Socavón institucional, el “mal rato” de morirse cuando la carretera se abre y te traga Socavón institucional, el “mal rato” de morirse cuando la carretera se abre y te traga
En México el suelo se abre, se traga a dos personas, y nada más es “un mal rato” (Ruiz Esparza dixit). La corrupción, ya... Socavón institucional, el “mal rato” de morirse cuando la carretera se abre y te traga

Desde la estrepitosa y machacada vereda chilanga, informo a mi coronel

En México el suelo se abre, se traga a dos personas, y nada más es “un mal rato” (Ruiz Esparza dixit). La corrupción, ya lo vimos, mata. Y no echo a volar ningún cocodrilo, ni me hago el demagogo, mi coronel. Lea lo que le digo.

El Paso Express era obra buena y bien hecha. Así la describía Peña Nieto, arriba de un helicóptero, a unos días de haberla inaugurado con sendos oropeles:“(es) una buena carretera, es una gran autopista, que se puede recorrer de  manera rápida y segura”. Meses después, tres para ser precisos, un boquete se abrió y mató a dos personas.

La explicación de la autoridad peca de simplona. La basura, una basura muy grande y ruin, se atascó en una tubería que tenía 40 años de antigüedad (Ruiz Esparza dixit), ¡40 años!, lo que provocó el socavón. Así las cosas, mi coronel, un montón de basura venció la infraestructura que le costó al erario público 2 mil 200 millones de pesos. Y todos en la SCT, la dependencia de Ruíz Esparza, tan tranquilos y campantes.

¿Se la traga, mi coronel? Yo no.

La cosa mala devino a peor, mi coronel, como no podría ser distinto en este país y “con la misma gente”. En un arranque de humanismo desorbitado, un contrito Ruiz Esparza echó mano de sensibilidad exquisita y descerrajó una declaración propia para incluirse en el catálogo-de-dichos-profundamente-desafortunados, en donde los políticos mexicanos tienen membresía y exclusividad.

Socavón institucional, el “mal rato” de morirse cuando la carretera se abre y te traga

De la indemnización que a los deudos de las personas fallecidas correspondía, Ruiz Esparza expelió:  “Creo que ellos tienen el derecho, no se está haciendo por alguna cosa más que por el mal rato que pasaron; ayudarles, no a que sea menos malo, porque eso no se paga con dinero, pero ayudarles en gestiones que quizá si no hubiera la intervención nuestra podrían tomar mucho tiempo”.

Entérese, mi coronel, morirse es un “mal rato”.

La fe de Javier Duarte

Y retembló en sus centros la tierra. El más más malo de la comarca política mexicana, Javier Duarte, ex líder de una banda llamada “Poder Ejecutivo del estado de Veracruz”, ya está en México.

Lo recibió, en el aeropuerto de la Ciudad de México, una comitiva que haría palidecer a la Guardia Real Británica. En un operativo digno de mejores causas, Duarte fue trasladado hasta el Reclusorio Norte. Ahí, el exgobernador fue protagonista de una popular y efímera puesta en escena. “Primera audiencia”, la titularon.

Según la crónica del reportero Alberto Ángel, del portal Animal Político, los representantes de la PGR, los que deberían hundir a Duarte con pruebas irrefutables y argumentos de concreto armado, no se sabían el expediente. Vaya, que lo habían leído, digo yo, pero no tan a fondo. Por encimita, nomás.

Socavón institucional, el “mal rato” de morirse cuando la carretera se abre y te traga

En cambio, mi coronel, Duarte se expandió –aún más- en una retahíla de preguntas, sin respuestas, a los fiscales. Tanto así que su abogado defensor pasó de la euforia jurídica, a la franca chacota. En resumidas cuentas, que se almorzaron a unos fiscales en salsa verde, con todo y frijoles.

Con los ánimos bocabajeados por sabernos indemnes ante el genio criminal, el secretario de Gobernación, Osorio Chong, nos impuso una receta de filosofía práctica, judicial y trascendental. Todo junto en una sola declaración. Hay niveles.

“Hay que tener fe en la institución, hay que tener fe en el trabajo que van a realizar”.

Amén, mi coronel.

Seguiremos informando desde la piadosa metrópoli chilanga.


Filiberto García

Filiberto García, nació en la Ciudad de los Palacios, otrora México-Tenochtitlán. Formó parte, brevemente, de los servicios de inteligencia mexicanos.. Su paso en los entretelones del espionaje lo consignó un novelista de los buenos. Luego, Filiberto, herido por la abulia y temprano aburrimiento -su trabajo de espía no duró más que una novela- se dedicó a estudiar periodismo. Se le quedó lo de "mi coronel", y a él le escribe, periódicamente, uno que otro análisis. A veces escribe en serio. Pero siempre lo hace en “Horizontum”. Pura sátira.