Riesgo de fuerte contracción económica en países emergentes Riesgo de fuerte contracción económica en países emergentes
El Gobernador del Banco de México ha alertado de la posibilidad de un evento grave que podría requerir de un ajuste “violento” por parte... Riesgo de fuerte contracción económica en países emergentes

México y Chile, los mejor adaptados a la nueva situación global

El Gobernador del Banco de México ha alertado de la posibilidad de un evento grave que podría requerir de un ajuste “violento” por parte de los gobiernos en los países emergentes y ha sugerido que la acción de los bancos centrales será necesaria. Tratemos de precisar su mensaje, las implicaciones de política, y en particular lo que puede ocurrir en México.

Específicamente está hablando de la posibilidad de un colapso del crédito en algunos países que llevaría a una fuerte contracción económica. La crisis que se dio en torno a 1981-83 es posiblemente el episodio histórico más útil como ejemplo de lo que puede pasar. En esa época, con un fuerte endeudamiento de los gobiernos ante los bancos internacionales, se cerró el acceso al crédito bancario. Como respuesta se dieron grandes nacionalizaciones bancarias y contracciones fiscales mayores porque muchos gobiernos simplemente no tenían dinero en la caja. Esa recesión incluyó caída del precio del petróleo y otras mercancías, y elevación de tasas de interés.

Riesgo de fuerte contracción económica en países emergentes

Cada episodio histórico es distinto. Ahora tenemos dos factores enigmáticos. Primero, el futuro de la economía en la República Popular China. Segundo, el destino de grandes deudas públicas y privadas que se han contratado a lo largo de casi una década de tasas de interés cercanas a cero en países ricos y muy bajas para gobiernos de otras regiones.

El riesgo es una variable crítica en los mercados financieros, y en este ámbito hay dos conjuntos de precios en juego: los tipos de cambio de las monedas nacionales y las tasas de interés sobre las deudas de gobiernos y corporaciones privadas. El primero ya ha tenido un año de relevancia histórica, pues desde el primer trimestre de 2015 se acentúa un fenómeno de incremento en la demanda por dólares en detrimento de otras divisas, incluyendo el yen y el euro. Sobre el segundo, no se da un gran incremento en tasas de interés, pero el mayor riesgo se presenta como la huida de los inversionistas de bonos públicos y privados de países emergentes hacia bonos en dólares y en Estados Unidos.

Una forma de interpretar lo que dice el Gobernador del Banco de México—que en mi opinión es muy claro—es que esos riesgos se pueden hacer más grandes. Además, dice que los bancos centrales tendrán que refinanciar la deuda de las corporaciones en montos muy elevados para pasarlas a monedas nacionales a plazos cortos.

El futuro de China

Riesgo de fuerte contracción económica en países emergentesUn gran enigma es qué pasa y pasará en la RPCH. Se sabe que la economía tiene problemas de endeudamiento importantes, que las paraestatales siguen siendo ineficientes y que el gobierno ha tratado de impulsar la economía tomando el riesgo de las empresas en un grado que no es compatible con un capitalismo de accionistas y es más cercano a un capitalismo de estado.

La mayoría de los países emergentes sufrirían en el caso de un aterrizaje forzoso de China. Los más vulnerables son probablemente los países que son productores de materias primas y tienen déficits de cuentas corrientes grandes (es decir, los que requieren de un flujo más grande de dólares para pagar sus deudas). El debilitamiento de las monedas nacionales empujaría hacia arriba a la inflación y podría obligar a los bancos centrales a subir las tasas de interés. Turquía, Brasil, Colombia y Sudáfrica son algunos casos grandes con mayor riesgo. En cuanto a si algunos mercados emergentes saldrían de este episodio (relativamente) sin afectación, es probable que fueran las economías de Europa Central que son importadoras de productos básicos, tienen fuertes posiciones externas, y pocos lazos de comercio con China.

¿Ya terminó?

Riesgo de fuerte contracción económica en países emergentesTodo enero de 2016 presenció una debacle de los mercados financieros. No fue en realidad una sorpresa, pues el problema se viene arrasando desde hace más de un año. La visión optimista en este ambiente es la siguiente: crecimiento mundial bajo pero estable, la economía China toca fondo hacia el segundo semestre de 2016, las tasas de interés que fija la Reserva Federal de Estados Unidos suben menos de lo esperado, el dólar pierde dinamismo, y el episodio de devaluación generalizada de los países emergentes se termina.

Una pregunta interesante es si las empresas de países emergentes tendrán buen desempeño. Aquí la respuesta es probablemente más diversa que en el caso de los bonos. Algunos países enfrentan, además del efecto de la elevación general del riesgo, una historia reciente de intervencionismo estatal, regulaciones para repartir la riqueza que generaban los precios elevados de las commodities, y gobiernos que engordaron a la luz de esos ingresos extraordinarios y ahora tendrán que ajustarse fiscalmente. Empresas en países que padecen en menor grado esas enfermedades pueden tener un gran éxito en el entorno actual, pues pueden exportar y el mayor costo del dólar en realidad no les afecta e incluso les puede beneficiar.

De América Latina, Chile y México son posiblemente los países que mejor se han adaptado al ambiente global, y mientras no se vean sujetos a una restricción de crédito abrupta, sus economías pueden funcionar con estabilidad. Posiblemente México tiene un problema más difícil porque el gobierno no ahorró de las rentas petroleras de 2002 a 2014 y tiene una deuda más grande. Por su parte, los países de Mercosur viven una realidad de comercio administrado que les dificulta responder a nuevas condiciones de mercado. Para estos últimos, seguir las recomendaciones del Gobernador del Banco de México será más difícil, pues además de tener que resolver el problema de liquidez tendrán que comenzar a resolver los problemas de exceso de regulación en sus economías.

La moneda y las finanzas de México viajan en el mismo tobogán de otros países emergentes y petroleros. Por otro lado, salvo un episodio de corte abrupto global del acceso al financiamiento la economía mexicana, no debe darse una crisis de pagos, ni del gobierno ni de las corporaciones privadas.

¿Cómo se dará?

En mi opinión el diagnóstico y la recomendación de Carstens son acertados. Una pregunta es cómo se llevará a cabo la política que recomienda. Para ello, conviene entender que estamos viviendo un cambio en el balance de poder monetario con Estados Unidos como el ganador. Posiblemente esto lleve a políticas unilaterales de parte de ese país para aliviar el problema, pues de otra forma ganaría enemistades. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial pueden ser la vía para transmitir algo de fortaleza financiera a otros países.

Este es un buen momento para que los bancos centrales y sus gobiernos de forma urgente hagan previsiones para el evento potencialmente grave que se pronostica. Sin embargo,  un buen número de gobiernos posiblemente considera tener cosas más importantes en que pensar.

Riesgo de fuerte contracción económica en países emergentes

En México, las previsiones del Gobierno Federal han sido modestas. Contrató coberturas cambiarias anualmente (lo que ya venía haciendo desde hace algunos años), pero también se embarcó en un gran programa de gasto público que implicaba, en un escenario optimista, que el déficit público estaría arriba de los tres puntos porcentuales. También optó por conservar la estructura de las empresas paraestatales de energía, que venían engordadas durante los años de bonanza.

Si la experiencia es una guía, será difícil obtener resultados. La Secretaría de Hacienda ha insinuado que dejará a Pemex en libertad para obtener ahorros, y que para 2017 ajustará el gasto. La realidad es un juez severo, y la experiencia global indica que la reforma a las paraestatales es un ejercicio con bajas probabilidades de éxito. Por otro lado, el gobierno ha clavado los talones para defender proyectos que considera simbólicos, como el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, el cual absorberá recursos de cerca de 200,000 millones de pesos. Para poner esa cifra en perspectiva, la inversión anual del Instituto Mexicano del Seguro social para 2016, para servir a más de 50 millones de personas, es de 5,000 millones de pesos.

Las crisis no generan cambio, sólo nos revelan la realidad. Ante la posibilidad de una profundización, el gobierno tendrá el reto de cambiar su realidad o arrastrar, una vez más, a las empresas y consumidores mexicanos a pagar en exceso por proyectos públicos que responden a aspiraciones políticas y no a necesidades.

Gabriel Martínez

Gabriel Martínez