Sin las estrellas, viviríamos bajo una bóveda oscura: Daniel Kunth Sin las estrellas, viviríamos bajo una bóveda oscura: Daniel Kunth
Para Daniel Kunth, astrónomo del Instituto de Astrofísica de París y director de investigaciones del Centro Nacional de Investigación Científica Sin las estrellas, viviríamos bajo una bóveda oscura: Daniel Kunth

Para Daniel Kunth, astrónomo del Instituto de Astrofísica de París y director de investigaciones del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS, por sus siglas en francés) las estrellas no pueden decir su nombre, ni de dónde vienen ni hacia dónde van.

Kunth (París, 1946), después de una vida dedicada a la observación del cielo, ha aprendido a descifrar algunos de los misterios de los cuerpos celestes y, más allá de la ciencia, las marcas que dejan en la vida cotidiana y las palabras resultan lo más importante de estas.

A inicio de los años 90, del pasado siglo, cuando organizó el primer festival Nuits des étoiles (Noches de estrellas), un encuentro gratuito y al aire libre que se realiza cada 12 de agosto para observar la mayor lluvia de estrellas fugaces, a Kunth se le ocurrieron los primeros vocablos celestes.  Entre ellos está  canícula (del latín canis, perro), que designa las temperaturas estivales excesivas, porque la estrella Sirio (el perro del cazador Orión) se ve más brillante en las noches de buen tiempo.

Casi 30 años después, con la colaboración de amigos y de los asistentes de su festiva, que se ha extendido a Bélgica, Italia y a la Guayana Francesa, ya suman 200 palabras en su colección lingüística, ahora recopiladas en el libro Palabras del Cielo, presentado esta semana en las ciudades españolas de Madrid y Barcelona. El astrónomo en el texto hace un recorrido por las huellas que miles de noches

“Yo quería contar esas cosas, pero no me apetecía escribirlo como si fuese un diccionario. Decidí organizar los vocablos en capítulos, de manera que propusiera al lector un viaje que empieza con el concepto de cielo, después estrellas, planetas, hasta llegar a la totalidad del cosmos”, explicó en las presentaciones organizadas.

El destacado astrónomo cree que la fascinación humana por el cielo es “porque siempre estamos buscando nuestro origen, siempre estamos preguntando por qué estamos aquí, sobre la Tierra, todos tan pequeñitos. El cielo confiere cierta importancia a nuestra existencia, gracias a él la gente se pregunta si Dios existe o no”

Kunth también considera que “representa esa dimensión metafísica, profunda y a la vez científica. Hay también un factor emocional, que no permite que uno se quede indiferente cuando mira al cielo. Las estrellas no son alcanzables, y al ser humano le fascina todo lo que se le escapa, ya sea la cumbre de una montaña o lo más profundo de los océanos. ¿Qué sería del ser humano si no existieran las estrellas? Viviríamos bajo una bóveda oscura”, concluye.


La Redacción

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