Reunión del G7: ¿Fin de una era de acuerdos multilaterales e inicio de un nuevo orden mundial donde cada cual sólo ve por sus intereses? Reunión del G7: ¿Fin de una era de acuerdos multilaterales e inicio de un nuevo orden mundial donde cada cual sólo ve por sus intereses?
Este viernes en Italia, en la ciudad de Taormina, tuvo lugar la cumbre del G7 (el grupo de democracias más industrializadas) y se caracterizó... Reunión del G7: ¿Fin de una era de acuerdos multilaterales e inicio de un nuevo orden mundial donde cada cual sólo ve por sus intereses?

Este viernes en Italia, en la ciudad de Taormina, tuvo lugar la cumbre del G7 (el grupo de democracias más industrializadas) y se caracterizó por una fuerte tensión y fricción política. Un desencuentro provocado por la diferencia de criterios del presidente de EE UU, Donald Trump, y los otros seis mandatarios, en matería de comercio, medioambiente o en la relación con Rusia.

Pese a las sutilezas en las que se basan estas citas, nadie ocultó el clima crepuscular que se cierne sobre el G7, una organización internacional formada por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido. No está ni siquiera claro que se logre una declaración final conjunta. El mensaje del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, no pudo ser más apocalíptico: “Si no logramos una mayor unidad, la situación del mundo se nos puede ir de las manos”.

Los roces con Trump fueron muy evidentes. El trato se caracterizó por la dureza. Los miembros del G7 ni siquiera intentaron buenos modos. Las cosas se dijeron claras, sin tapujos, y duramente. Esta tensión se elevó después de que ayer  en Bruselas, Trump reprochó el escaso gasto militar a los miembros de la OTAN y criticó el superávit del comercio internacional de Alemania con la expresión “son muy malos”.

Trump dejó clara su discrepancia con las políticas mayoritarias del G7.

Reunión del G7: ¿Fin de una era de acuerdos multilaterales e inicio de un nuevo orden mundial donde cada cual sólo ve por sus intereses?

El multilateralismo y la búsqueda de acuerdos no es el hábitat natural del presidente estadounidense. De modo que solo quedaba encontrar en el laberinto diplomático algunas puertas que permaneciesen todavía abiertas. Al final del día, sin embargo, solo se llegó a la firma de un previsible comunicado sobre la lucha contra el terrorismo y a la confirmación de que, pese a la presión del resto de potencias, EE UU necesita más tiempo para decidir si rompe los acuerdos contra el cambio climático alcanzados en París.

La sensación en el arranque de la 43ª edición del G7 —blindada por tierra, mar y aire con 10.000 hombres— era la del fin de una prolífica era de acuerdos y el inicio de un insondable orden construido sobre intereses unilaterales. Muchas novedades sobre la mesa, pocas esperanzadoras. Debutaban cuatro mandatarios Emmanuel Macron, Paolo Gentiloni, Theresa May y Donald Trump. Y los focos se dirigieron principalmente a la británica —por primera vez representó en el G7 a un Reino Unido con un pie fuera de la Unión Europea— y al presidente de EE UU. Aislado por su propia visión del mundo —incluso físicamente en los paseos que realizaron los mandatarios por Taormina—, el liderazgo de EE UU en el G7 quedó voluntariamente diluido en Taormina.

El presidentede la Comisión Europea, Jean-Claude Juncke dio un áspero discurso. El tono fue inusualmente directo, sin excusas, exigiendo mantener las sanciones a Rusia y reclamando acuerdos comerciales y climáticos. Como si los 27 buscasen recuperar en Taormina la autoridad perdida. “No es ningún secreto que los líderes que se verán hoy tienen diferentes posturas en asuntos como el comercio y el cambio climático”.


La Redacción

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