Soledad, muerte y complot Soledad, muerte y complot
Hasta hace más de una década Rafael Bernal seguía siendo un escritor enigmático. Todo cambió en el primer lustro del siglo XXI, en el... Soledad, muerte y complot

Hasta hace más de una década Rafael Bernal seguía siendo un escritor enigmático. Todo cambió en el primer lustro del siglo XXI, en el que su vida y obra comenzaron a cobrar interés tanto para la academia como para una nueva generación de escritores. Simpatizante del sinarquismo, católico sin precedentes, diplomático y cosmopolita, en la mayoría de sus obras existe una diatriba moral. Como escritor, era un velado opositor al régimen institucional y su legalismo esperpéntico producto de una Revolución hecha gobierno.

Qué saben éstos de lo que es hacer la Revolución, de lo que es andarse muriendo por esos caminos […] Para mí que están ensayando su discurso del dieciséis. La Revolución no se ha convertido en nada. La Revolución se ha acabado y ahora no hay más que pinches leyes. Y así, por todos lados, nos andamos haciendo pendejos…
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Soledad, muerte y complotDesde el tóxico relato de “El extraño caso de Aloysius Hands”, Rafael Bernal demostró talento para una escritura paródica. Aquí, retoma un español madrileño (no exento de “tíos” y otros localismos) para abordar una ficción criminal situada en Arizona. Esta noveleta que abre su 3 novelas policiacas (libro publicado por Jus en 1946 y reeditado por el Fondo de Cultura Económica, en 2015, como parte de Antología policiaca) se centra en dilucidar sobre el crimen perfecto; es decir, es un relato dedicado al bello arte de asesinar pero con “una variante moral”, como recuerda Vicente Francisco Torres: “el crimen, además de ser perfecto y refinado, debe justificarse por el castigo que representa, por los males que evita, o por la paz que proporciona”.

Siguiendo al británico G. K.  Chesterton, Bernal fue creador de un personaje deductivo como ‘Téodulo Batanes’ –símil a ‘Máximo Roldán’, protagonista de la serie de narraciones policiales que conforman La obligación de asesinar (1948), de su amigo Antonio Helú (1900-1972)—, en el que el intelectualismo se conjuga con la picardía, como puede comprobarse en los relatos largos “De muerte natural” y “Un muerto en la tumba”; sin embargo su ‘Filiberto García’ pertenece a otro tipo: un solitario ex pistolero villista entrado en la tercera edad, de ojos verdes que espantan a la gente. Un hombre de acción, de hechos que, al igual que su autor, es un tipo a quien la Revolución despojó de casi todo.

Y el que no conoce a Dios, a cualquier pendejo se le hinca.
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Soledad, muerte y complotDurante más de 45 años El complot mongol ha permanecido como una novela de culto entre los lectores mexicanos. Reconocida por romper el método deductivo característico de las novelas de misterio clásicas, la de Rafael Bernal (1915-1972) recobra en el siglo XXI su sitio honorífico como obra fundadora del hardboiled mexicano y punto culminante de la novela negra en México, toda vez que -como ha señalado José Woldenberg- se trata de “un retrato caricaturesco” de nuestro sistema político en el que prevalece la irregularidad, donde lo legal y lo ilegal se entremezclan.

¡Pinche Coronel! No quiero muertes, pero bien que me manda llamar a mí. Para eso me mandan llamar siempre, porque quieren muertos, pero también quieren tener las manos muy limpiecitas. Porque eso de los muertos se acabó con la bola y ahora todo se hace con la ley. Pero a veces la ley como que no alcanza y entonces me mandan llamar (…) Nomás como que sueltan la cosa, para no cargar con la culpa. Porque ahora andamos de mucha conciencia. ¡Pinche conciencia!
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El complot mongol nos sitúa de lleno en las calles del centro de la Ciudad de México, en una zona tan popular como marginal, un submundo: la clandestinidad de la calle de Dolores, el “Barrio Chino” (en el que cuenta la leyenda, imperaban las apuestas y los fumaderos de opio).

El ambiente es propicio para ironizar sobre los dilemas ideológicos de la Guerra Fría, el espionaje internacional, lo conspirativo, el poder judicial mexicano y la política nacional e incluso, la novela negra misma. A todo ello, Bernal dota a su relato de una visión pesimista en el que la soledad y la muerte son las preocupaciones de fondo.

Soledad, muerte y complotLa novela ha sido homenajeada por casi todo escritor mexicano del género, desde Paco Ignacio Taibo II (No habrá final feliz, 1989) hasta Guillermo Rubio (Visitando al diablo, 2014). También se ha llevado al cine (con guión y dirección de Antonio Eceiza, 1978), a la radionovela (con guión de Joaquín Garrido y Juan Carlos Colombo. Producción de Edmundo Cepeda, 1989) y al cómic (con guión de Luis Humberto Croshtwaite e ilustraciones de Ricardo Peláez, 2000), y en dichas adaptaciones sobresale el lenguaje coloquial, peculiarmente urbano, explícito en la obra, hasta el punto que el albur forma parte de los diálogos entre los personajes en una singular reinterpretación del lenguaje directo de la novela negra estadounidense –cuyos modelos son Raymond Chandler y Dashiell Hammett, este último un autor al que Bernal tradujo—. No extraña que el personaje de ‘Filiberto García’ intercale en la brevedad de sus reflexiones un lenguaje altisonante: se trata de un matón que carece de reglas de etiqueta. Y sin embargo, como todo hombre, tiene su corazoncito.


Nahum Torres

Nahum Torres

(Ciudad de México, 1977) ha colaborado en medios impresos y electrónicos con textos sobre cine, arte contemporáneo, literatura y música. Actualmente es editor en el sello Librosampleados.