¡Ródina mat zoviót! ¡La madre patria llama! La Batalla de Stalingrado desde la perspectiva de una periodista millennials rusa ¡Ródina mat zoviót! ¡La madre patria llama! La Batalla de Stalingrado desde la perspectiva de una periodista millennials rusa
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Por primera vez en la Segunda Guerra Mundial, un Mariscal alemán, Friedrich Paulus, reconocía la derrota. ¡Ródina mat zoviót! ¡La madre patria llama! La Batalla de Stalingrado desde la perspectiva de una periodista millennials rusa 4.5

Por primera vez en la Segunda Guerra Mundial, un Mariscal alemán,  Friedrich Paulus, reconocía la derrota. El destino de Stalingrado fue cambiar el rumbo de la II Guerra Mundial. Gracias a la victoria rusa, las fuerzas alemanas perdieron poder, y la guerra dio un giro inesperado: fue el principio del fin de los nazis.

Si no fuese por los fríos inviernos de Rusia, quizá el final de ese capítulo de la historia soviética habría tomado un camino diferente.

Verano 1942. Plena II Guerra Mundial. El avance de las fuerzas alemanas. Las tropas nazis habían alcanzado el punto estratégico de la ciudad de Volgogrado. Posiblemente ahora es un nombre que pasa desapercibido, una ciudad rusa más. Sin embargo, en aquel entonces era bautizada como Stalingrado. La Batalla de Stalingrado.

La Batalla de Stalingrado

Durante el mes de agosto, los soldados soviéticos tuvieron un decisivo objetivo: defender el túmulo de Mamai. Conocido actualmente como Mamáyev Kurgan (Мама́ев Курга́н). Los alemanes eran conscientes de la importancia de aquel lugar desde el que tenían una perspectiva de toda la ciudad y, por tanto, tendrían el control de la misma. La colina, conocida como “Cota 102.0” en los mapas, se convirtió en un terreno sangriento encarnizado en batallas. En cuanto el altozano cayó en manos nazis, los soldados soviéticos del Ejército Rojo sabían que tenían que seguir luchando, defendiendo su patria. Se avecinaban los vientos fríos pero nada comparado con lo que llegaría pocas semanas después.

Dos días después de la toma de los alemanes, los rusos recapturaron el lugar bajo las órdenes del Coronel General Alexandr Rodímtsev. Sin embargo fue un pequeño triunfo con un gran sabor agridulce, pues el batallón sufrió un treinta por ciento de bajas en las primeras 24 horas. Aquellos soldados se vieron envueltos en un fuerte fuego enemigo mientras cruzaban el río Volga. Un río irreconocible para los habitantes de la ciudad, cuyo interior ardía en llamas y la orilla estaba plagada de peces muertos y restos de cuerpos humanos. Eran personas, familias, que se encontraban cruzando el Volga en el momento en el que fueron bombardeadas.

La Batalla de Stalingrado

Mamáyev Kurgan se mantuvo durante varias semanas traspasando de un bando a otro, pero el Sexto Ejército nazi, finalmente, se hizo con el lugar. Era necesario que los soviéticos cambiasen de estrategia si querían recuperar sus territorios y su orgullo nacional. Ni la rendición ni la derrota tenían cabida entre esos soldados. Tenían que demostrar que el sacrificio de aquellas vidas no había sido en vano. Y el invierno estaba a la vuelta de la esquina. Sabían que las fuerzas alemanas no resistirían al duro frío de Rusia, por lo que el Ejército Rojo esperó lo necesario para que el oponente se debilitase, rodeando y atrapando al enemigo.

El general a cargo del ejército alemán, Friedrich Paulus, deseaba retirarse de un combate en el que veía que no tenían ninguna posibilidad. En un entorno donde, por un lado, la ciudad se encontraba calcinada, con olor a cadáver y los edificios destruidos casi a la totalidad y, por otro, cuyos soldados se encontraban enfermos, hambrientos y abatidos por el frío. Sin embargo, esas no eran las voluntades de su superior. Stalingrado se encontraba en una lucha entre los deseos de Hitler –de no retirarse– y de Stalin –de no rendirse–. Y para ello, el Führer ascendió al general Paulus a Mariscal de Campo, bajo insinuaciones de que nunca antes nadie con ese rango se había entregado al enemigo.

La Batalla de Stalingrado

Sin embargo, por primera vez durante la compleja Segunda Guerra Mundial, un Mariscal alemán reconocía la derrota y retirada de sus tropas. Los soldados soviéticos encontraron lo que quedaba del Sexto Ejército en uno de los abastecimientos donde aún podía haber algo de alimento. Les dieron la oportunidad de rendirse. El 2 de febrero se ponía fin a aquel cruento episodio del pasado reciente.

Meses antes, nadie se podría haber imaginado que lo que ocurriría sería la batalla más sangrienta de la historia de la humanidad, donde más de dos millones de soldados de ambos bandos perdieron la vida. El destino de Stalingrado era cambiar el rumbo de la II Guerra Mundial. A raíz de estos acontecimientos, las fuerzas alemanas perdieron poder, frenando su avance en la Europa del Este y avecinando el fin de la Gran Guerra en el territorio europeo. En 1945, Stalingrado recibió el título de Ciudad Heroica por los esfuerzos demostrados por sus habitantes.

La Batalla de Stalingrado

En la actualidad, Mamáyev Kurgan es un monumento conmemorativo que alberga muchas de las vidas que se llevó aquella fría batalla. El símbolo que representa la colina es la Estatua de la Madre Patria, conocida también como “¡La madre patria llama!” (Ródina mat zoviót, en ruso). Se trataba de una invitación a los hijos de la patria a unirse en el combate para luchar contra el enemigo. Muchos expertos la han categorizado como la moderna interpretación de Victoria o Niké, diosas de la mitología griega del triunfo y la victoria, respectivamente.

La estatua, la más alta del mundo en el momento de la construcción con sus 85 metros de altura, ha sido hecha de cemento en su totalidad con la única excepción de la espada, siendo esta de titanio en los 27 metros que mide.

La Batalla de Stalingrado

Debajo de la escultura se encuentran enterrados hombres memorables de la crónica de la ciudad como el victorioso General de la defensa de la ciudad, el Mariscal Vasili Chuikov; así como Vasili Záitsev, francotirador al que se le atribuye haber dado muerte a 242 soldados y oficiales alemanes durante la Batalla de Stalingrado; o el teniente español Rubén Ruiz Ibárruri, condecorado a título póstumo como Héroe de la Unión Soviética. Y otros 30.000 soldados.

Cuando visité aquel amplio territorio cargado de historia y sentimiento, setenta años después se podía palpar la angustia de lo que había acontecido allí, se podía percibir el olor de esa tierra quemada que permaneció sin vegetación durante muchos meses a causa del fuego. Dicen que todavía se pueden encontrar restos de los metales perdidos de la guerra, quedando aún rastros de la Batalla de Stalingrado como si la ciudad pudiese olvidar aquel acontecimiento.

La Batalla de Stalingrado

Los doscientos pasos que conducen desde la estatua hasta la parte inferior del recinto, doscientos en referencia a los días que duró el combate, llevan a la zona baja de Mamáyev Kurgan donde se pueden encontrar imágenes en memoria de los batalladores, representando al soldado soviético; a una enfermera cargando con el soldado herido, situada en la Plaza de los Héroes; a la escultura del comandante Vasili Chuikov denominada “Luchen hasta la muerte”; así como a “La madre dolorida” sosteniendo a un soldado fallecido. Sin embargo lo que se quedó grabado a fuego en mis recuerdos es la impresión que me llevé al entrar en aquella sala donde reinaba el silencio y el respeto se imponía ante cualquier otro sentimiento. Aguardada por cuatro soldados, la “Sala de la Gloria Militar” está presidida por una mano esculpida que alza una antorcha que nunca se apaga, se trata de la “Llama eterna”. El fuego consagra siete mil soldados cuyos nombres están tallados en las paredes circulares que amparan la llama.

La Batalla de Stalingrado

Nadie se imaginaba lo que iba a pasar aquel agosto de 1942. Pero ahora, la ciudad no dejará que aquellos hechos caigan en el olvido, manteniendo vivo el honor de todos los hombres caídos. Manteniendo viva la memoria de Volgogrado.

La Batalla de Stalingrado

 


Valeria Babich

Valeria Babich

Nací en Rusia en 1995.Llevo viviendo 14 años en España. Soy recién graduada de Periodismo en la Universidad de Sevilla. Estuve un semestre en el Instituto Tecnológico de Monterrey, campus Ciudad de México. He colaborado en proyectos de programas de radio e hice prácticas en un programa televisivo. Me encanta el cine, la literatura, la música y viajar.