Rumbo a las elecciones de 2018 Rumbo a las elecciones de 2018
En primer lugar, lo obvio: el principal ganador de las elecciones de 2016 es el PAN. Logra cuatro gubernaturas por su cuenta y tres... Rumbo a las elecciones de 2018

Un análisis de cómo se perfila el panorama electoral para dentro de dos años

En primer lugar, lo obvio: el principal ganador de las elecciones de 2016 es el PAN. Logra cuatro gubernaturas por su cuenta y tres en alianza con el PRD.

El principal perdedor es el PRI, pero no lo es tanto ni es sorpresa.

No es sorpresa por la debacle económica, la inseguridad, los escándalos mediáticos asociados a la corrupción, y la ineficacia para dirigir un mensaje verosímil a la población.

No lo es tanto porque ganó tres o cuatro, más las recientes intermedias, y aunque el PAN gobierne a 40 millones de mexicanos en once estados, el PRI gobierna todavía en la mayoría del país, tiene el Congreso, y a Televisa y TV Azteca.

Manlio Fabio Beltrones

Manlio Fabio Beltrones

Pobre de Manlio Fabio Beltrones, quien le ha sacado harta chamba al presidente Enrique Peña Nieto, a quien caballerosamente, porque no le quedaba de otra, le cedió el paso, al esfumarse sus aspiraciones como candidato del PRI a las elecciones del 2012. A ver si no lo descabezan.

Junto al PRI pierde también, o al menos pierde brío, la alternativa de un candidato independiente fuerte.

El repunte del PAN reinstala la posibilidad de una elección presidencial que se resuelva entre partidos políticos: entre PRI y PAN-PRD.

Ninguno de los tres elegiría, en principio, a un “independiente” como su candidato.

En el PRI pierde Videgaray.

Es impensable concebirlo como candidato para el 2018: lo que nos falta padecer de la debilidad económica acabará por enterrarlo. Ojalá.

Lo mismo Osorio Chong, aunque todavía conserva margen de maniobra.

Aurelio Nuño, luego de los resultados, se fortalece, como alternativa, al igual que José Antonio Meade, quien tiene uno de los presupuestos más altos, en la SEDESOL, a nivel federal.

El PRI podría apostar igualmente por una candidatura de género, en la moda de lo políticamente correcto: Claudia Ruiz Massieu, la apuesta, además, de la continuidad de la familia política.

Sea quien sea, lo cierto es que el PRI llegará al 2018 con un candidato débil. Para el 2012, Peña Nieto llegó con seis años de campaña detrás, más el cansancio ciudadano por la guerra contra el narco de Calderón a su favor.

Esta vez no será así.

Vaya paradoja: al único partido político al que eventualmente convendría lanzar a un candidato independiente es al PRI: ¿Ramón de la Fuente, ave que cruza los pantanos y no se mancha, su pantano es de esos?

Pero no se subestime al PRI.

Es el único partido corporativo del siglo XX que perdió las elecciones, no se fracturó el país, y volvió al poder través de las urnas.

Ricardo Anaya

Ricardo Anaya

Ricardo Anaya se apunta, en tanto, como precandidato panista.

A diferencia de Margarita Zavala, militante histórica con carisma entre su grey y con un buen lobby entre la clase empresarial, pero que carece de experiencia de gestión, Anaya ha presidido el Congreso, articuló una transición más o menos tersa post Gustavo Madero, y dirige a Acción Nacional, al que ha llevado a la victoria.

Nadie esperaba el repunte, pero ahí están los panistas.

Son el instituto político más antiguo de México, así que saben enfrentar la adversidad.

Será un periodo de forcejeos, pero el PAN es el único partido que en tres ocasiones ha demostrado que respeta sus reglas, o al menos se las arregla en sus cuestiones internas.

En el 2000 apostó por Fox, la única opción capaz de sacar al PRI de Los Pinos, aunque se opusieran los históricos. En 2006 eligió a Calderón, quien no era el candidato de Fox. En el 2012, a Josefina Vázquez Mota, quien no era la candidata de Calderón.

Anaya tiene cara de pan Bimbo blanco, pero es articulado, disciplinado y trabajador.

No sé si sea capaz de ganar una elección ni gobernar bien a México.

Tampoco sé si Zavala podrá quitarse lo que para la opinión pública son “los muertos de Calderón”. Los rivales, dentro y fuera del PAN, le van a dar duro por ahí. ¿Dirá Zavala que estuvo de acuerdo o que no estuvo de acuerdo? Si no estuvo de acuerdo, ¿por qué calló seis años como Primera Dama?

Si el PAN, además, va en alianza con él PRD, no sería improbable que ganara en el 2018.

Igual ganó el PRD, pero sobre todo Agustín Basave, a quien se le concedían pocas esperanzas de una dirección exitosa, en medio de los jaloneos de las tribus.

De entrada, evitó la catástrofe, y además co-gobernará en tres entidades.

Si logra ir en alianza con el PAN para el 2018, el PRD podría tener por primera vez en su historia miembros en el gabinete federal.

El primer partido de izquierda, de los emanados de la Reforma Política de los 70, en lograrlo.

Las avariciosas tribus, si no les falla el sentido común, advertirán que es lo mejor que puede pasarles: atásquense, que hay lodo.

Miguel Ángel Mancera

Miguel Ángel Mancera

Es cierto que el PRD perdió en la CDMX pero por poco margen, derrota más bien imputable a Miguel Ángel Mancera, aunque aun así tendrá mayoría en la Asamblea Constituyente.

Basave, pues, contra la percepción inicial, ha mostrado oficio político. Veremos cómo evoluciona ante el triunfo.

Al interior del PRD, por supuesto, pierde Mancera.

Si el PRD va en alianza con el PAN, no impondrá al candidato, y mucho menos lo sería el Jefe de Gobierno de la Ciudad.

Mancera ya no circula: vivirá en perenne contingencia ambiental.

Morena, con sus avances y retrocesos, seguirá siendo un evento pintoresco en la vida política nacional, con sus logros por aquí y por allá, hasta que muera su fundador.

¿Vivirá tanto como Fidel?

En el fondo, no es ni grave ni inusual la baja votación.

Clinton ganó una elección presidencial en Estados Unidos con menos de 35% de la participación del electorado, si mal no recuerdo. Al promedio de los ciudadanos, en cualquier parte del mundo, no le interesa la política.

La democracia es básicamente un mecanismo que establece reglas para que los contendientes, es decir los políticos, compitan y acepten de buena o mala gana los resultados.

Las decisiones importantes en México, y en cualquier parte del mundo, se toman en reuniones de trabajo o de consejos de administración, y en desayunos, comidas y cenas.

La democracia evita, si funciona, que las diferencias se resuelvan a balazos, lo cual no es poca cosa, aunque a veces suceda, y. es un espectáculo estridente, y un gran negocio para los participantes, y los medios, a cuento de la publicidad.

Nada más.

Ya veremos en 2018 para dónde se cargan los dados de las chequeras de ya sabemos quiénes.

 

Gerardo Ochoa Sandy

Gerardo Ochoa Sandy

Periodista cultural, gestor cultural y escritor. Es autor de la novela “Cuadrama”, de “Política cultural”, “¿Qué hacer?” y “80 años: las batallas culturales del Fondo” (crónica-reportaje sobre el Fondo de Cultura Económica). Fue agregado cultural en las embajadas de México en la República Checa y en Perú y en el Consulado General de México en Toronto. Escribe para Confabulario de El Universal y la revista Este País.