en algún momento, somos nostálgicos, pero querer regresar a esa época por supuesto que no. Son episodios que ya pasaste (…) Todo es parte de una realización en la vida”.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.