Sijismo, los hombres del Dastar Sijismo, los hombres del Dastar
Más allá del desprestigio en que ha caído la reputación de la cultura de medio oriente, el ciudadano occidental promedio tampoco Sijismo, los hombres del Dastar

Más allá del desprestigio en que ha caído la reputación de la cultura de medio oriente, el ciudadano occidental promedio tampoco se esfuerza por diferenciar un musulmán común y corriente a un Sij. Aunque se han establecido en su mayoría por Estados Unidos, Inglaterra y Canadá, muchos ciudadanos blancos aun los perciben con desprecio y desconfianza, en especial tras los ataques del 11 de septiembre y la era del terror actual sembrada por el Estado Islámico.

Los Sijs o Sijes no tienen semejanza alguna con musulmanes, pese a que los dedos acusadores también caen sobre ellos como “terroristas”. Esta religión fundada por Gurú Nanak (1469-1538), se instauró en el norte de la India, cuenta con un libro sagrado llamado Guru Granth Sajib y creen en la libertad religiosa y la comunidad. Independientes de otras religiones como el budismo e hinduismo, es una de las diez más profesadas y monoteísta. Y para identificarlos usan un peculiar turbante en la cabeza llamado Dastar, de uso obligatorio para todos los bautizados. Además, conforman su vestimenta otros artículos religiosos como kara (un brazalete), kaccha (ropa interior) y el kesh, la práctica de no cortarse el cabello ni la barba como símbolo de respeto a la creación de su deidad. Aunque a algunos su fisonomía y vestimenta puede resultar extravagante, exagerado o hasta irrisorio, para ellos representa una extensión de su propio ser al grado que se han generado fuertes disputas con otras culturas “más avanzadas”.

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Un caso histórico con el Sijismo actual es con Gran Bretaña, una de las más vastas cunas donde han emigrado y surgido nuevas generaciones. Es aquí donde sufrieron una transformación sin precedentes; su huella quedó plasmada tras su combate durante la Segunda Guerra Mundial, a favor de este país, sin desprenderse de su sagrado turbante. Al concretarse la independencia de la India en 1947, dividió a ésta y Pakistán y arrojó una serie de cambios radicales tanto en sus usos y costumbres que pondrían en jaque su devoción religiosa y adaptación a este país europeo. Este sería uno de las primeras de las muchas turbulencias que generarían el choque de oriente-occidente en la era moderna.

Según el documental de la BBC: The Story of the Turban, la diáspora Sij que se asentó a lo largo del Reino Unido, en especial en ciudades como Londres, Manchester y Birmighan, sufrió un proceso de cambio que no les permitiría ejercer su culto con la libertad deseada. La nueva colonia no era vista con agrado -en especial en la década de los cuarenta- por la población blanca, oriunda; “son y se oyen diferentes a nosotros”, fue el argumento que circulaba tanto en la prensa local como dentro de la misma sociedad al percibir el contraste de las cabezas al aire o enfundadas con sombreros y boinas que con una manta enrollada y una tupida barba.

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Los nuevos vecinos tuvieron problemas para solicitar empleo e iniciar una nueva vida. Muchos hombres aspiraban a desenvolverse como conductores de autobús, pero las empresas exigía que portaran la gorra institucional, lo que los orillaba a deshacerse de su banda religiosa, y esto les presentaba un dilema crucial. Por lo tanto, los que se negaron quedaba excluidos. Algunos otros accedieron, pero al verse reflejados o en fotografías no se sentían ellos mismos, como si perdieran no solo su identidad, sino una parte de su cuerpo.

La discriminación siguió tornándose álgida con el paso del tiempo, pese a que la colonia aumentaba, al nivel en que las multas vehiculares les cayeron a raudales por tripular motocicletas sin casco. Algunas empresas exhortaban a otras a no emplearlos. Las protestas masivas tapizaron las calles de manera reiterativa. No fue hasta 1978 en que las aguas tomaron otro cauce: Gurinder Singh Mandla, un estudiante admitido en la escuela Park Grove de Birmighan, fue condicionado a ingresar si se despojaba de su barba y dastar, por lo que él y su padre Sewa decidieron demandarlos. Tras un par de litigios perdidos, no fue hasta 1982 que el caso fue llevado al Parlamento donde se determinó que los Sijs eran un grupo étnico con una historia cuyos derechos fueron vulnerados y padre e hijo triunfaron finalmente.

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Hoy en día, la situación británica ha cambiado. Si bien, las diferencias entre costumbres orientales y occidentales no son amigas del todo, muchas de sus diferencias han quedado en el pasado. En la actualidad, al menos en Londres, es bastante común encontrar tiendas de abarrotes administradas o en propiedad de Sijs abastecidas de productos y alimentos típicos hindúes. Por otro lado, escuelas y centros ceremoniales son parte de la fisonomía moderna londinense. Incluso el House of Lords ya cuenta con algunas cabezas ataviadas dentro de sus curules. Ranbir Singh Suri fue apenas el segundo Sij nombrado como Barón Suri de Ealing en octubre de 2014.

De este modo, los Sijista siguen pugnando por un respeto hacia su religión y prácticas dentro de la sociedad europea y norteamericana en la que han buscado insertarse pacíficamente, dejando atrás prejuicios y discriminación con el Isis y sus actividades destructivas.


Miriam Canales