“Seguramente, escribir no sea otra cosa que salir por la noche en duermevela para soñar contigo y con los demás”. Entrevista al escritor Justo Sotelo “Seguramente, escribir no sea otra cosa que salir por la noche en duermevela para soñar contigo y con los demás”. Entrevista al escritor Justo Sotelo
Dentro del panorama literario actual, Justo Sotelo es, sin duda, una figura clave en el amplio y variopinto territorio “Seguramente, escribir no sea otra cosa que salir por la noche en duermevela para soñar contigo y con los demás”. Entrevista al escritor Justo Sotelo

Dentro del panorama literario actual, Justo Sotelo es, sin duda, una figura clave en el amplio y variopinto territorio que hoy en día muestra la narrativa en lengua española.

Madrileño de nacimiento, es doctor y catedrático de economía, licenciado y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, máster en Estudios Literarios y en Literatura Española. Fue Premio Nacional de Bachillerato y le gustan —no sé si por igual— las disciplinas científicas y las humanísticas. Como economista y profesor es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales (CUNEF, adscrito a la Universidad Complutense de Madrid), doctor por la misma Universidad y catedrático de Política Económica. Por su excelente labor docente tanto en el campo literario como en el económico ha recibido el Premio “Ángel Herrera”.

“Seguramente, escribir no sea otra cosa que salir por la noche en duermevela para soñar contigo y con los demás”. Entrevista al escritor Justo SoteloComo escritor, es autor de las novelas “La muerte lenta” (Ediciones Libertarias, 1995), “Vivir es ver pasar” (Editorial Huerga y Fierro, 1997), “La paz de febrero” (Editorial Huerga y Fierro, 2006), “Entrevías mon amour” (Narrativa Bartleby, 2009) y “Las mentiras inexactas” (Izana Editores, 2012), los relatos “Cuentos de los viernes” (Narrativa Bartleby, 2015) y su último libro, “Cuentos de los otros” (Narrativa Bartleby 2017). También es autor de los ensayos “Los mundos posibles de las novelas de posguerra de Manuel Rico” (Universidad Complutense, 2012) y “Los mundos de Haruki Murakami” (Izana Editores, 2013) y cuenta con un amplísimo historial de colaboraciones en periódicos y revistas literarias. Cada martes, de septiembre a junio, dirige junto a Santiago Martínez la tertulia literaria del café madrileño “Puro teatro”, en la mítica calle Manuela Malasaña, en donde se debate con numerosos artistas sobre el panorama artístico y cultural español.

Podría seguir sumando méritos académicos y literarios a esta introducción de Justo Sotelo, pero esta larga lista de datos siempre pueden encontrarla ustedes en la red o en las enciclopedias. Prefiero transmitirles mi visión del escritor y la persona. Como narrador yo diría que es evidente en su obra la huella de Borges, Cortázar, Faulkner, Chejov y Proust, por ejemplo, pero además de utilizar magistralmente los símbolos y tratar mediante técnicas posmodernas las coordenadas de espacio y tiempo (prevalece el sentido circular), Justo es un experto asociando ideas y son frecuentes las alusiones siempre interesantes y justificadas a obras pictóricas, cinematográficas, musicales y filosóficas. Yo diría que Justo busca aunar el sentido del arte y de la vida conectando conocimientos de muchos autores de diferentes estilos y épocas que han sabido convertirse en testigos de su tiempo a lo largo de la historia.

Carismático, amable, sensible, simpático y conmovedor, ha sabido romper clichés y resultar un autor cercano al público. Justo Sotelo se acerca a sus lectores en las redes sociales, en un parque, en la Universidad, en un café. Es un escritor que busca y disfruta la cercanía, la celebra —como haría Hemingway—, porque para él la propia vida es una fiesta. En un mundo cada vez más deshumanizado y proclive a alimentar egos inalcanzables, romper moldes sienta las bases para alcanzar una nueva forma de entender el arte y la literatura.

“Seguramente, escribir no sea otra cosa que salir por la noche en duermevela para soñar contigo y con los demás”. Entrevista al escritor Justo Sotelo

—¿En qué momento comienzas a escribir, Justo? ¿Sentirse escritor es una vocación que despierta en la infancia?

Como digo siempre, escribo porque soy feliz. Y ya que comencé a escribir siendo un crío, antes de los 10 años, supongo que ya era muy feliz entonces. Digo que lo supongo porque, como diría uno de los hermanos Marx en “Sopa de ganso”, era tan pequeño durante aquellos años que no lo recuerdo bien.

El caso es que mi profesor de literatura del colegio leyó algunos de mis relatos y, en lugar de examinarme como a todo el mundo sobre la vida de los escritores y la morfología y la sintaxis habituales, me pidió que escribiera cuentos en los exámenes. Creo que no soy plenamente consciente de lo mágico que fue que se cruzara el padre Plaza en mi camino, que además de literatura me explicó historia, francés y religión. Hablo de ello en una de mis novelas, “Vivir es ver pasar”, donde lo convierto en uno de los personajes.

Por otra parte, el hecho de que mis padres me compraran una bicicleta muy pronto me llevó a que mis veranos en la sierra estuvieran repletos de aventuras que yo vivía y me “imaginaba”, subido a un caballo en lugar de a la bicicleta. En esas películas estaba acompañado de John Wayne, James Stewart y Clark Gable, y conquistaba a bellas mujeres como Jean Simmons, Audrey Hepburn o la chica de “El rostro impenetrable”, de Marlon Brando, e incluso escribía los argumentos.

“Seguramente, escribir no sea otra cosa que salir por la noche en duermevela para soñar contigo y con los demás”. Entrevista al escritor Justo Sotelo

Así que ya me ves, corriendo por los caminos de tierra sobre la bicicleta, luchando contra indios aventureros y piratas malvados, dando la vuelta al mundo y desentrañando los misterios de la juventud mientras los besos que empezaba a dar a las chicas de verdad se convertían en cuentos.

—¿Has encontrado, siendo doctor en economía, algún punto de unión entre este campo y la literatura? ¿O son mundos opuestos?

Estudiar economía no es otra cosa que intentar entender a los seres humanos en sus actividades corrientes, las que se desarrollan cada día y a todas horas. Desde ese punto de vista es algo similar a escribir novelas, cuentos y ensayos; la verdadera poesía quizá sea otra cosa.

Cuando invité a José Luis Sampedro a mi tertulia comentó que él se documentaba sobre cada lugar y cada personaje de los que pensaba hablar en sus novelas, pero luego solo contaba pequeños detalles en las mismas. Cada persona es una vida compleja, profunda, diferente de las demás. Convertir a esa persona en personaje resulta fascinante, porque lo más importante es saber elegir lo que contar, algo similar a la definición anónima de economía que siempre se cita el primer día de clase en la Universidad: “Es la ciencia social que analiza los recursos escasos con usos alternativos”.

En tu novela “Las mentiras inexactas” los protagonistas, Sergio Barrios y Nora Acosta, reflexionan sobre el futuro de la literatura. ¿Cómo ves tú ese futuro?

Quizá estemos volviendo a una especie de segunda oralidad, expresada a través de Internet y las redes sociales. Los seres humanos siempre tendremos necesidad de contarnos cosas y algunos de hacerlo utilizando la belleza a la hora de expresarnos. El lenguaje tiene un gran poder denotativo, pero puede convertirse en esencial desde el punto de vista connotativo. Es posible que desaparezca la novela actual (tan decimonónica y encorsetada), pero los niños siempre querrán que sus padres les cuenten cuentos. Además, intentar crear belleza a través de las palabras es algo que nos hace seres humanos.

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—¿Las etiquetas rígidas que siempre han mantenido fronteras férreas entre géneros, están desapareciendo en el siglo XXI? ¿Crees que es positivo que se relacionen entre sí poesía y narrativa o narrativa y ensayo y que esas fronteras se diluyan?

Estas fronteras se han roto desde hace mucho tiempo y algunos buenos ejemplos se encuentran en Baudelaire y Mallarmé, por ejemplo. Intuyo que la narrativa debe hacerse más ensayística, pero sin perder su simbolismo. Respecto de la poesía, creo que debe intentarse lo de siempre con ella, que sea de calidad.

Lo que sí entiendo es que es difícil cambiar la forma de mirar desde el punto de vista del novelista, el ensayista o el poeta. Por eso es complicado alcanzar la excelencia en cualquier género literario.

—Las redes sociales están suponiendo una democratización de la literatura. Gracias a ellas muchos autores pueden darse a conocer y debido al poder de esta nueva herramienta y su impacto social (“likes”, seguidores…) han surgido fenómenos como los best seller de poesía. ¿Crees que este hecho pone en riesgo la calidad de las obras?

En absoluto. Como dice la Física las cosas se transforman, pero no desaparecen, por mucho que la Entropía esté siempre ahí como un final del camino. Las redes sociales, como dices, han democratizado la vida en general y también el arte y la literatura, pero la obra que es buena siempre se abre camino. El peligro del “elitismo” es pensar que las cosas solo son buenas si las hacemos o escribimos nosotros, o si las edita tal o cual editorial por el simple hecho de que tengan mucho dinero y puedan llegar a todas partes. Ahora no hace falta aparecer en un periódico como El País para que seas alguien en el mundo de la literatura o el arte. Ni siquiera en televisión. Estos son los motivos por los que he comentado en varias ocasiones que Internet y las redes sociales en general son profundamente progresistas e incluso, eufemísticamente, de izquierdas (aunque hayan sido creadas dentro del sistema capitalista y algunas empresas no dejen de enriquecerse con ellas).

“Seguramente, escribir no sea otra cosa que salir por la noche en duermevela para soñar contigo y con los demás”. Entrevista al escritor Justo Sotelo

En algunos de tus cuentos y novelas Justo Sotelo se balancea entre su papel como narrador y el de personaje que se inventa a sí mismo. ¿Te resulta atractiva esta ambivalencia? ¿Desde qué ángulo del espejo te sientes más cómodo o cuál te divierte más?

Siempre me pregunto si se puede aportar algo nuevo en el mundo de la literatura. Como comenté antes, la novela del siglo XIX hace mucho tiempo que no está (salvo en el terreno de los “best sellers”) y tampoco debería estarlo del todo la modernista y experimental del XX. Entiendo que debe existir absoluta libertad en el terreno creativo, donde todo debe mezclarse y aparecer en un libro, el autor, el narrador, los personajes, sean explícitos o implícitos, etcétera. Eso sí, lo que no puede faltar es la calidad de la obra terminada.

Si parto de la premisa de que escribo desde una absoluta libertad, jugar conmigo mismo, con los personajes, con mis amigos, con los lugares que visito, con las experiencias que he tenido o me han contado, es tan solo plasmar la vida en un papel o la pantalla de un ordenador. Lo importante es vivir porque después la novela se escribe sola. Digamos, Marta, que todo se resume en vivir para escribir y escribir para vivir. En esto Sampedro siempre ha tenido razón e incluso el tipo cuyo nombre se escribe separado y con ene, al que hace tiempo que le pedí las llaves intentando abrir la caja de Pandora de la buena literatura. Lo que pasa es que a veces se me resiste, no sé si porque está algo oxidada o le han puesto una combinación complicada.

“Seguramente, escribir no sea otra cosa que salir por la noche en duermevela para soñar contigo y con los demás”. Entrevista al escritor Justo Sotelo

Los “Cuentos de los viernes” surgieron en las redes sociales para hablarnos del amor de una forma diferente y desde distintas perspectivas. ¿Es el amor un don que debemos buscar regresando al origen o es un invento de la literatura?

El amor romántico nació el siglo XVIII con la novela inglesa, alemana, francesa. Antes estaba el amor cortés, tan medieval, y en la época clásica un amor abierto, sin barreras, mitológico, donde se mezclaban los mortales con los dioses en una bacanal curiosa y, seguramente, muy agradable (quién no ha querido hacer el amor alguna vez con una diosa o con un dios). Con los “Cuentos de los viernes” quise contar el amor desde el principio, desde el “huevo”, como diría Sterne en su Tristram Shandy. Para eso tenía que inventarme París, que es la ciudad del amor por antonomasia, y también a los amantes ideales, incluso el concepto del propio amor, que no lo fue hasta que alguien se refirió a él y lo nombró. No solo había que sentir amor, sino que era preciso narrarlo, convertirlo en relato, hacerlo realidad y ficción a la vez. Sería amar al amor para después decir que existe.

Los “Cuentos de los otros”, tu último libro, analiza tres aspectos muy kantianos, “lo bueno”, “lo verdadero” y “lo bello” desde tres coordenadas siempre presentes en la literatura: el espacio, el tiempo y los otros. ¿Eres el espejo de esos “otros”? ¿Viven o vivimos en ti?

Todo escritor debe habitar su propio mundo y, a la vez, el mundo de los demás. En caso contrario no debe pedir a estos que lo lean. Tú, Marta, siempre serás ya la chica del paciente inglés. Me dedicaste uno de tus bellos poemas inspirándote en ese personaje, hablamos mucho de ello a través de Facebook, incluso cuando nos conocimos en la vida “real” antes de presentar tu primera novela en la Casa del Libro de Madrid. Así que ya no puedes desprenderte de ese apelativo.

“Seguramente, escribir no sea otra cosa que salir por la noche en duermevela para soñar contigo y con los demás”. Entrevista al escritor Justo Sotelo

El narrador es un vampiro, como me dijo hace no mucho una gran amiga, aunque ella se refería a otra cosa. Vamos tomando cosas, de nuestra vida, de los libros, de las otras personas, etcétera, y se van alojando en un rincón de nuestras mentes. Luego, cuando les apetece, esas cosas se van de paseo, como hacen las almas de los muertos en la cultura tradicional japonesa. Seguramente, escribir no sea otra cosa que salir por la noche en duermevela para soñar contigo y con los demás.

El siglo XX aportó muchas innovaciones a la Historia de la Literatura. Las Vanguardias y la década de los 60 fueron pura experimentación. ¿Está todo dicho, todo inventado? ¿Qué puede y debe aportar la literatura en el siglo XXI? ¿Se trata de encontrar nuevas voces, nuevas esencias que escriban sobre el mundo de forma diferente?

De alguna forma ya lo he ido comentando a lo largo de la entrevista. ¿Sabes por qué me fui a la Facultad de Filología a estudiar Teoría de la Literatura y Literatura Comparada con 40 años y cuando ya era catedrático de economía? Pues, precisamente, en busca de la respuesta a la pregunta que me has planteado. El primer día de clase levanté la mano e hice esa pregunta al profesor de Teoría de la Literatura (que, por cierto, se estaba leyendo en esos momentos mi novela “La paz de febrero” sin saber que iba a tener a su autor como alumno). El último día de clase, años después, volví a levantar la mano y a repetir la pregunta. En ninguna de las dos ocasiones hubo respuesta, aunque en realidad tal vez sí que la hubiera, pues me dijeron que la buscara yo, ya que era escritor.

“Seguramente, escribir no sea otra cosa que salir por la noche en duermevela para soñar contigo y con los demás”. Entrevista al escritor Justo Sotelo

—¿Tienes mucho de Ulises? ¿Es la vida un viaje?

Como casi todo es literatura, Homero nos enseñó que la vida es un viaje. En mi caso, desde antes de que se produjeran mis viajes reales y oníricos en bicicleta, mis padres ya me habían llevado a todas partes, bien de vacaciones o bien por motivos de trabajo. Desde que tengo uso de razón me veo subido a un tren, uno de esos trenes que todavía fumaban entonces. Y en coches, autobuses, barcos y aviones. No tardé en apercibirme de que los días posteriores al regreso, me había convertido en una persona distinta. Mi presente disponía de recuerdos diferentes y por eso mi futuro ya no podía ser como el que había imaginado hasta esos instantes.

Al final del viaje siempre nos espera Penélope o Molly Bloom, sea del sexo femenino o masculino.

—¿Qué escribes actualmente, Justo? ¿Hay nueva novela a la vista?

Después de la agradable experiencia de escribir dos libros de cuentos o microrrelatos, me apetece volver a la novela. Habitualmente, he comparado mis novelas con las sinfonías de Mahler, al que adoro, y que ha marcado el “ritmo” de mi forma de escribir. En esas sinfonías cabe todo, el amor, el sexo, la muerte, la alegría, la melancolía, la tierra, el campo, los animales, los ángeles, dios y hasta Nietzsche. Y eso es lo que he pretendido siempre que ocurriera con mis novelas. Los cuentos de los dos últimos libros son como música de cámara, así que Mahler, Bruckner, Dvorak, Schubert y Beethoven me esperan impacientes.

Ya que esta entrevista verá la luz en una revista ultramarina, ¿quiénes son los autores mexicanos que más te gustan?

“Seguramente, escribir no sea otra cosa que salir por la noche en duermevela para soñar contigo y con los demás”. Entrevista al escritor Justo SoteloNo voy a ser muy original. Cada vez que alguien menciona México me viene Fernando del Paso a la cabeza. Lo adoro, literalmente, sobre todo su “Palinuro de México” que siempre me recordará a Joyce y Faulkner. No puedo dejar fuera a Paz, por supuesto, ni a Rulfo y Fuentes (su Artemio Cruz siempre me acompaña).

Y para despedirnos, una curiosidad. ¿Tu gran “fantasía literaria” es que alguien a quien amas te cuente una bella historia mientras te lava el pelo, como en “Memorias de África”?

No es ninguna fantasía. Me ha ocurrido en varias ocasiones en la vida real y, por tanto, lo he trasladado a la literatura. La vida es una película hermosa, la más hermosa de todas. Y sinceramente me gusta que el jabón deje un reguero de amor sobre la tierra.

Si después de leer estas ‘confesiones’ algún lector siente interés por la obra de Justo Sotelo, a través de este link puede acceder a ella y encontrarse frente a frente con el autor y sus personajes: https://www.amazon.es/Libros-Justo-Sotelo/s?ie=UTF8&page=1&rh=n%3A599364031%2Cp_27%3AJusto%20Sotelo

Muchísimas gracias, querido Justo, por responder las preguntas de esta entrevista para Horizontum. Espero que los lectores disfruten de este encuentro y que se animen además a leer los “Cuentos de los otros”, un libro que debería comenzar a sentirse, según su autor, con las manos, tocándolo como si acariciásemos el desierto de Túnez. Siendo “la chica de El paciente inglés”, les aseguro que es una excelente propuesta.

Marta Muñiz Rueda

Marta Muñiz Rueda

Nace en Gijón, Asturias, en 1970. Licenciada en Filología Hispánica y titulada en Música. Ganadora del Premio de Poesía Esencia de Mujer (Astorga, 2015), del II Certamen de Poesía Lord Byron (Avilés, 2016), Primer Premio del VI Certamen de Relatos Río Órbigo, (León, 2016). Ha publicado el libro de poemas “El otoño es nuestro” (Tres voces, tres mundos II, Ed. Csed-Poesía, 2015), la colección de relatos “13 cuentos dementes para mentes insomnes y un relato para supersticiosos” (Ed. Piediciones, 2016) y la novela “Tiempo de cerezas”, (Ed. Camelot, 2017). Colabora asiduamente en eventos literarios y ha participado en numerosas publicaciones colectivas, tanto en revistas (La Curuja, FAKE-España, Espacio Luke) como en antologías o misceláneas (“Poemas por vidas”, “15 autores, 24 horas”, “Sagrado Invierno”). El próximo día 1 de julio de 2017 participará en el VIII ENCUENTRO POÉTICO de San Miguel de Escalada.