“Sin el lector, sin sus perversiones, imaginación, inventiva, prejuicios, miedos, tabús… no se puede generar un diálogo”.    “Sin el lector, sin sus perversiones, imaginación, inventiva, prejuicios, miedos, tabús… no se puede generar un diálogo”.   
Tenemos a otro autor que proviene del norte y que su obra ha transitado entre el cuento y la novela. Ha escrito Alguien tiene... “Sin el lector, sin sus perversiones, imaginación, inventiva, prejuicios, miedos, tabús… no se puede generar un diálogo”.   

Tenemos a otro autor que proviene del norte y que su obra ha transitado entre el cuento y la novela. Ha escrito Alguien tiene que perder, La rebelión de los fanáticos y Sombras del vacío. Es narrador, editor, guionista y promotor literario. Esta semana conoce a César Gándara, escritor sonorense.

Diana López: Siempre es complicado, pero ¿podrías mencionarnos tus 5 libros favoritos y por qué lo son?

César Gándara: Creo que los libros son como las personas: algunos me atraen por voluptuosos, otros porque se parecen un poco a mí y otros porque son totalmente distintos o me enseñan a ver situaciones o cosas que, de no ser por ellos, nunca habría visto o reflexionado, o tal vez sí pero de manera diferente. Hay, eso sí, libros que leí hace mucho tiempo y que aún me acompañan por la vida. Hay otros que tuve la fortuna de leer recientemente, y quizá gracias a ello pude disfrutarlos con la experiencia de vida suficiente para comprenderlos. Quizá si los hubiera leído de más joven no me habrían dicho nada. Ahí es donde me parece que radica el secreto de los libros entrañables: en que llegan en el momento indicado para nosotros y se vuelven imprescindibles para nuestras vidas.

Horizontum-Cesar-Gandara-3La grandeza de los libros está en su riqueza. En que cada uno de ellos es único, irrepetible, e inigualable, como personas hay en el mundo. Si no, ¿para qué tantos libros? ¿para qué seguir escribiendo de lo mismo? Pero, bueno, hay que entrarle al reto y mencionar algunos títulos, supongo.Voy a omitir libros de cabecera como El Quijote, Crimen y castigo o El tambor de hojalata para dar cabida a otros que también son muy interesantes y que me han cambiado la vida.

La Señal, de Inés Arredondo.- Este libro de cuentos es de una profundidad increíble. El tratamiento del lenguaje, la manera en retrata paisajes y ambientes, el cómo los relaciona con el estado emocional de sus personajes y la carga de erotismo, deseo, desilusión, iluminaciones y revelaciones a los personajes son algunas de las razones del porqué me gusta tanto.

El libro vacío, de Josefina Vicens.- Desde la primera vez que lo leí pensé que este libro me habría gustado escribirlo yo. Tiene también una gran profundidad y unas reflexiones sobre el acto de escribir que me apabullan. Otra de las grandes virtudes es la manera en que la autora ilumina esas zonas oscuras de su protagonista para que nosotros podamos conocerlo y empatizar con él de una manera que quizás ni con nuestros seres más cercanos podríamos decir que conocemos de tal forma.

Mientras agonizo, de William Faulkner.- Esta gran novela me impriesionó por varias razones. Una de ellas es la complejidad de todos los personajes que participan de la historia. La polifonía, las distintas voces que van contando la historia desde su visión, sus experiencias y prejuicos, la vuelve una gran historia.

Leyenda del santo bebedor, de Joseph Roth.- Otro de las historias que yo hubiera querido escribir. Trabaja la historia como si fuera un mito, de manera muy transparente y clara, sin alardes, y cuenta una historia tremendísima llena de religiosidad, fatalidad, destino y condición humana.

Los límites de la noche, de Eduardo Antonio Parra.- Cuando leí por primera vez este libro quedé sorprendido al verme reflejado no solamente yo, sino mi entorno en un libro. Era una realidad demasiado cercana, unos giros verbales totalmente conocidos para mí, una ideología y una manera de ver el mundo de la que yo era parte. Eduardo Antonio Parra me hizo ver que no toda la literatura mexicana habla de la Revolución o de la Ciudad de México, y eso es un aprendizaje que hasta la fecha sigue haciendo mella en mi escritura.

DL: ¿En qué momento de tu vida decidiste incorporar la lectura como un acto cotidiano?

Horizontum. César Gándara. “Sin el lector, sin sus perversiones, imaginación, inventiva, prejuicios, miedos, tabús… no se puede generar un diálogo”.   CG: Desde chico leía muchos comics, mi mamá me llevaba cada semana a comprar su Rarotonga y Fantomas, y a mí me dejaba comprar uno o dos comics, de los cuales normalmente me llevaba uno del Hombre araña o de Archie. En casa de mi abuela, cuando entraba al baño, me leía los libros vaqueros que ella dejaba en el depósito del excusado.

En la adolescencia comencé a leer con más frecuencia. Me gustaban mucho libros como Rocky, o libros en los cuales tenías varias opciones de historias y según las decisiones que ibas tomando te llevaban a distintos finales.

En la preparatoria fue cuando me clavé más con libros como los de Carlos Castañeda (Las enseñanzas de don Juan, etc.), Gibrán Kalil Gibrán, Hermann Hesse y los clásicos rusos que no sé cómo llegaron a mis manos.

DL: ¿Siempre deseaste ser escritor o qué otro trabajo te hubiera gustado desempeñar?

CG: De niño siempre quise ser biólogo marino, ni siquiera recuerdo a qué edad se me metió la idea en la cabeza. Al terminar la preparatorioa no me quedé con las ganas.  Estudié un año Ciencias Marinas en Ensenada y me enamoré de esa ciudad y de su gente. Desafortunadamente, no puedo decir lo mismo de la carrera.

Otro trabajo que me gustaría es el de cocinero, pero cuando los veo todo el día metidos en la cocina con tremendos calorones y siempre de pie, pues como que ya no se me antoja tanto.

Si vivieras en otro país, que no sea tu tierra natal ¿qué otra profesión u oficio te interesaría realizar que no tenga nada que ver con la lectura y escritura?

CG: He trabajado en muchas profesiones muy raras. Contando autos debajo de un semáforo, como productor de masa para pizza, de maestro de música, en los programas de estadística del gobierno. En Barcelona trabajé de mesero.

DL: ¿Qué es lo que te hace dejar la lectura de un libro?

CG: El bostezo, la ingenuidad, la falta de respeto al lector. Me gustan los libros que consideran a sus lectores inteligentes, que invitan al diálogo y a que el lector también se convierta en una parte fundamental de la construcción de las historias. Sin el lector, sin sus perversiones, imaginación, inventiva, prejuicios, miedos, tabús, etcétera, no se puede generar un diálogo. Y si no hay un diálogo entre la obra literaria y el lector, pues entonces no hay nada.

DL: ¿Qué lugares son tus preferidos para leer, ya sea en tu casa o fuera de ella?

Horizontum. César Gándara. “Sin el lector, sin sus perversiones, imaginación, inventiva, prejuicios, miedos, tabús… no se puede generar un diálogo”.   CG: Por necesidad leo en todos lados, incluso caminando. He adquirido una gran habilidad gracias a la cual puedo hasta cruzar calles o hacer transbordos en el metro. Y nunca he tenido un percance a causa de esto. Lo que sí no he logrado es leer mientras manejo.

Los libros electrónicos se han vuelto una gran herramienta para leer en los tiempos muertos (metros, fila de las tortillas, mientras esperas a tu médico).

DL: ¿Tienes alguna bebida favorita mientras lees, cuál y por qué?

CG: Café, disfruto mucho esta combinación y la practico todos los días.

DL: ¿Cuáles son las manías que consideras que tienes como escritor (escribes sólo por las noches, fumas mucho, lees muchos libros antes de sentarte a redactar, etc)?

CG: Normalmente trabajo en un café, al que incluso hago llamar “mi oficina” y ahí paso muchas horas bebiendo café, saludando amigos y escribiendo. Ahora estoy intentando trabajar en casa. Después de tantos años de hacerlo en cafés, me está costando un poco de trabajo pero le estoy agarrando el gusto.

Diana López

Diana López

Comunicóloga y etnohistoriadora. Se ha desempeñado como promotora cultural independiente, RP para editoriales y eventos culturales. Fue coeditora web en la sección cultural del periódico Reforma y paleógrafa del Archivo General de la Nación. También ha sido asesora pedagógica de fomento a la lectura. Oficio que mejor la define: mochilera.