Sigmund Freud y las relaciones interpersonales Sigmund Freud y las relaciones interpersonales
En este artículo intento explicar la importancia de la obra del Doctor Freud, para la comprensión de las relaciones interpersonales. Sigmund Freud nació en... Sigmund Freud y las relaciones interpersonales

Lo que necesito de ti

No sabes cómo necesito tu voz;
necesito tus miradas
aquellas palabras que siempre me llenaban,
necesito tu paz interior;
necesito la luz de tus labios
Ya no puedo… seguir así!!!
…Ya… No puedo
mi mente no quiere pensar
no puede pensar nada más que en ti.
Necesito la flor de tus manos
aquella paciencia de todos tus actos
con aquella justicia que me inspiras
para lo que siempre fue mi espina
mi fuente de vida se ha secado
con la fuerza del olvido…
me estoy quemando;
aquello que necesito ya lo he encontrado
pero aun!!!Te sigo extrañando!!!

Mario Benedetti

En este artículo intento explicar la importancia de la obra del Doctor Freud, para la comprensión de las relaciones interpersonales. Sigmund Freud nació en 1856 en Freiberg, Austria (en la actualidad, Příbor en la República Checa), y murió en Londres en 1939. Descubrió el inconsciente a partir de investigaciones de síntomas que no parecían tener un origen biológico, sino psicológico, perturbaciones o trastornos mentales que observaba siendo discípulo de Charcot y luego de Breuer, para luego usarlas en su incesante y productiva investigación de la mente, de la psique, del mundo interno. Freud es el fundador del psicoanálisis, revolucionando así la psicología clínica y la psiquiatría, dándole paso a la asociación libre como método psicoterapéutico para develar el inconsciente. La asociación libre, se refiere a que el paciente exprese en la sesión con el experto psicoanalista, todo lo que venga a su mente, aun aquello que parezca sin importancia.

La vasta obra de Freud, ha llevado a los expertos a continuar investigando acerca de nuestro mundo interno, de los eventos gratificantes y aquellos frustrantes que todo ser humano tenemos desde el nacimiento mismo. El Doctor Miguel Kolteniuk es un prestigiado psicoanalista y psiquiatra, quien ha seguido el estudio de la obra de Freud a lo largo de años de experiencia clínica, docente e investigación constante y, acerca de las relaciones interpersonales, llevaré a cabo una reseña a partir de su artículo “Las relaciones de objeto a la luz del freudiano perdido” publicado en los Cuadernos de Psicoanálisis de  la Asociación Psicoanalítica Mexicana en 1998.

Freud implementa el psicoanálisis con teoría y técnica psicoterapéutica; reconociendo su amplia obra, me enfoco a este tema de las relaciones interpersonales, siendo un tema de interés trascendental, pues es cotidiano y de vida. Las relaciones interpersonales inician desde la existencia como seres humanos; pero sobre todo, nos impulsan esculpiendo nuestra personalidad, desde nuestras primeras muestras de vida si lo vemos desde el vínculo de la madre o sustituto con el bebé; desde lo biológico, con su desarrollo fetal y constitucional; asimismo, otra esfera fundamental es el desarrollo de las diferentes etapas a lo largo de nuestro crecimiento, etapas que son dinámicas y a la vez fijadas o “estampadas” en nuestro mundo interno, como cicatrices emocionales, debido a traumas que siguen existiendo sin ser tramitados o “resueltos” y que invaden “el aquí y el ahora” en nuestras vidas, como si fuera actual el conflicto. En el mundo interno (inconsciente) los eventos traumáticos se viven sin tiempo ni espacio; es decir, aparecen ideas, pensamientos, imágenes, sensaciones, sentimientos y vínculos traumáticos, que tienen su raíz en la infancia y que se recrudecen cuando se eligen las relaciones interpersonales en el presente, con carga afectiva traumática del pasado infantil. Estos vínculos, se han repetido a lo largo de la vida del individuo o son muy similares en sus conflictos centrales, incluso se repiten a través de las generaciones; es decir, las nuevas generaciones repiten transgeneracionalmente relaciones interpersonales desde las satisfactorias, benéficas, amorosas  y cuidadosas, hasta las odiosas, envidiosas, culpígenas y destructivas; es cuando a través del psicoanálisis podemos descubrir que los vínculos fantasmáticos del “allá y el entonces” se vuelven los cimientos de los vínculos actuales, los cuales a su vez, son necesarios para la sobrevivencia humana.

Sigmund Freud y las relaciones interpersonales

El artículo del Doctor Kolteniuk,  muestra una breve semblanza de las aportaciones que recientemente han contribuido al conocimiento de las “relaciones de objeto”,  concepto psicoanalítico que dentro de su gran dimensión y complejidad para su estudio, se refiere también a las relaciones interpersonales; es así, como el autor afirma que la complejidad de Freud es exuberante y acerca de las relaciones interpersonales, empezó a referir “…todo esto cuenta con el otro, pero las más de las veces con aquel otro inolvidable prehistórico a quien ninguno posterior iguala ya” (Freud en Kolteniuk, 1998, p. 67); luego afirma que Freud está hablando del objeto perdido; es decir, del vínculo con otro ser humano (madre o sustituto), de la representación afectiva en nuestro mundo interno de otra persona que cobra gran relevancia en el desarrollo de nuestra personalidad. En esta cita, también la podemos aplicar a la necesidad de los humanos de reencontrar el “paraíso perdido”, hago así referencia metafórica al deseo de recuperar la infancia mágica y fantástica, donde el bebé es el “centro de atención”, amor, cuidados, y esto le brinda una sensación de omnipotencia, aunado a que tiene la deseada relación con su madre, su madre idealizada; estos momentos ocurren después del nacimiento y de vivir una breve etapa en donde, en la fantasía el bebé, es uno solo con la madre, están “fundidos” o en una simbiosis, luego progresivamente se van separando psicológicamente, gracias a los vínculos existentes durante las etapas de desarrollo (padre o sustituto, hermanos, abuelos, tíos, primos, amigos, compañeros, vecinos, etc.) que prosiguen con la independencia respecto a la madre y el subsecuente y continuo proceso de identidad que es permanente durante toda nuestra vida.

Retomo lo escrito acerca de la primera relación entre la madre-hijo idealizada, he de afirmar que siempre habrá una figura materna idealizada, a pesar de estar ausente o ser agresiva y mortal. El bebé durante su crecimiento y desarrollo psicológico, comienza a vivir experiencias afectivas y la primer persona a la que ama es a sí mismo; es decir, se “autoama”, lo cual es una reacción instintiva de sobrevivencia, luego la madre o sustituto cubre la total dependencia del pequeño (el bebé vive a ambos como uno solo), la madre o sustituto cuidan de satisfacer las necesidades básicas del bebé, tales como alimentarlo, bañarlo, que duerma, etc., pero es fundamental subrayar que la calidad emocional del vínculo con la que se realizan estas tareas, ya sea que le produzcan placer o displacer al bebé, es de suma importancia durante este proceso. La relación interpersonal requiere ser constante; es por esto que en la vida adulta se idealiza la relación, cuando cumple esta condición de amor que le cumplieron en la infancia; asimismo, idealizar el amor, garantiza su permanencia (Kolteniuk, 1998), la cual requiere de constancia en ese espacio inconsciente imaginario que se mece con la ilusión del reencuentro de la persona perdida. Cuando el bebé se percata de que hay otra persona además de él mismo y empieza a incursionar en el mundo externo; es decir, el bebé e incluso la madre tienen la necesidad de la cercanía permanente; sin embargo, existen otras personas que serán sustitutos de las primeras experiencias: ya sea de exceso de amor o de odio; descrito en resumen, ya que esto implica que durante la vida de todo ser humano, el exceso de frustraciones, pero también el exceso de gratificaciones, darán como resultado: traumas emocionales; por eso se dice que “todo exceso puede resultar en tragedia”. Habrá muchos momentos en los que la madre y el hijo o el padre o cuidadores darán ejemplo de las muestras afectivas que predominan en la atmósfera emocional de la dinámica familiar; puede ser una familia con comunicación verbal, física, afectiva, intelectual, de comprensión, de sostén emocional, de compañía; pero también puede ser de gritos, rabietas, llanto, angustia, amenazas, hostilidad, envidia, crueldad, falta de límites y respeto de la individualidad de los miembros de la familia, etc., aunado a que en cada dinámica familiar se vive una constelación de ideales pero de realidades; de compartir, pero de abandonar; de amar, pero odiar, etc., en la familia se vive la ambivalencia que cotidianamente hay que tratar de manejar, de modo que los eventos traumáticos sean menores, en comparación con el aprendizaje de las experiencias vitales.

Sigmund Freud y las relaciones interpersonales

Podemos observar como la angustia está presente desde el inicio de la vida, la angustia de la pérdida es innata; la angustia por su naturaleza es a la pérdida de la vida; así, la muerte angustia con su presencia latente, es decir inconsciente. De esto hacemos intentos de escapar, nos autoengañamos con pensamientos mágicos, secretos, religiosos, etc., tomamos lo que el mundo externo nos prometa para la vida eterna. Esta angustia se puede desviar hacia conductas de autodestrucción como diversas enfermedades, adicciones, trastornos de la personalidad, que buscan inconscientemente matarse a sí mismo y todos los vínculos internos que se han formado a lo largo de la vida y que, como se mencionó, aquellos vínculos traumáticos, de no ser “tramitadas” o resueltas satisfactoriamente, llevarán a repeticiones de relaciones interpersonales que destruyan y busquen a quien destruir. También ocurren “autosaboteos”, llamémosle así a lo que conscientemente decimos, hacemos, pensamos y sentimos que no es congruente, en estas condiciones es reconstructivo analizar la forma de atacar lo bueno, atacar lo nuevo, estancarse y no lograr progresar ni crecer hacia la madurez. De tal suerte que las frustraciones se siguen repitiendo y siguen destruyendo a lo largo de la vida; se manifiestan también al buscar a la persona frustrante que repita el trauma, el maltrato, el abandono, la destrucción. Las diferentes áreas de la vida como la personal, familiar, académica, laboral, sexual, social, ocio, todas estos ámbitos son vistos, interpretados y se relaciona el individuo en cada uno de ellos con predominio de su capacidad para establecer ciertas calidades de vínculos, los cuales han pasado por otras relaciones interpersonales previas. Se inician desde la relación interpersonal supuesta de amor y necesidades sexuales que llevan a la gestación, nacimiento y relación madre-hijo. Asimismo, se van presentando frustraciones durante las etapas de desarrollo que el niño enfrenta durante su crecimiento. Al vínculo inicial, se van incluyendo relaciones interpersonales y se experimentan sentimientos y pensamientos de gratificación y goce o de igual modo, aparecen frustraciones y sufrimiento.

Es menester que lo eventos gratificantes predominen en comparación con aquellos que dañan, lastiman, destruyen, dejando marcas emocionales en el mundo interno; las cuales, metafóricamente hablando, van desde “empujoncitos”, hasta yagas traumáticas.

La calidad de los vínculos que va experimentando el niño, es fundamental para ir moldeando sus patrones de formas de relacionarse con los demás, lo van aprendiendo con base en la crianza y tratos actitudinales (emocionales) durante la temprana infancia, principalmente hacia finales de los cinco años de vida.

La constancia de esa atmósfera emocional que se vive en el hogar los primeros años de vida, se incorpora al inconsciente del futuro adulto. Posteriormente, el  individuo puede percibir en su cotidianeidad situaciones afectivas conflictivas con las relaciones que establece durante su vida; las cuales padece, las vive llenas de confusiones emocionales negativas, al interpretarlas de manera agresiva o amenazante, que le lastiman; las experiencia bajo una gama de sentimientos de odio, coraje, rechazo, enojo, ira, tristeza, soledad, amenaza, miedo, zozobra y hasta desprecio; esas que le provocan sufrimiento, aunque llegue incluso a idealizarlas y sentirlas tan perfectas como inalcanzables. Se enfrenta con relaciones interpersonales de difícil manejo; pueden ser no duraderas, no las puede conservar u opta por tratar de evitarlas; otras tantas que no puede dejar, pero se siente afectado por ellas, no las vivencia adecuadamente para su beneficio y estabilidad emocional; repite vínculos tormentosos, dolorosos y llenos de frustración que al fin de cuentas lo conducen a pedir una cita con el psicoanalista. Todo ese mundo interno con vínculos fantaseados, alterados reales e irreales a la vez, se presenta con el experto a la espera de un tramo de alivio (Labastida, 2015) .

Sigmund Freud y las relaciones interpersonales

Es así, como podemos concluir que las relaciones interpersonales aparecerán de manera real y fantasmal; es decir, con el individuo adulto en el presente, pero interpretando sus relaciones interpersonales con la mirada y el sentimiento cruel de los primeros vínculos afectivos traumáticos.

Reconocer las relaciones interpersonales benéficas, bondadosas, gratificantes con salud y alegría en armonía, es imprescindible para la sobrevivencia, aquellas personas que no reconocen esta calidad positiva de vínculo, no tienen oportunidades de acceder, o es muy limitada, su capacidad de creatividad, de amar, trabajar y mucho menos es posible la salud mental y con ella, las relaciones interpersonales trascendentes en la vida.

Finalmente, invito a la reflexión propuesta por el Doctor Kolteniuk con las sólidas bases descubiertas por Freud: ¿El enamoramiento es la promesa para elaborar emocionalmente (“tramitar” psíquicamente), lo irreparable traumático?.

Dra. Castel Alcásir Labastida Martínez

Dra. Castel Alcásir Labastida Martínez